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Miércoles 27.06.2018
21:47

Publicaciones (por Jorge Roldán)

La sombra sobre Santa Fe



Publicaciones (por Jorge Roldán) La sombra sobre Santa Fe

Por Jorge Roldán (**)

 

Muchas veces me pregunto qué sería de la cultura pop si no hubiéramos conocido a Lovecraft.

 

En un caprichoso repaso mental por obras icónicas de distintos medios, pienso en “IT”, de Stephen King, en “Alien”, de Ridley Scott, en los diseños de H.R. Giger, en el “Hellboy” de Mike Mignola, o “The Thing”, de John Carpenter, por nombrar apenas algunas. Hasta el mismo Borges, que lo tildaba de parodista involuntario de Poe, finalmente sucumbió a “un destino inescrutable” y escribió “There are more things” (1), así que algo habrá tenido el muchachito de Providence, para afectar(nos) a tantos, aún en geografías y épocas tan opuestas a la Nueva Inglaterra de principios del siglo XX como la Santa Fe moderna.

 

Y la exposición imprudente a Lovecraft también le llegó a la juvenil mente de Mariano Pereyra Esteban, y el daño producido -irreversible-, luego de años de fermentar, resultó en esta novela: “Vayasí”.

 

El autor toma la decisión estética de estructurarla como las clásicas novelas y relatos epistolares que el mismo Lovecraft, Bram Stoker o E.A. Poe utilizaron en sus tiempos. Pereyra aggiorna el recurso y lo trae con eficacia a la modernidad, prescindiendo de un narrador, hilvanando el relato mediante informes policiales, desgrabaciones de entrevistas, crónicas del diario local y, sobre todo, intercambio de correos electrónicos entre los protagonistas principales: dos licenciados amigos, uno viviendo en Santa Fe y el otro en Buenos Aires. Ambos buscan un lugar aislado para un experimento, y encuentran en “Vayasí” un islote de pescadores poco conocido, cercano a San Javier, una opción inmejorable para llevar a cabo su proyecto. La distancia entre ellos les exige el correo electrónico para coordinar esfuerzos hasta que puedan juntarse. De esta forma, en esos espacios entre el mensaje enviado y la respuesta, el autor logra el misterio y la tensión necesarios para llevarnos, como enganchados de un anzuelo, hacia un lugar que se pondrá cada vez más oscuro y extraño.

 

Si bien la novela no exige una lectura previa de la obra de Lovecraft para ser disfrutada (conque les guste el terror y/o el policial con tintes fantásticos, ya la recomiendo fervientemente), los conocedores encontrarán en “Vayasí” muchos guiños y referencias familiares, particularmente a “La Sombra sobre Innsmouth”, pero voy a dejarles el placer lúdico de ir descubriendo estos detalles. Sí, vale decir que en estos tiempos de fanfics sin identidad, es grato encontrarse con un homenaje de tanta calidad, que lejos de querer imitar la voz de Lovecraft, nunca se aleja del estilo característico de Pereyra.

 

Típicamente nuestro

 

Los santafesinos encontrarán elementos típicamente nuestros: la Ruta 1 y el colectivo que la recorre, el paisaje de los ríos, la exuberancia de las islas, las costumbres de las personas, el diario -El Cordial-, la música de Los Palmeras que suenan en alguna radio que se enciende, los lisos, la siesta, la humedad, el Puente Colgante, Santa Fe La Vieja, los mocovíes, la historia del yaguareté del museo de San Francisco, todo está ahí... no es Nueva Inglaterra, es nuestra Santa Fe de todos los días, y sin embargo, la habilidad de alquimista del autor logra la transmutación de los elementos para convertir nuestra cotidianeidad -esa tranquilidad que emana de lo reconocible- en algo de pronto misterioso, opresivo, amenazante, típicamente lovecraftiano sin traicionar el verosímil.

 

De repente, estamos promediando la lectura de “Vayasí” y un manto sombrío lo cubre todo. En una puesta del sol, en el canto de un benteveo o el croar de un sapo, en el olor de la tripa de sábalo o el moncholo fresco de algún puesto de la Ruta 1, ahora se percibe el miedo primordial, el atardecer estremece, los ruidos preocupan. (Será difícil olvidar ese cántico siniestro: Tekeli-lià tekeli-li). No podemos ver qué ha cambiado, pero está ahí, sabemos que algo acecha y nos llama con un silbido. Tratamos de huir, incluso cerrando el libro, pero como en una telaraña, más tiramos y más nos enredamos. En la aparente inocencia de ir pasando páginas, nuestra mente ha caído en la trampa, ya hemos cruzado el punto de no retorno. Como si del mismísimo Necronomicón se tratase, “Vayasí” -tarde lo averiguamos- es un libro maldito, que nos ha inoculado la inquietud como un veneno, y, mal que nos pese, ya no podremos volver a ver nuestro entorno como antes. Gracias a Mariano Pereyra Esteban, “Vayasí” -y Santa Fe por añadidura-, ahora ocupa un lugar junto a Arkham, Dunwich o Innsmouth, entre los sitios ominosos de los mitos Lovecraftianos, y nosotros, lectores que encontramos un placer morboso en el terror, estamos eufóricos por haber podido navegar estas Aguas Viejas.

 

(*) Reseña sobre “Vayasí” de Mariano Pereyra Esteban, que se presentará el sábado 30 de junio, a las 20, en la librería “Del Otro Lado Libros” (25 de Mayo 2867).

 

(**) Jorge Ariel Roldán es un escritor santafesino. Junto a Miguel Caballero Miño, Jorge Lacuadra, Alejandro López y Gerardo Noseda forma parte del grupo de producción literaria independiente santafesino “La Conspiración de los Fuleros”, con quienes ha publicado las antologías de cuentos fantásticos “Conspiración: Año Cero”, y “Puertas Adentro: Historias de una Santa Fe extraña”. En 2017, su cuento “El seis” fue ganador del 1er. premio en el certamen de cuento breve “Gastón Gori”, organizado por la Sociedad Argentina de Escritores (Sade) filial Santa Fe.

 

(1) “There are more things” (literalmente “Hay más cosas”) es un cuento de Borges. Integra “El libro de arena” (1975) y en él, el escritor argentino homenajea a Howard Phillips Lovecraft.

 

En esos espacios entre el mensaje enviado y la respuesta, el autor logra el misterio y la tensión necesarios para llevarnos, como enganchados de un anzuelo, hacia un lugar que se pondrá cada vez más oscuro y extraño.

 

Promediando la lectura de “Vayasí”, un manto sombrío lo cubre todo. En una puesta del sol, en el canto de un benteveo o el croar de un sapo, en el olor de la tripa de sábalo o el moncholo fresco de algún puesto de la Ruta 1.




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