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Viernes 01.02.2019 - Última actualización - 8:52
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Literatura

Cinco años haciéndole el aguante a la poesía

Así podría resumirse el primer lustro de la editorial Corteza, cumplido en enero. La historia y el presente de un proyecto cultural que publica primeros autores de la zona y no baja la guardia ante la emergencia de la época.

“Corteza sirvió para darle más variedad al campo editorial”, reconocen los miembros del colectivo. <strong>Foto:</strong> Guillermo Di Salvatore“Corteza sirvió para darle más variedad al campo editorial”, reconocen los miembros del colectivo.
Foto: Guillermo Di Salvatore

Foto: Guillermo Di Salvatore



Literatura Cinco años haciéndole el aguante a la poesía Así podría resumirse el primer lustro de la editorial Corteza, cumplido en enero. La historia y el presente de un proyecto cultural que publica primeros autores de la zona y no baja la guardia ante la emergencia de la época. Así podría resumirse el primer lustro de la editorial Corteza, cumplido en enero. La historia y el presente de un proyecto cultural que publica primeros autores de la zona y no baja la guardia ante la emergencia de la época.

 

Leonardo Pez

 

En las primeras horas de 2014 se juntaron en la costanera de Santo Tomé. Pusieron en común sus ganas de trabajar en un proyecto colectivo dedicado a la difusión de primeros poetas. Ya lo estaban queriendo. Ya lo estaban volviendo canción. Días atrás, la editorial Corteza cumplió cinco años, y por esta razón sus tres integrantes recuperaron en una entrevista con El Litoral la historia viva de este espacio de resistencia cultural.

 

Ganas de activar

 

“Creemos que fue el viernes 3 de enero. Nos juntamos a charlar sobre lo que nos gustaría hacer, qué expectativas teníamos: nos interesaba armar libros”, reconstruye Sofía Storani. Gonzalo Vega comparte el oficio de la poesía y aulas con su compañera y es, además, diseñador. “Nosotros buscamos que sean artesanales”, agrega. Martina Ramírez, también estudiante de Letras, vuelve en el tiempo y reconoce que “era re inconsciente cuando me metí a hacer esto, y que la editorial es un modelo de práctica cultural a ser replicado por todo lo que habilita”.

 

En el tiempo transcurrido, Corteza fue ganándose un nombre en el campo de la poesía local y un espacio en cuanta feria (vinculada a la literatura o no) hubiere. El panorama era diferente. “Había mucho texto dando vuelta, pero faltaba materialmente en el papel. Se usaban los blogs y Facebook, y se hacían lecturas, pero no siempre circulaban a través del libro, donde se permiten otros intercambios”, cuenta Sofía. “Más allá de eso, nosotros teníamos ganas de activar algo. Me acuerdo que en 2013 habíamos ido a un taller de encuadernación que organizaba la editorial Cospel, de Chaco. Pero los pibes le metieron esta cuestión de la autogestión, de no depender de otros grupos económicos para generar cultura. Yo me re enganché con eso”. Gonzalo rememora el encuentro como “la primera vez que vimos que coincidíamos en eso”. Y avanza hacia el origen: “El año 2014 fue un momento de quiebre a nivel local con respecto a la literatura. No estaban pasando grandes cosas y ese año pasaron muchas: nació Corteza, el Slam (de poesía oral), la Chochan. Toda esa gente, que se conocía de vista o no, coincidió en esa época. Si bien estaba La Gota y algún otro proyecto editorial, Corteza sirvió para darle más variedad al campo editorial, que casi no existía”.

 

Además del compromiso con la autogestión, el colectivo tiene como eje la publicación de primeros autores. “Muchas editoriales comienzan por una necesidad de autopublicarse. Nosotros, si bien escribimos, estábamos interesados en la obra de otras personas que están en la misma. El riesgo es que no te legitimes como editorial, pero tampoco era nuestra intención. Queríamos ver qué pasaba si toda la producción que estaba circulando por Santa Fe, Santo Tomé y la zona llegaba al papel. Trabajar con textos propios es inevitable, pero hacerlo con los de otras personas te abre un montón de mundos nuevos e instancias de diálogos súper enriquecedoras para lo que una misma hace. En ese sentido, mi elección personal de no autopublicarme es que me gusta tener otra mirada de la persona que lo edite, como yo le doy mi punto de vista a las personas que editamos con Corteza. Creo que el trabajo de edición es un ida y vuelta entre quien edita y quien escribe”.

 

¡Trece, qué te parece!

