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Sábado 16.02.2019 - Última actualización - 22:45
22:42

Nadie faltó a la despedida de Emiliano Sala

Un aplauso eterno para el ídolo silencioso

Miles de personas se congregaron en la sede del club San Martín de Progreso para el último adiós. Primó el respeto en una jornada de congoja y emociones fuertes, que resultó un tributo a la medida del goleador.

Foto: El Litoral.




Nadie faltó a la despedida de Emiliano Sala Un aplauso eterno para el ídolo silencioso Miles de personas se congregaron en la sede del club San Martín de Progreso para el último adiós. Primó el respeto en una jornada de congoja y emociones fuertes, que resultó un tributo a la medida del goleador. Miles de personas se congregaron en la sede del club San Martín de Progreso para el último adiós. Primó el respeto en una jornada de congoja y emociones fuertes, que resultó un tributo a la medida del goleador.

Javier Díaz | deportes@ellitoral.com

 

Los más íntimos, tendrán innumerables recuerdos para inmortalizarlo. Podrán evocar los más diversos momentos de la vida de cualquier niño de pueblo que tiene un sueño —cualquiera sea, convertirse en astronauta, colectivero o jugador de fútbol— y hace todo para lograrlo. Escenas desde su más tierna infancia hasta la joven madurez que el destino quiso que llegara, vendrán a la memoria de ellos cada vez que el vacío los invada por una precipitada pérdida, tan precipitada como injusta e inentendible.

 

Para los demás estarán las escenas de la otra vida, la pública, la que en la enorme mayoría de Argentina se comenzó a conocer recién hace algunos meses atrás y sobre la que devoró páginas enteras en los últimos días desde aquel fatídico 21 de enero. Los goles convertidos de a montones en la liga de los campeones del mundo —que lo llevaron a pelear mano a mano con la joven estrella Kylian Mbappé— y, sobre todo, el testimonio hecho carne de que se puede llegar a lo más alto desde la nada misma.

 

Ayer, ambos “mundos” se mezclaron en un cortejo fúnebre que sirvió para despedir a un pibe que se hizo grande a puro sacrificio y que llegó a ser lo que quería sin que nadie le regalara ni un milímetro de ventaja. Y lograron un homenaje a su medida, como si se hubiera calculado de manera exacta para que fuera su más perfecto adiós.

 

Sepelio de Emiliano Sala en Progreso

 

Lo que se vivió durante más de medio día en el gimnasio del Club Atlético y Social San Martín de Progreso, aquel que lo vio nacer futbolísticamente, fue una ceremonia sencilla, emotiva y por sobre todo respetuosa. Cuidada hasta el más mínimo detalle, como si nadie quisiera perturbar por un instante el descanso eterno del goleador que pasó a ser emblema del equipo de los inmortales.

 

Desde muy temprano en la mañana y hasta las primeras horas de la tarde, miles de personas desflilaron por la capilla ardiente montada en aquel salón que tantas veces lo habrá visto corretear desde muy pibe. Un pasillo marcaba el camino a seguir por los dolientes que asistieron para darle el último adiós. Al frente, el féretro cerrado con sus restos adentro —rebosado de ofrendas florales— y detrás dos gigantografías con su imagen: en una se lo veía haciendo lo que acostumbraba, gritar goles con la camiseta del club francés Nantes; y en la otra, a su rostro lo acompañaba la leyenda “tu legado será eterno”. Dominaban la escena más de una decena de coronas regaladas por diversas instituciones, entre ellas una a nombre de la Asociación del Fútbol Argentino, otra de Futbolistas Argentinos Agremiados, una más del Club Atlético Unión y también de Independiente, la entidad de la que era reconocido hincha.

 

La que ofició de sala velatoria estuvo dividida en dos sectores claros. La antes descripta, con acceso prácticamente libre, excepto por la atinada prohibición de cámaras de video, fotográficas, celulares o elementos por el estilo para evitar filtraciones de imágenes indeseables. Y una reservada para los familiares, allegados más íntimos y algunas personalidades que fueron acercándose durante la jornada.

 

Los familiares se mostraron poco, como se preveía. De hecho la mayoría de ellos prácticamente no lo hizo. Sólo algunos brindaron un testimonio al arribar al lugar, como una tía que muy temprano requirió entre sollozos que si la tragedia que se llevó a Emiliano tiene un responsable, “aparezca” y si fue “una fatalidad, habrá que aceptarlo”; o un primo que canalizó su dolor descargando toda la bronca acumulada afirmando que hubo culpables que deben ser investigados.

 

Pasadas las 8 de la mañana arribaron los representantes del Nantes: su gran amigo y ex compañero de equipo Nicolás Pallois y el directivo Loic Morin, quien a media mañana salió por la puerta principal pero sin emitir declaraciones. Ambos llegaron a bordo de un vehículo y por una puerta lateral, para ir directamente a la capilla ardiente y entregar flores a nombre de la institución.

