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Martes 10.07.2018 - Última actualización - 8:22
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En el cordón oeste de la ciudad

Santo Domingo: con voluntad y trabajo vecinos construyen sus propias viviendas

La iniciativa es del Movimiento Los Sin Techo, con fondos aportados por el gobierno provincial. Hasta el momento son 10 las viviendas construidas y otras 10 están en obra. Los beneficiarios colaboran aportando mano de obra con una sola finalidad: intentar salir de la marginalidad.

“Los vecinos de Santo Domingo son los actores principales en este proyecto. Son quienes cada mañana levantan su propia casita codo a codo con otros vecinos”, explica José Luis “Colo” Salazar, del Movimiento Los Sin Techo. Foto: Flavio Raina




En el cordón oeste de la ciudad Santo Domingo: con voluntad y trabajo vecinos construyen sus propias viviendas La iniciativa es del Movimiento Los Sin Techo, con fondos aportados por el gobierno provincial.  La iniciativa es del Movimiento Los Sin Techo, con fondos aportados por el gobierno provincial. Hasta el momento son 10 las viviendas construidas y otras 10 están en obra. Los beneficiarios colaboran aportando mano de obra con una sola finalidad: intentar salir de la marginalidad.

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En el barrio Santo Domingo, el Movimiento Los Sin Techo coordinó la construcción de diez viviendas —y otras 10 más están en obra en este momento—, con fondos provinciales y con el trabajo activo de las familias que van a vivir en estas casas, que aportan la mano de obra. En este humilde barrio, todavía quedan una veintena de ranchos que todavía no fueron “erradicados”. Sus habitantes esperan ansiosos los materiales para comenzar a edificar su nuevo hogar. 

 

El movimiento LST, entre otros objetivos, trabaja para cambiar los ranchos por viviendas dignas, en conjunto con los vecinos a quienes ayuda con recursos, capacitación y herramientas. “Lo más importante aquí son los vecinos de Santo Domingo porque son los actores principales en este proyecto. Ellos son quienes cada mañana levantan su propia casita codo a codo con otros vecinos, que dispuestos a ayudar, entregan su fuerza de voluntad y de trabajo”, contó José Luis “Colo” Salazar, integrante del movimiento.

 

 

Foto: Flavio Raina.

 

 

Servicios

 

Las familias que ya habitan ese lugar de la ciudad, ahora cuentan con energía eléctrica y agua potable en sus nuevos hogares. Las calles, con zanjas a cielo abierto, son de tierra y está previsto colocarles un ripiado.

 

También se instalará un sistema de iluminación pública, ya que hasta ahora la energía sólo llegó al interior de las viviendas, gracias a las bajadas de luz y medidores colocados por la Empresa Provincial de la Energía (EPE). 

 

“Observamos como el tejido social, de alguna manera gracias a la colaboración activa entre vecinos, se vuelve a enmendar y se alivian los conflictos latentes. La convivencia cambia un montón en el barrio y este proyecto lo queremos continuar con el objetivo de erradicar todos los ranchos que hay en la ciudad, que estimamos en 1.700”, destacó Salazar. 

 

 

Menos ranchos 

 

Este modelo que el movimiento LST lleva adelante desde hace tres décadas en Santa Fe, se viene aplicando en barrios como Villa Oculta y Barranquitas, “y funciona bien”, asegura el referente del movimiento. Por eso es importante que la provincia incluya como política la vivienda popular. El plan de erradicación de ranchos tiene un importante grado de avance en el cordón oeste de la ciudad y es muy importante para sus vecinos. 

 

Andrea tiene 32 años, es ama de casa y tiene dos hijos: un varón de 8 y Milagros de 4. “Al principio alquilábamos, pero llegó un momento que no podíamos pagar más y decidimos armar nuestro propio ranchito. Vivíamos en la otra cuadra y nos anotamos hasta que salió la casita. Estamos muy contentos viviendo aquí desde hace 5 meses”, relata. 

 

Manos a la obra. Para ayudar no hay edad: grandes y chicos unidos en un objetivo en común. Foto: Flavio Raina

 

Mientras la provincia finaliza con la entrega de fondos para las construcciones, el movimiento asesora a los futuros ocupantes de las casitas en la construcción de las mismas. Rafael tiene 53 años y es el capataz encargado de las obras. 

 

“Me inicié cuando arrancó el Padre Atilio en el 96 con el gobierno de Menem. En ese entonces mi rol era de coordinador y después pasé a encargarme en las cuestiones de obras. Los vecinos están muy entusiasmados y colaboran mucho en la construcción”, concluyó. 

 

 




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