 

En su primer lustro de existencia, Corteza ediciones publicó trece libros y dos fanzines. “Para algunos puede ser poco; pero, en realidad, le dedicamos mucho tiempo al libro”, explica Gonzalo (responsable y partícipe de otros proyectos como Yerba y Big Bang). La primera publicación fue la antología “Pay Zumé” (2014), mediante la obtención del FAC (Fondo de Asistencia Cultural, Santo Tomé), y recopiló textos de autores nacidos o residentes en la vecina localidad que participaron en una convocatoria abierta de poesía y narrativa. “Sirvió como un relevamiento de las personas que escriben en Santo Tomé. Como nosotros escribimos y somos de ahí, por única vez, nos tomamos la licencia de ser parte con nuestros textos”. Sofía profundiza en la metodología mixta de recolección del material, ya que “a las personas que sabíamos que escribían les hablábamos directamente y, a la vez, hicimos una convocatoria pública pegando carteles en librerías y enviamos flyers”. Martina destaca la importancia de publicar nuevos autores: “amplía las comunidades de lectores. Pay Zumé reunió al almacenero que escribe o, por ejemplo, a un señor que trabajaba en una ferretería y sabía sus poemas de memoria”.

 

A mediados de dicho año, la obtención de un Premio Ingenia permitió la salida del conjunto “Corteza x3”, que incluye los libros “Flaquito” (Larisa Cumin), “Bursinia” (Leonardo Pez) y “Arrullo” (Diego Planisich). Continuaron las colecciones “Chicharra” (poesía) y “Grillo” (narrativa), divididas en tres etapas. En la primera, a mediados de 2015, vieron la luz tres libros de la colección de poesía: “Lento y brillante” (Mariel García, Rosario), “El cielo no existe” (Diego Oddo) y “Los besos y los días” (Natalia Picciola). La segunda etapa se llevó adelante en los primeros meses de 2016 y estuvo comprendida por los dos libros de cuentos de la colección Grillo: “La quinta del chancho” (Darío Rivadero) y “Todas las cosas que no pude decir” (Jazmín Carballo, Córdoba). A mediados de año se llevó a cabo la tercera y última etapa con tres libros de la colección Chicharra: “Rosita” (Federico Galuppo, Rosario), “Nena” (Agustina Lescano, premio provincial “José Pedroni” 2016 en la categoría “Obra editada”) y “Dioses del abismo” (Jeremías Boer).

 

Durante 2018, Corteza publicó “Anillos de saturno”, de la escritora rosarina Flor Giusti. Además, comenzó a editar el fanzine “Enramada”, que hace dialogar a un/a poeta y un/a artista visual. Su característica principal, detalla Sofía, es que “nosotros elegimos a la primera poeta y a la primera ilustradora: Victoria Rittiner Basáez y Celeste Catalano. A partir de ahí, ellas eligen a las siguientes (Agustina Gretter y Maribel Amézaga), y así sucesivamente. El trabajo que hacemos es recibir diez textos, de los que van a quedar unos cuatro. Después, diseñamos la tapa y armamos los fanzines”. Este formato alternativo, admiten, “tiene que ver con la imposibilidad de publicar los libros como lo veníamos haciendo. Los costos empezaron a ser mayores y teníamos que esperar mucho tiempo para publicar un libro nuevo porque no teníamos plata, simplemente. Además, otra característica de estas editoriales pequeñas es que se mueven en ferias que no siempre son sólo de libros, entonces llega a un público que por ahí no compra libros. El fanzine nos permite no dejar de estar presentes y es otra posibilidad de acceder a más autores”.

 

Conciencia colectiva

 

“Siempre decimos que somos una editorial pequeña. Es una cuestión de etapas, pero también es identitario. Lo pequeño tiene que ver con ir paso a paso, y de manera cercana, conscientes con lo que estamos haciendo. Es un trabajo más cuidado, es algo chiquito pero nuestro y lo hacemos de la manera más amorosa posible”, resume Sofía. La identidad de Corteza, agrega Martina, se sostiene en la “posibilidad de que cualquiera pueda acceder a un proyecto cultural, a una cuestión creativa. No todo el mundo tiene una banda o participa en una editorial”. Los miembros sintetizan el espíritu en dos palabras: conciencia colectiva. “De por sí, la poesía en el país va de la mano del under y de la autogestión. El 90% se maneja en editoriales emergentes. No somos independientes porque dependemos de la imprenta o de otros factores, igualmente la categoría emergente me hace ruido”, define Gonzalo, y Martina explaya: “Una editorial emergente está ahí para disputar el sentido de la poesía, nosotros no sé si llegamos a eso”.

 

Los títulos de Corteza ediciones representan la poesía y la narrativa de la época. “Nos dedicamos mucho a la poesía porque es de lo que más sabemos y en lo que más nos movemos. Editamos y escribimos poemas. La poesía es un lugar en el que somos conscientes de lo que estamos haciendo. Quizá, más adelante, podamos ampliar ese campo, pero siempre con esta conciencia de hacerlo bien”. Las palabras de Sofía se potencian -así funciona la editorial, multiplicando- con las de Martina, quien adelanta que “los dos próximos libros son de autores que ya publicamos: Diego Planisich y Natalia Picciola. De algún modo, habla de un ciclo. Natalia dejó escritos varios libros, que estuvimos trabajando junto a su mamá y Larisa Cumin. Era una persona muy ecléctica, fue parte de la gestación de Revuelta, así que creo que la presentación va a congregar gente de distintos palos.


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