 

A esa altura, ya entraban y salían personas que conocieron a Emiliano desde muy chico, como algunos árbitros de la Liga Departamental San Martín. Uno de ellos, Daniel Suárez, reconoció que cuando jugaba de manera amateur ese torneo “Emi ya se cansaba de hacer goles, pero sobre todo tenía un comportamiento ejemplar dentro y fuera del campo de juego”.

 

Para el mediodía ya era incesante el ingreso y egreso de personas del salón. La llegada de Nicolás Higuaín, quien fue representante del futbolista “de palabra” —como él mismo reconoció— entre 2011 y 2017 generó algo de revuelo. El menor de los Higuaín llegó para dar su pésame a la familia pero antes solicitó que lo que le ocurrió a su amigo “no haya sido en vano” y que “signifique un antes y un después”. “Ojalá todos trabajemos en conjunto para que estas cosas no vuelvan a suceder, porque una transferencia es un momento de mucha ansiedad para un futbolista y no puede estar solo”.

 

Si los enviados del Nantes eligieron prácticamente no salir, distinta fue la actitud de los emisarios del Cardiff City, club que había decidido contratar al oriundo de Cululú. Pasado el mediodía, salieron a la zona destinada a la prensa el entrenador Neil Warnok y el CEO, Ken Choo. Ambos vestidos con impecables trajes oscuros y una flor amarilla en la solapa, se mostraron acongojados por el acontecimiento y emocionados por las muestras de cariño recibidas por Emiliano. “Lo que me llama la atención es la unión de todo el mundo, no sólo de la familia sino también el pueblo entero”, dijo —en inglés— el primero. “El club entero está muy triste y creo que es bueno que la familia tenga algún grado de cierre”, agregó el segundo.

 

Más tarde arribó el gobernador de la provincia, Miguel Lifschitz. También eligió ingresar por la puerta lateral y tras permanecer una hora en la sala salió por la puerta del frente y destacó el orgullo profesado por el pueblo de Progreso para con su jugador estrella.

 

Sobre el final desbordaron las emociones: primero con el ingreso de niños y niñas de las divisiones inferiores de fútbol y otras disciplinas que se practican en San Martín. Y luego con la ceremonia religiosa que antecedió al cierre.
Pero, sin lugar a dudas, el momento más estremecedor fue el del final. Todos esos chicos realizaron un pasillo que escoltó la salida del féretro hasta el coche fúnebre que lo transportó hasta Santa Fe, mientras se precipitaban una cortina de aplausos de parte de la muchedumbre congredada que sólo cesó cuando cuando la caravana emprendió camino rumbo al Cementerio Municipal de Santa Fe, donde fue cremado.

 

No hacía falta nada más, que una despedida sencilla y sentida. No merecía nada menos, un tipo que construyó una vida privada y pública con las mismas virtudes: humildad y silencioso sacrificio.

 

 

Cremacion de Emiliano Sala

 

Emiliano tocó el corazón de muchas personas
Por Virginie Bachelier (*)
 

La tragedia de Emiliano Sala no sólo impactó muchísimo en Nantes, donde era muy querido, sino también en toda Francia, incluso entre los aficionados de los clubes “enemigos” y en el gran público que ni siquiera sabe demasiado de fútbol. Una explicación puede ser que la historia de este argentino, que se formó desde muy abajo y estaba a punto de llegar a un nivel increíble fue muy emocionante.

 

Pero también creo que toda esa emoción se potenció por la calidad humana que tenía Emiliano. No se trata de hablar bien de una persona que ya no está. Era un gran ser humano y se notó desde el primer momento en que llegó a Nantes.

 

Todavía recuerdo como si fuera hoy aquella primera conferencia de prensa que dio —en francés cuando todos le ofrecían un traductor— en la que dijo que tenía dos objetivos: jugar para salvar al club y para mejorar su nivel pero sin cambiar su forma de ser. Estoy segura de que logró ambos. En cada club en el que jugó dejó muy buenos amigos y el hecho de haber tenido a Nicolás Pallois en Progreso así lo demuestra.

 

En un fútbol globalizado en el que todo se mueve por el dinero, la historia de un chico que salió de un pueblito y llegó hasta el primer nivel con gran esfuerzo y sacrificio servirá de ejemplo para muchos. Es testimonio de que se puede lograr algo bueno más allá de las circunstancias que toquen.

 

No esperaba vivir un momento como el que reinó en Progreso. Temía que hubiera poco respeto, pero se logró algo sencillo, a su imagen. Me terminó de confirmar que Emiliano tocó el corazón de muchas personas.


(*) Periodista de Ouest France (Nantes)


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