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Martes 13.11.2018 - Última actualización - 8:04
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Estancia La Santa Fortunata

El pasado y el presente de un legado histórico

La antigua casona de Sauce Viejo perteneció a la familia Gálvez, que contribuyó al desarrollo del pueblo en sus inicios. La estructura data del siglo XIX y se ubica a unas tres cuadras del balneario Don Roque. Hay un proyecto para convertirla en parte de un paseo y de un camping privado. 

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VESTIGIOS. Actualmente, la Santa Fortunata continúa en pie pero se encuentra derruida. Su construcción está rodeada de añosos árboles y descansa a metros del río Coronda. Foto: Miriam Marsó




Estancia La Santa Fortunata El pasado y el presente de un legado histórico La antigua casona de Sauce Viejo perteneció a la familia Gálvez, que contribuyó al desarrollo del pueblo en sus inicios. La estructura data del siglo XIX y se ubica a unas tres cuadras del balneario Don Roque. Hay un proyecto para convertirla en parte de un paseo y de un camping privado.  La antigua casona de Sauce Viejo perteneció a la familia Gálvez, que contribuyó al desarrollo del pueblo en sus inicios. La estructura data del siglo XIX y se ubica a unas tres cuadras del balneario Don Roque. Hay un proyecto para convertirla en parte de un paseo y de un camping privado. 

Miriam Marsó | Luis Amsler | region@ellitoral.com

 

Con el objetivo de continuar mostrando y difundiendo la historia de Sauce Viejo, en esta ocasión vamos a conocer la emblemática estancia La Santa Fortunata, que perteneciera a los hermanos José y Manuel Gálvez. Este trabajo recoge distinta bibliografía y datos que se fueron recopilando. Resulta embriagante recorrer el lugar donde se encuentra esta estructura, rodeada de añejos árboles, donde la claridad tenue del sol insiste por colarse entre los espacios que dejan entreabiertos sus hojas y ramas. Este sitio tiene esa fragancia húmeda a río. Mientras lo caminamos al caer la tarde, las sombras suavemente nos reciben y sin poder evitarlo, el silencio se rompe con el sonido de aves que pasan quebrando el cielo infinito. La estancia -que dista a tres cuadras aproximadamente del balneario Don Roque- resulta ser como un abanico de recuerdos. ¿A quién no le interesará saber que quienes veranearon en este maravilloso lugar, tuvieron tanto que ver con el origen de nuestra localidad? Si retrocedemos en el tiempo, nos encontramos con un documento del Archivo del Departamento Topográfico (T 278, f 27), donde figura con fecha 8 de enero de 1884, la declaración de doña Bernarda Piedrabuena de Frutos, viuda de don Antonio Frutos, en la que consta la venta de un terreno para estancia, denominado Santa Fortunata. 

 

Los hermanos Gálvez poseían muchos terrenos. José le vendió a Manuel los de la localidad hoy conocida como Gálvez. Pero antes, sus padres, instalados en la ciudad de Santa Fe, alrededor de 1885 adquieren una casa ubicada frente a la plaza de Mayo, al lado del Colegio de los Padres Jesuitas. En esa misma época, don Toribio Gálvez (padre de José y Manuel) construye la casa de campo en Sauce Viejo. Es la que luego pasaría a manos de don Manuel Gálvez, como mencionáramos anteriormente. De a poco el pueblo fue creciendo a medida que se fue radicando gente con pensamientos de prosperidad, proyectos y afán de crecimiento, como los de esta familia pionera. Con el tiempo los hermanos se casaron: José con Eulogia Rosas, con quien tuvo tres hijos: José, Eulogia y Angélica; mientras que Manuel contrae matrimonio con Ángela Balugera. De esta unión nacen Ángela Gálvez de Zuank, María Luisa Gálvez de Niklison, María Delia Gálvez de López Lecube y Manuel, el conocido y prestigioso escritor argentino. Don Manuel (padre), al poseer tantas tierras que luego fue vendiendo, apartó espacios para la plaza, el juzgado, la parroquia, la comisaría y el club deportivo del pueblo, hoy Vecinal. Cabe destacar que una calle lateral a la plaza Bernardino Rivadavia lleva su nombre.


