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Lunes 28.05.2018 - Última actualización - 7:12
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Protocolo de la red sindical

Para reconocer la violencia laboral y defenderse de ella

El instructivo aspira a prevenir situaciones de acoso y a brindar herramientas para denunciarlas. Cuenta con el aval de la Provincia, la Nación, la Defensoría del Pueblo y la OIT. 

Lorena Ruiz (Viales), María Rosa Menapace (Sadop), Martín Barrero (ATE), Natalia Ocampo (La Bancaria), Romina Carrara (ATE) e Indiana Zalazar (Viales). <strong>Foto:</strong> Guillermo Di SalvatoreLorena Ruiz (Viales), María Rosa Menapace (Sadop), Martín Barrero (ATE), Natalia Ocampo (La Bancaria), Romina Carrara (ATE) e Indiana Zalazar (Viales).
Foto: Guillermo Di Salvatore

Foto: Guillermo Di Salvatore



Protocolo de la red sindical Para reconocer la violencia laboral y defenderse de ella El instructivo aspira a prevenir situaciones de acoso y a brindar herramientas para denunciarlas. Cuenta con el aval de la Provincia, la Nación, la Defensoría del Pueblo y la OIT.  El instructivo aspira a prevenir situaciones de acoso y a brindar herramientas para denunciarlas. Cuenta con el aval de la Provincia, la Nación, la Defensoría del Pueblo y la OIT. 

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Presiones, amenazas, abusos de distinto tipo. A veces, consiste en una recarga excesiva e indebida de tareas, a veces en el relegamiento absoluto. En ocasiones es física, siempre es psicológica. La violencia laboral y el acoso se configuran de diversa manera y a través de distintos tipos de conductas. Operan de modo intempestivo, o insidioso, arremetiendo contra las defensas de los afectados o socavándolas paulatinamente, víctimas del miedo o de una naturalización que les impide reaccionar.


Ante un panorama extendidamente pernicioso y frente a las dificultades que a veces entraña identificar y reconocer los casos, la Red Sindical por Ambientes de Trabajo Libres de Violencia elaboró un protocolo de actuación, acompañado por un manual instructivo y por la habilitación de los canales necesarios para prevenir y también para actuar ante los hechos consumados.


“Tenemos un instrumento que ordena las actuaciones, fundamentalmente en los sindicatos, que no tenían unificado un protocolo de intervención. Tanto la Defensoría del Pueblo, como el Ministerio de Trabajo tienen el suyo, que está también encuadrado en el marco legal, las competencias, los limites y demás”, explica Romina Carrara (ATE). Y añade: “Lo que construimos acá, con mucho esfuerzo, es un instrumento común que también tenga la intervención de estos organismos, que lo legitiman, les da más fuerza política, y en la experiencia lo ordenan”.


El protocolo es el resultado del trabajo mancomunado de una treintena de sindicatos, durante un año y medio, y con un arduo esfuerzo para conciliar experiencias, unificar criterios y cumplir una serie de objetivos, para contar con un instrumento común, “que sirva de orientador y dé seguridad en las acciones, porque muchas veces lo que se plantea es qué hacer y cómo”.


Visibilizar


“Buscamos la visibilización de una problemática que existe. Cada trabajo tiene sus características, pero buscamos el común denominador, que es la respuesta que le queremos dar a los trabajadores”, añade Natalia Ocampo (La Bancaria). Y aclara que “la violencia se puede presentar de distintas formas: física en algunos rubros, psicológica, verbal. Y esto nos sirve además como herramienta estadística, para establecer la importancia que tiene el tema y diseñar los abordajes”.


“Esto es algo nuevo para todos, así que más allá del protocolo, tenemos compañeros que son profesionales (por ejemplo en psicología), que nos ayudan a capacitarnos. Y está el objetivo de tener un observatorio, como hay en Rosario”, agrega.


Martín Barrero (ATE) explica que, precisamente, “el protocolo viene a ser un ordenador de las acciones que venimos llevando adelante como red, con la participación de más de 30 sindicatos”. Y se sustenta en una estructura en función de la cual los empleados de los gremios estatales acudan a la Defensoría del Pueblo, los del sector privado al Ministerio de Trabajo de la Provincia, y quienes revistan en el Estado nacional, a la Oficina de Asesoramiento en Violencia Laboral del Ministerio de Trabajo de la Nación. 


El protocolo también prevé la conformación de un equipo interdisciplinario, con profesionales de la salud, abogados, sicólogos, trabajadores sociales, “y además intervenir dentro de cada uno de los ámbitos, a través de los delegados gremiales”, aclara Barrero. Por lo demás, la red sindical cuenta con un correo electrónico, para la recepción de consultas.


No naturalizar


María Rosa Menapace (Sadop) coloca el énfasis en la capacitación, orientada precisamente a la prevención y la generación de ambientes libres de violencia. Y consigna que, aunque se piense lo contrario, ésta se registra muchas veces en el ámbito escolar. “Tenemos muchos casos, de parte del representante legal -o sea, en el ámbito privado, de los dueños de las escuelas-, pero a veces también desde la Dirección. Eso lo tenemos que trabajar, porque atenta contra la integridad de la persona. Generalmente, es violencia psicológica, y tenemos que estar en condiciones de responder a eso”.


“Me parece importante destacar que el equipo siempre trabajó con el objetivo de actuar de manera confidencial”, aporta Lorena Ruiz (de Viales, y psicóloga). “La persona tiene todo un trabajo previo hasta que se decide a contar, de brindarle un acompañamiento y un soporte. Porque si en el después se la deja sola, todo este trabajo y todo este protocolo son en vano. Y antes hay que ayudar a que tome conciencia de la situación, que le pueda poner el nombre”.


