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Domingo 25.11.2018 - Última actualización - 9:44
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Descarrilamiento en Santa Rosa de Lima

"Santa Fe es una zona crítica porque las vías están deterioradas"

Lo reconoció Luciano Vara, vocero del Belgrano Cargas. Aseguró que los trenes atraviesan la ciudad a menos de 15 kilómetros por hora y que la solución de fondo es el Circunvalar Ferroviario, que se proyecta terminar en los próximos tres años.

 

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Cuando descarriló, la formación del Belgrano Cargas destruyó parte de algunos ranchos y quedó a centímetros de arrasar con un sector densamente poblado. Foto: Pablo Aguirre




Descarrilamiento en Santa Rosa de Lima "Santa Fe es una zona crítica porque las vías están deterioradas" Lo reconoció Luciano Vara, vocero del Belgrano Cargas. Aseguró que los trenes atraviesan la ciudad a menos de 15 kilómetros por hora y que la solución de fondo es el Circunvalar Ferroviario, que se proyecta terminar en los próximos tres años.   Lo reconoció Luciano Vara, vocero del Belgrano Cargas. Aseguró que los trenes atraviesan la ciudad a menos de 15 kilómetros por hora y que la solución de fondo es el Circunvalar Ferroviario, que se proyecta terminar en los próximos tres años.  

Gastón Neffen / gneffen@ellitoral.com / @gneffen

 

Desde hace décadas, las familias más pobres de Santa Fe se amontonan como pueden en lugares peligrosos: a un metro y medio de los rieles del ferrocarril, debajo de líneas de alta tensión, en reservorios y terrenos inundables, en medio de la basura. El sábado a la madrugada, una formación del Belgrano Cargas descarriló en Santa Rosa de Lima y arrasó con chapas, camas y roperos de los ranchos que están pegados a la vía, entre Salta y Juan de Garay. El accidente estuvo al filo de la tragedia.

 

En una entrevista con El Litoral, Luciano Vara, vocero del Ferrocarril Belgrano Cargas, reconoció como una probable causa de este descarrilamiento es el mal estado de los rieles. “Santa Fe es una zona crítica porque las vías están deterioradas. Por eso las formaciones van muy despacio, a menos de 15 kilómetros por hora”, explicó.

 

En el recorrido de las tres formaciones que suelen atravesar la ciudad para llevar los granos a las terminales portuarias del Gran Rosario hay dos puntos de riesgo, por la cantidad de viviendas que están muy cerca de los rieles: el barrio La Lona, entre Vélez Sarfield y Güemes, y el tramo de Santa Rosa de Lima en el que ocurrió el descarrilamiento. En La Lona, en la madrugada del viernes 22 de octubre de 2010, un tren atropelló y mató a Abigail Palomé, una niña de menos de dos años que había salido de su casa para seguir a su mamá.
Las familias que viven al lado de los rieles (ver recuadros) saben que ocupan un terreno peligroso, pero aseguran que no tienen a dónde ir. Desde el Belgrano Cargas, precisan que la franja de seguridad de la vía —dentro de la cual no se puede edificar— es de 15 metros, pero cuando la pobreza es extrema la “zona de gálibo” se invade, como en la India y Bangladesh, y queda tapizada de basura, porque muchas familias sobreviven “cartoneando”. 

 

 

Ellos están convencidos de que los vagones descarrilan porque las vías están en mal estado —cierto— y porque el tren pasa muy rápido. En cambio, Vara insistió en que en la zona urbana no circula a más de 15 kilómetros por hora. “Lo sabemos porque lo monitoreamos con un sistema de control de tránsito, un tracking que registra la velocidad de las locomotoras”, indicó.

 

 

Los trenes del Belgrano podrían ir a 90 kilómetros por hora en el campo, pero en general lo hacen a una velocidad de entre 35 y 40 kilómetros por hora por la situación de las vías. De los 1.600 kilómetros que tiene el ramal del Belgrano, que va de Salta a los puertos de Rosario, ya se recuperaron y renovaron 600 kilómetros de rieles (el 37%).

 

Según los datos de la empresa, todos los días hay un descarrilamiento, aunque ahora está sucediendo con un crecimiento del 60% en el volumen de carga transportada.

 

A la espera del Circunvalar

 

Para sacar definitivamente los trenes de carga de Santa Fe hace falta colocar los rieles del Circunvalar Ferroviario. Algunos pasos ya se dieron este año: una consultora estudió las posibles trazas, el Gobierno nacional ratificó el compromiso de llevarlo adelante, y la Legislatura provincial habilitó las expropiaciones de terrenos necesarias. La inversión se estimó en 120 millones de dólares y se prevé licitar la obra durante el 2019. Además, Nación ya definió que el dinero que genere la subasta de los terrenos que están sobre avenida Alem y Belgrano y en el interior de barrio Candioti Sud —que son del Estado nacional— será destinado a este desarrollo. 

 

“El circunvalar viene avanzando bien. La idea es que la obra se desarrolle en el 2020/21, por eso las licitaciones comenzarán el año que viene. Los circunvalares, que no sólo se van a ejecutar en Santa Fe, son uno de los proyectos fundacionales de la empresa, junto con la renovación de las vías”, contó Vara.

 

También aseguró que se está trabajando con los municipios y provincias para encontrar alternativas y evitar que la gente viva en la franja de seguridad del ferrocarril. “Hay que entender que el tren está volviendo y eso requiere generar conciencia. Vamos a llevar adelante un plan de comunicación con cartelería y otras herramientas para recordar las cuestiones vinculadas a la seguridad”, concluyó.

 

Los vecinos

 

"El estado de las vías es lamentable”

 

Mario Britos hace 20 años que tiene su casa pegada a las vías en el cruce de Mendoza, en uno de los ingresos al barrio Santa Rosa de Lima. Cuenta que llegó cuando era un “baldío” que se solía inundar y que se “metió” porque no tenía a dónde vivir. 

Aquí puso una gomería y crecieron sus hijos, pero está preocupado. “El estado de las vías es lamentable y los trenes pasan muy rápido, no es cierto que vienen despacio, como deberían. Siempre estamos al borde de un accidente”, le aseguró a El Litoral. 

Pero no se mueve de ahí. Su habitación de chapa —y la de sus hijos— está a un metro y medio de la vía. Es obvio porque no se va. Acá tiene su casa, su negocio, su vida. Y una amenaza contundente: el día que el descarrilamiento sea en su esquina, la formación puede derrumbar toda su vida.


 

“El tren pasa rapidísimo”

El sábado a la madrugada, Diego Camargo y María Cabello se despertaron con la certeza de que el tren se les venía encima. Sintieron chispazos, el estruendo de los vagones fuera de control y el ruido de las chapas que se doblaban demasiado cerca. Agarraron a sus cuatro hijos y salieron corriendo. “El tren destrozó la galería que habíamos armado para tomar mate y pasar las tarde con los chicos. Hace 8 años que vivimos acá y de milagro no murió nadie, el tren pasa rapidísimo”, contó Camargo.

Como todos, dice que vive acá —tiene el rancho a metro y medio de los rieles— porque fue lo único que encontró. Es uno de los peores lugares de la ciudad: hay basura por todos lados, los ranchos están pegados uno al lado del otro y se convive con el riesgo permanente de que el tren descarrile y arrase con todos. Estuvo a punto de pasar el sábado a la madrugada y por eso El Litoral tituló “A milímetros de la tragedia”. 


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