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Sábado 19.01.2019
8:35

“La jaula de las locas”

El regreso de la Señora Princesa

Raúl Lavié, durante su proceso de transformación en Zazá, la veterana estrella del show en Saint-Tropez, en un trabajo excepcional. <strong>Foto:</strong> Gentileza Raúl LaviéRaúl Lavié, durante su proceso de transformación en Zazá, la veterana estrella del show en Saint-Tropez, en un trabajo excepcional.
Foto: Gentileza Raúl Lavié

Foto: Gentileza Raúl Lavié



“La jaula de las locas” El regreso de la Señora Princesa

 

Raúl Emilio Acosta

 

En la década del ’50/’60 andaba por ese bar que estaba en avenida Freyre y Vera, Gobernador Vera, en Santa Fe. Café y bar “La familia”, de Santos Salvador Cardamone. Llegaban los sicilianos de posguerra. Se reunían los domingos y hablaban su dialecto. Las mesas de ese bar eran las de Discépolo, no las de Cacho Castaña. Nunca preguntaban y aprendíamos filosofía, dados, timba... Una radio desde el fondo transmitía los partidos de los sábados de Colón o Unión en Buenos Aires y música siempre. En esos años, Héctor Varela armó su orquesta de tango y los cantantes eran muy jóvenes. Rodolfo Lesica y Argentino Ledesma. Había un tercero, Raúl Lavié. El rosarino cantaba un vals que decía (y cito de memoria): “Te dirán, por doquiera que vayas, señora princesa...”. Refería a que la princesita debía salir a la calle “y besarse y amarse”. Cuando eligió el material para conmemorar con un CD sus 50 años de cantante, Raúl Lavié rescató esa grabación. Su voz era aquella y la calidez la exaltaba con los años. Eso pasó en una de estas noches marplatenses. Esa voz. Y ese escenario. Ese muchacho que escuchaba en el bar de la esquina de mi casa está dando vueltas por el teatro.

 

“La jaula de las locas” es una obra de Jean Poiret (“La cage aux folles”) que tuvo una versión cinematográfica con Ugo Tognazzi y Michel Serrault y una argentina, en teatro, con Tato Bores y Carlos Perciavalle que la crítica perdonó y el público aceptó. Hubo una versión yanky que es mejor olvidar. Imperdonable.

 

El teatro trae curiosidades, manifestaciones que se nos pasan distraídas, cuestiones que no solemos ver o que, por la rapidez del día, no solemos destacar. Tanto “Sugar” como “La jaula de las locas” tratan el homosexualismo, la cuestión de género, el matrimonio tradicional y finalmente el sexo de un modo absolutamente actual. No son obras del siglo XXI. Es cierto que en el ambiente de las bellas artes la vida llega primero, como es cierto que fueron hechas para provocar desde el escenario (el arte es provocación en todos los casos, porque provoca en el espectador diversidad de sentimientos y sensaciones, que no es lo mismo) pero está claro que parecen rutinarias, obvias. Las salva el profesionalismo. En “Sugar” es el esplendor. En “La jaula de las locas” Raúl Lavié como Zazá, la veterana estrella del show en Saint-Tropez y en el sitio que lleva ese nombre: “La cage aux folles”.

 

Trabajo excepcional

 

Con todos sus años a cuestas y usándolos a su favor, Lavié es capaz de interpretar el personaje y, al mejor estilo Olmedo, romper sutilmente “la cuarta pared” con mínimos guiños. Somos sus cómplices sutiles desde la platea. Parece decir “entiéndanme, que los entiendo” y todos entendemos todo. Es un trabajo excepcional. Demoledor. Los chistes políticos de Nito Artaza quitan verosimilitud al trabajo de su personaje (la pareja gay de Zazá / Lavié). Nito Artaza no cree en el teatro. El esquema de revistas, chistes y vedetes no se ha ido de su cabeza. Lavié ha hecho “El Hombre de la Mancha” dos veces; en Argentina después, muchos años antes en México. Ha hecho teatro, cine, canción.

 

El elenco incluye a Lavié, Artaza, Cecilia Milone, que alguna vez se decidirá y será cantante y debe destacarse a Franco Rau como el asistente de Zazá, con escenas de verdadera calidad de cómico y payaso. La dirección musical es de Gustavo Calabrese y en la obra se interpreta la canción “Soy lo que soy” en una versión muy Sandra Mihanovich y eso no es malo. Hay otros actores, pero son de reparto. El vestuario como en la escuela. Cubre las expectativas. Excepto los trajes de Cecilia Milone. La embellecen más, si cabe.

 

Ignoro, con sus años, si Lavié quiere encarar algún desafío más. En el Teatro Mar del Plata (hay que llenarlo... ojalá lo consigan), lo suyo es una demostración que aquello que vieron en Raúl Peralta, rosarino, leproso y cantor ya en los años ’50, está entero.

 

Fracasé con mi ilusión más escondida: que cantase el vals aquel, pero creo que no hace falta para que uno insista: el trabajo de Lavié define el porqué del espectáculo. Su Madame Zazá merece recortarse en el total del espectáculo. Es más: merece verse. No exagero si sostengo que merece la evocación. Dirigió Cecilia Milone, dice el programa. A “el Negro Lavié” lo dirige un instinto inatajable.

 


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