“Se ha naturalizado mucho, se piensa: ‘Es mi trabajo, es mi jefe’. El miedo a perder el trabajo y la repetición de conductas operan para que la persona soporte injusticias y vaya cediendo sus derechos”, añaden los miembros de la red.


Comprometerse


En este marco, y con la consigna de revisar lo hecho y hacer aportes, también invitaron a los integrantes de todos los gremios a sumarse a la tarea y a las instancias de capacitación. Por ello, consideran fundamental el respaldo de las instituciones gremiales y oficiales que se sumaron a la iniciativa. Pero a la vez, hicieron extensiva la convocatoria a cada trabajador, en su espacio laboral.


“La sociedad en general está violenta, y eso llega al trabajo. Y la gente pasa mucho tiempo en su trabajo, a veces más que en su casa, por eso esto no es un tema menor. Y a la vez, uno no trabaja solo. Siempre hay alguien que ve, alguien que escucha. Tenemos que estar atentos a quienes sufren al lado nuestro. Por lo general, el que alerta es otro, porque el que lo sufre a veces no se da cuenta. Entonces, esto tiene que ser algo colectivo”, concluyen.


Hoja de ruta


La Red Sindical elaboró un Manual sobre violencia laboral para organizaciones sindicales. Gran parte de su contenido fue estructurado en conjunto entre la Oficina de Asesoramiento sobre Violencia Laboral (OAVL) del Ministerio de Trabajo de la Nación y más de 115 organizaciones sindicales, en el marco del acta compromiso “Por un trabajo digno sin violencia laboral”.


El texto define la violencia laboral como una forma de abuso de poder que tiene por finalidad someter o excluir a un trabajador de su lugar de trabajo, y que se puede manifestar en violencia física, acoso sexual, violencia o maltrato psicológico. “En todos los casos, hay intencionalidad que orienta las acciones y que, en pocas palabras, es la anulación del otro”.


Además de describir la forma en que se expresan esas manifestaciones, establece las consecuencias que la violencia tiene sobre el trabajador, el grupo laboral, la organización y la sociedad. Indica acciones de prevención y de actuación ante situaciones de esta naturaleza, repasa las estrategias de acompañamiento y representación, y aporta recursos para identificar los casos.


Por último, el manual suma como anexos el acta compromiso firmada por integrantes de la Red Sindical y las normas vigentes en el ámbito privado y público, incluida la ley provincial 12.434/05 de violencia laboral.

 

Por una norma internacional


Cerca de doscientos países que pertenecen a la Organización Internacional del Trabajo (OIT) abordarán la próxima semana por primera vez los detalles de lo que se espera sea la primera norma internacional contra todos los tipos de acoso y violencia en el lugar del trabajo.


Esas discusiones se producirán en el marco de la Conferencia Anual de la organización, que empieza la semana que viene en Ginebra y se extenderá hasta el 8 de junio.


“Éste es un proceso que ha llevado mucho tiempo y no se trata de que estemos respondiendo a un tema de moda. Se propone una norma internacional que no sólo se refiere al acoso sexual, sino que va más allá y abarca a hombres y mujeres”, explicó a la prensa la experta de la OIT Manuela Tomei.


Sin embargo, reconoció que el movimiento #MeToo ha influido positivamente en algunos gobiernos -a los que prefirió no nombrar- que se habían mostrado poco entusiasmados con una propuesta de este tipo y que ahora manifestaron que estarían dispuestos a apoyarla.


La nueva norma, que será discutida por los Estados miembro de la OIT en las próximas dos semanas, incluirá todas las formas de violencia y acoso, desde el administrativo, el moral y el psicológico hasta el físico y el de carácter sexual.


Se busca asimismo incluir a todos los trabajadores, independientemente de su estatus laboral, tanto en la economía formal como informal. “Por primera vez, se intentará establecer medidas mínimas de prevención y protección en casos de violencia y acoso en el trabajo. Ninguna otra organización se ha ocupado de esto en el pasado”, sostuvo Tomei.


Las víctimas de este tipo de abusos muchas veces optan por el silencio ante una situación laboral insegura. Para Tomei, el reto en los debates será que el texto final “no ponga el listón demasiado bajo, hasta el punto de hacerlo irrelevante, ni demasiado alto y por tanto impracticable”.


Derechos y costos


Además de ser un tema de derechos humanos, la experta recordó que el acoso y la violencia sexual tiene un alto costo económico, que se puede medir en pérdida de productividad, así como en la degradación del ambiente de trabajo, de las relaciones entre colegas y en el daño a la imagen de la entidad empleadora.


El impacto también es grave en términos de gastos sanitarios, ya que el acoso puede generar el síndrome de desgaste profesional (conocido como burn out en inglés), depresión, desórdenes del sueño y agotamiento extremo.


Si bien se trata de un fenómeno que “afecta a todos los sectores, en todos los países”, en algunas actividades llega a ser un verdadero “riesgo ocupacional”, como en el caso del trabajo nocturno, el que se realiza de forma aislada, el doméstico, en el transporte, en la educación y el ocio.


En esas áreas, se requieren medidas específicas para prevenir el acoso y la violencia, ya que su efecto perverso es que ante el alto riesgo hay trabajadores que evitan trabajar en ellas o que pierden la oportunidad de empleos mejor pagos.


Tomei explicó que la promoción de la igualdad en el trabajo es esencial para luchar contra esos abusos, que en ciertos ámbitos “no son más que una manifestación de la discriminación contra ciertos grupos”, como los trabajadores jóvenes, embarazadas, discapacitados, inmigrantes, indígenas y portadores del VIH, entre otros.


Una vez acordado el texto de la convención, la OIT lo dejará a consideración de los Estados miembro para que sea adoptado en su conferencia anual del próximo año. 




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