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Lunes 04.06.2018 - Última actualización - 19:52
13:55

Historia violenta

Calvario de un matrimonio que no quiso comprar un televisor robado

Como represalia ambos esposos recibieron una golpiza y les incendiaron su negocio. Ocurrió en Loyola Sur.

Silvia Corman exhibe algunos de los daños en su negocio. Flavio Raina

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Foto:Flavio Raina
Silvia Corman exhibe algunos de los daños en su negocio.




Historia violenta Calvario de un matrimonio que no quiso comprar un televisor robado Como represalia ambos esposos recibieron una golpiza y les incendiaron su negocio. Ocurrió en Loyola Sur. Como represalia ambos esposos recibieron una golpiza y les incendiaron su negocio. Ocurrió en Loyola Sur.

Danilo Chiapellodchiapello@ellitoral.com

 

Silvia Corman (50) y Diego Fiorenza (46) forman un sólido matrimonio que reside en barrio Loyola Sur. Desde hace unos años montaron con mucho esfuerzo una verdulería en la que ambos trabajan y de la que depende toda su economía familiar. 


Pero además de los sacudones comerciales propios de este país, este último tiempo la pareja debió afrontar un nuevo trago amargo. 


La odisea comenzó en diciembre, cuando un grupo de delincuentes (que viven en el mismo barrio) comenzó a hostigarlos para que compren todo tipo de objetos, de los cuales se sabe que han sido robados.


Los meses fueron transcurriendo y como la presión de los tenebrosos no cesaba, la mujer se vio obligada a denunciar lo ocurrido al 911. Sin embargo este domingo, la bomba estalló.

 

Yamile - Hija de las víctimas

 

Extraña venta


Fue cerca del mediodía cuando nuevamente los rufianes llegaron hasta el negocio que la pareja tiene en Berutti y Carranza. 


Esta vez, los sujetos ofrecieron un moderno televisor de pantalla plana y no tuvieron rubor en confesar que había sido robado recientemente. 


Al igual que en los intentos anteriores, el comerciante se negó a concretar la transacción. Esta actitud le valió una andanada de insultos y amenazas por parte de los “vendedores”, mientras se retiraban del lugar. Pero no todo terminó allí.


En momentos en que Diego regresaba en moto junto a su sobrino, fue perseguido por los maleantes hasta la puerta de su casa. Allí se desataron todo tipo de agresiones y desmanes. Los incidentes recién se calmaron cuando se produjo la llegada de un patrullero. Tras algunas deliberaciones, los violentos se retiraron de la escena aunque gritando a viva voz que iban a volver.


Lo sacaron por la ventanilla


Poco después, el matrimonio salió de su casa a bordo de una camioneta, con la intención de acudir a una reunión familiar. Fue entonces cuando ocurrió lo peor.


El vehículo fue interceptado en plena calle por cuatro hombres furiosos que comenzaron a insultar y a tirar piedras contra el rodado. Obligado por la situación, el comerciante detuvo la marcha. Esto fue aprovechado por los delincuentes que lo arrancaron de su asiento y lo sacaron por la ventanilla. 


* “Le empezaron a pegar entre los cuatro tipos. A todo esto yo llamaba con dos celulares al 911, cuyo patrullero recién se había ido. A mi marido lo agarraron en el suelo y lo ‘molieron’ a palos. A mí me pegaron un puñetazo en la cabeza, me golpearon con un fierro en la pierna y me pegaron con un medio ladrillo en la espalda”, dijo Silvia, en dialogo con El Litoral.


“Al rato llegaron como cinco patrulleros. Cuando les expliqué la situación, deciden llevarnos a todos a la comisaría. Fuimos mi marido y yo, y solamente dos de los agresores. Los demás se escaparon.


“En la subcomisaría 12 fuimos muy bien atendidos. Sin embargo la fiscal decidió imputarnos a todos, porque a uno de los agresores le sangraba la boca. Esto es increíble. Mi marido ahora tiene que caminar con muletas, pero nos pusieron en igualdad de condiciones a todos”.


Incendio


* “De la comisaría regresamos a las 7 de la tarde. Cuando íbamos llegando aparecen de nuevo estos tipos y nos gritan de todo. Nos vuelven a tirar ladrillazos contra la camioneta. 


Y a las 2 de la mañana me despierto por los gritos de un vecino. El hombre me avisaba que se estaba prendiendo fuego la verdulería. Tuvimos que llamar a los bomberos. Sufrí muchos daños en el negocio, se quemó la cortina, gran parte de las mercaderías y hubo daños en la estructura del local. 


Yo no sé con qué vamos a hacer frente a todo esto. Tengo que reconstruir el negocio y no tenemos plata. Y lo peor es que gran parte de los integrantes de esta banda están sueltos. Ellos me siguen amenazando diciendo que me van a matar a mí y a mis nietos. Que nos van a quemar a todos”, cerró con lágrimas.


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