Rincones nostálgicos


Si hacemos referencia al citado escritor Manuel Gálvez (hijo), su familia veraneaba durante largas temporadas en este distrito. Junto al río Coronda, mientras sus hermanas correteaban por el jardín, tejían o ayudaban a su madre en las tareas domésticas, nuestro hombre se deleitaba por la lectura de los clásicos, gozando con Baudelaire o Zola, Maupassant o Balzac o releyendo en su cuarto hasta altas horas de la noche, las heroicas andanzas del Caballero de la Triste Figura. En torno a aquellos tiempos, hemos podido recopilar algunos testimonios, por ejemplo de Ana Marsó de Bruschi y María Teresa Marsó de Cortés (fallecida), quienes trabajaron en la limpieza y en la cocina, respectivamente, de La Santa Fortunata. Recuerda la primera de las mencionadas sobre aquellos años: “cuando yo estaba en la estancia, estaba María Luisa, la abuela (hija de Toribio y hermana de Manuel padre), Patricia, Roque, Gabriela, Alejandro y Cristina, que no alcancé a conocer. Doña Luisa era una mujer muy alta, aristocrática, usaba muchas cremas, se pintaba las uñas. Siempre arreglada. Doña Bela, su nuera, cosía la ropa, usaba la máquina, era súper delgada, andaba en bicicleta en el pueblo” 


Por su parte, Marta Vergara, quien vivió durante su infancia en la estancia con sus padres y hermana, contó: “cuando nosotros vivíamos allí, venía el ingeniero Roque Manuel Niklison con su familia (esposo de doña María Luisa Gálvez) solamente en los veranos, y su esposa también lo solía hacer. No estaban siempre, ya que vivían en Buenos Aires. El doctor Roque María Niklison (hijo de Roque Manuel) fue quien tuvo el accidente automovilístico. Creo que en el campo de los Niklison, estuve hasta que me casé, casi 30 años. La dueña era, entonces, María Luisa Gálvez. La conocí. Tenía su carácter. El ingeniero era más dócil, más dado, llegaban de Buenos Aires a quedarse y en ocasiones comían con nosotros. Mi mamá les cocinaba”. Muchos recuerdos, vivencias y experiencias se registran allí, en el campo de la Estancia La Santa Fortunata, fruto de inspiración de escritores, historiadores, de gente como nosotros que recorrimos el sitio empapándonos de brisa costera y canto de los pájaros. También este lugar sirve para refugio y descanso de Kris Niklison, heredera de los Gálvez, reconocida por su trabajo como actriz, coreógrafa, directora teatral y cineasta argentina, premiada internacionalmente. Fundó en Ámsterdam la Kris Niklison Theatre Company. Sobre el lugar, afirmó: “sigo viniendo por un amor que desarrollé por él, porque lo conozco, sabes dónde está cada árbol, cada vez que venís ves las diferencias de la naturaleza que te pertenece”. “En este pueblo casi nadie sabe mi trabajo en el cine, o si tengo un auto, los zapatos nuevos, si no los tengo, si estoy en la fiesta que tengo que estar o no. Sin embargo, la gente que me conoce de chiquita, conocen cómo soy”, valoró. De esta manera, mostramos la historia de la Estancia de los Gálvez, La Santa Fortunata, un recorrido por el pasado que aún hoy repercute en el presente, con proyectos para el mañana. 

 

Refuncionalización


Si bien hoy la Santa Fortunata luce callada, esta estancia forma parte de un proyecto turístico denominado “Reserva La Estancia”, impulsado por Marcelo Quiroga Weinzettel , administrador del lugar. Además este último sábado 3 de noviembre se lanzó un emprendimiento de Hostel llamado “Camino del indio”, de Alejandro Montenegro, con vistas a inaugurar en el mes de diciembre. Esta novedad turística permitirá disfrutar de paseos, identificación de especies y recorridos por el bosque nativo del lugar donde encontramos variadas y añejas especies de vegetación, entre otras cosas. De esta manera, el lugar será revalorizado y su historia será difundida.




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