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Miércoles 20.02.2019
21:57

Por Jorge Alberto Busaniche

La Batalla de Salta



Por Jorge Alberto Busaniche La Batalla de Salta

Jorge Alberto Busaniche (*)

 

Una de las prioridades de la Primera Junta de Gobierno Patrio, fue la necesidad de preservar los espacios territoriales del ex Virreinato del Río de la Plata, ya que los acontecimientos de la Semana de Mayo y su culminación el día veinticinco, significó un quiebre institucional importante y no era esperable una tranquila aceptación de sus decisiones por parte del orden establecido por la corona española en América del Sur. Consiguientemente, surgió la necesidad de prevenir militarmente para defender por tierra y por agua, las acometidas realistas que no tardaron en manifestarse. Uno de los frentes de mayor riesgo fue el noroeste, por cuanto era el ingreso natural de los realistas de Lima donde se disponía de una gran concentración de regimientos, obligando al gobierno patrio a actuar en consecuencia, en la preparación de las fuerzas encargadas de la defensa de la patria naciente.

 

Atento a la reacción de los realistas del Alto Perú y las vicisitudes experimentadas por el Ejército del Norte al mando de Juan José Castelli, el Primer Triunvirato en 1812 confía el mando del Ejército de Norte a Manuel Belgrano, quien recibe un ejército con toda clase de carencias, más aún después del desastre de Huaqui del 20 de junio de 1811. Se aboca a la tarea de rearmar el ejército, levantar la moral de la tropa y disciplinar sus cuadros. Asimismo, solicita a Buenos Aires el urgente envío de refuerzos, apreciando a su vez las colaboraciones del interior patriota que supieron adherirse a la causa de la libertad.

 

Un triunfo decisivo

 

En agosto de 1812 y al tomar información el General Belgrano de la inminente llegada de un poderoso ejército proveniente del Alto Perú, al mando del General Pío Tristán, emite la orden a los pobladores de la Ciudad de Jujuy a proceder a desocuparla y al inmediato traslado de sus habitantes y bienes muebles, con dirección a la Ciudad de Tucumán. Asimismo, recibe la orden de evitar confrontar con los realistas hasta tanto no se llegue a Córdoba, lugar donde se contaría con los refuerzos necesarios para enfrentar al ejército oponente. La estrategia apuntaba a dejar tierra arrasada ante el paso de los perseguidores, de tal modo de provocar el debilitamiento de las fuerzas enemigas. El “Exodo Jujeño”, tal como es conocido en nuestra historia, tuvo acatamiento parcial, por cuanto al llegar a la Ciudad de Tucumán, el General Belgrano recibe una muy importante ayuda de los patriotas locales, lo que permitió aumentar el número de efectivos y colaboraciones para el ejército, en virtud de lo cual, decide no continuar hacia Córdoba y toma las previsiones para enfrentar a los perseguidores en las afueras de esta ciudad. Cabe destacar otro hecho que coadyuvó con eficacia para la determinación que toma Belgrano. La aplastante derrota sufrida por una sección de avanzada del ejército de Tristán, ante la retaguardia de las fuerzas patriotas comandadas por Eustaquio Díaz Vélez en el desarrollo de la Batalla de las Piedras del 3 de Septiembre de 1812, en que el valiente desempeño de los patriotas resultó decisiva para el triunfo y en el que incluso se logró tomar prisionero al oficial superior a cargo de la sección realista.

 

La Batalla de Tucumán

 

La Batalla de Tucumán del 24 y 25 de Septiembre de 1812 entre el Ejército del Norte fortalecido por los voluntarios de Tucumán y el de Pío Tristán con sus fuerzas más numerosas y mejor equipadas, significó un triunfo con características de epopeya, en que el arrojo de los criollos fue concluyente para el abandono del escenario de batalla de los derrotados realistas y su huida hacia la Ciudad de Salta, que aún estaba bajo su poder. El suceso bélico de Tucumán está íntimamente vinculado con el posterior enfrentamiento de Salta, hasta se puede considerar que fueron dos importantes hechos de armas desarrollados en dos actos, con los mismos protagonistas en sus respectivas comandancias, resultando concluyente en ambos enfrentamientos el triunfo de las armas de la patria.

