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Lunes 28.01.2019 - Última actualización - 12:54
12:51

En medio de la crecida del Salado

La Vieja Tablada: 19 familias serán reubicadas en viviendas definitivas

Se mudarán en las próximas semanas. Sólo falta terminar de instalar el tendido eléctrico para que puedan ocupar las casas que construyó el Municipio con fondos nacionales, en una zona cercana protegida por las defensas. El Salado midió este mediodía 5,68 metros en Recreo.

Víctorio Milesi y Aldana Cáceres, junto a sus hijos Santiago y Candela, muestran el certificado donde consta que recibirán una nueva vivienda.  <strong>Foto:</strong> Flavio Raina.Víctorio Milesi y Aldana Cáceres, junto a sus hijos Santiago y Candela, muestran el certificado donde consta que recibirán una nueva vivienda.
Foto: Flavio Raina.

Foto: Flavio Raina.



En medio de la crecida del Salado La Vieja Tablada: 19 familias serán reubicadas en viviendas definitivas Se mudarán en las próximas semanas. Sólo falta terminar de instalar el tendido eléctrico para que puedan ocupar las casas que construyó el Municipio con fondos nacionales, en una zona cercana protegida por las defensas. El Salado midió este mediodía 5,68 metros en Recreo. Se mudarán en las próximas semanas. Sólo falta terminar de instalar el tendido eléctrico para que puedan ocupar las casas que construyó el Municipio con fondos nacionales, en una zona cercana protegida por las defensas. El Salado midió este mediodía 5,68 metros en Recreo.

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Nueve familias de La Vieja Tablada sienten por estos días la última angustia de ver crecer el río Salado. Viven en una zona muy baja, fuera del anillo de defensa que protege el oeste de la capital provincial, y tienen “sobre el lomo” numerosas inundaciones. Saben que cuando el río se acerca a los 5,5 metros, deben abandonar sus casas. Hasta ahora, tenían como opción mudarse temporalmente al refugio que se habilitaba en el Polideportivo La Tablada, ubicado a unos dos kilómetros del asentamiento y esperar que baje el agua para volver. Ahora, los esperan las viviendas definitivas que construyó el Municipio con fondos del gobierno nacional en barrio Jesuitas (a 3,5 km).

 

Las casas están listas, sólo falta terminar de instalar el tendido eléctrico. Desde la Municipalidad, ya les avisaron que podrán ocuparlas en apenas unas semanas. Tendrán, por fin, una vivienda de material, en una zona protegida de los vaivenes del río y el título de propiedad.

 

En total, son 42 las familias que viven en esta zona de riesgo hídrico. Las 23 restantes también serán reubicadas en el mismo barrio, en una etapa posterior. Esto permitirá poner fin a los problemas que genera el Salado cuando crece a quienes viven fuera del anillo de defensa. 

 

La semana pasada, el intendente José Corral visitó el barrio y les dio la buena noticia a los vecinos: “Vinimos a conversar con las familias, porque nos estamos preparando con tiempo. En unos días el Salado, que está creciendo, nos va a obligar a dejar este lugar. Pero traemos una buena noticia y es que van a ir a una casa definitiva”, anticipó.

 

Para evitar que el sector de La Vieja Tablada sea ocupado por nuevas familias, como suele suceder cuando se deja un terreno libre, las máquinas del Municipio ingresarán apenas se muden y excavarán el predio para profundizarlo. “Esto nos permitirá mejorar el drenaje en toda la zona e impedir que se radiquen nuevas familias”, aseguró la secretaria general de la Municipalidad de Santa Fe, María Martín. Además, allí está prevista la construcción de Interpuertos, un predio logístico de 100 hectáreas para descarga y despacho de hacienda, depósitos y servicios.

 

 

Crecida del Salado Vecinos de la Vieja Tablada esperan ayuda y traslado al Barrio Jesuitas

 

¿Cómo son las viviendas?
 

 

Las nuevas viviendas se construyeron sobre terrenos que formaban parte del banco de tierras municipales y que fueron adquiridos mediante la donación realizada por la Asociación Civil Colegio Inmaculada Concepción y aceptada por el Concejo Municipal mediante Ordenanza Nº 12.086. Tiene unas 20 hectáreas y está ubicado en el oeste de la ciudad en una cota segura y en un entorno similar al que las familias habitan desde hace décadas. Además, se las proveyó de los servicios básicos: agua potable y desagües.

 

El proyecto original contempló la construcción de 140 viviendas, en terrenos de 170 m2, la mayoría de uno y dos dormitorios, y todas tienen cocina comedor, baño y lavadero. Las casas en planta baja tendrán además patio y un espacio libre al frente para una futura cochera, comercio o taller. En tanto, las unidades en planta alta contarán con escalera de ingreso a la vivienda de manera independiente y una terraza balcón de 26 m2.

 

Fueron construidas sobre platea de hormigón y piezas prefabricadas en paredes y techo, por lo que la losa de techo queda preparada para el crecimiento en altura. Una buena decisión, teniendo en cuenta la escasez de tierra apta para nuevas urbanizaciones que tiene la ciudad.

 

El traslado de estas familias es parte de un plan presentado por el intendente José Corral ante el gobierno nacional a principios de 2016, cuando Santa Fe atravesaba una emergencia hídrica por la crecida de los ríos Salado y Paraná, como así también por las lluvias. Sobre el origen del proyecto, el titular del Departamento Ejecutivo recordó que “esto es posible gracias a que en la crecida anterior, en 2016 después de una conversación con el presidente Mauricio Macri, en la que nos preguntó qué necesitábamos en la ciudad para la emergencia, le dijimos que queríamos comenzar a construir viviendas para que en la próxima inundación estas familias ya no estén más en un lugar expuesto”.


 


Rodeados por el agua, esperan la nueva casa
 

 

En el límite de La Vieja Tablada con el río Salado, vive Victorio Milesi y Aldana Cáceres, junto a sus hijos Santiago y Candela, de 7 y 2 años respectivamente, una de las casi 20 familias que residen en el lugar. Permanentemente reciben la ayuda de sus familiares, también de la zona. Todos están acostumbrados a las crecidas y ante inundaciones pronunciadas como por ejemplo la de 2003 ó 2007, tuvieron que autoevacuarse en la casa de los padres de ella. 

 

“Acá nos empezó a rodear el agua este fin de semana. El tema es que cuando se juntan estos charcos grandes que tenemos ahora, no queda otra que irnos para otro lado. Convivimos con los bichos, fundamentalmente las víboras que son un peligro para los chicos, lo mismo que los alacranes. Las autoridades hasta acá no llegan. Lo mismo ocurre con las mercaderías: no nos las acercan, llegan hasta el inicio del barrio. Entonces cuando nosotros llegamos a buscar, muchas veces nos quedamos sin nada”, contaron.

 

Algunos eligen el ex frigorífico municipal para autoevacuarse. Por lo general, llegan unas 12 familias. Gabriel, de 18 años, ya se instaló anoche: llevó una cama y sus chanchos. La mayoría de los vecinos se dedica a la cría de animales o a la fabricación de ladrillos. Si bien todos coinciden en que quieren trasladarse a las nuevas viviendas, temen que se les complique llevar adelante sus actividades laborales.

 

Agua potable, repelente para mosquitos, elementos de limpieza, botas de goma, son algunas de las prioridades que estarían necesitando los vecinos. 

 


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