 

A partir de la victoria de Tucumán, acontecen hechos políticos en Buenos Aires que repercutieron positivamente en el orden institucional, orientando a una postura menos ambigua y dubitativa en cuanto a las medidas de gobierno que se fueron tomando a partir del 25 de Mayo de 1810. El gobierno central queda ejercido por el Segundo Triunvirato, con una política orientada a madurar la idea de independencia, lo cual llegaría recién en 1816. La Asamblea del Año XIII surge como resultado de las nuevas orientaciones políticas, en la que se debatieron cuestiones medulares para el destino institucional de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

 

Es de destacar que desde los hechos bélicos de Tucumán, el temple de Belgrano toma mayor vigor y hace aumentar el valor absoluto de su decisión de vencer y es con este triunfo, en que la operación en retirada se revierte definitivamente para pasar a una situación de fuerte iniciativa del Ejército del Norte, orientada a perseguir al enemigo y llegar a derrotar definitivamente a las fuerzas de Pío Tristán y liberar a las provincias del norte.

 

Un gran estratega militar

 

En la Ciudad de Salta las fuerzas realistas se preparan para enfrentar a los ahora perseguidores, adoptando un dispositivo de defensa en puntos claves del Valle de Lerma, asumiendo la creencia que los patriotas ingresarían desde el sur. Sin embargo, la decisión de Belgrano tuvo la impronta de un gran estratega militar, adoptando una forma de disposición de sus tropas según el concepto de “frente invertido”, es decir, ofrecer batalla por el lado menos favorable al enemigo, de tal manera de quitarle grados de libertad para su eventual retirada en el caso de tener que hacerlo, tal como supo ocurrir en Tucumán meses atrás con el derrotado Pío Tristán. Consecuente con esta estrategia, Belgrano decide enfrenarse con los realistas sorpresivamente y desde el lado norte. Mediante las informaciones de patriotas salteños y misiones de espionaje, se determinó que la concentración de las tropas del Ejercito del Norte tendría lugar en la conocida Casona de Castañares, ubicada hoy en día al norte de la Ciudad de Salta, lo que implicaba pasar sigilosamente por el otro lado de Cerro San Bernardo, de tal manera de esquivar el Valle de Lerma que estaba fuertemente custodiado por los realistas.

 

Habiendo llegado a las proximidades de la Ciudad de Salta y de acuerdo a la estrategia adoptada, el General Manuel Belgrano ordena al ejército patrio avanzar hacia el norte y con dirección al punto de concentración, por un paso casi desconocido en esa época, que es la actual Quebrada de Chachapoyas. Debe ser destacado que el tránsito por este paso, constituye toda una proeza en sí misma, ya que el éxito se podría conseguir si el enemigo no detectaba el avance de todo un ejército a escasa separación unos de otros, más el hecho de tener que superar una serie de adversidades, tales como pasar de noche y con lluvia, transitando por un suelo seguramente fangoso con las consiguientes dificultades para el avance de tropa, cañones y equipos. El objetivo se cumplió y el ejército se concentró en la Casona de Castañares en víspera de la gran batalla.

 

El 20 de Febrero de 1813, se comienza la gran confrontación con el ejército realista que estaba preparado para combatir hacia el lado sur. Iniciada la batalla, no tardó en balancearse para el lado del triunfo de las armas de la patria, y tal como respondía a la estrategia de Belgrano, la derrota del ejército realista resultó inexorable. El General Pío Tristán se vio obligado a presentar su rendición formal, de acuerdo a los términos determinados por el vencedor. Las provincias del norte quedaron liberadas de la posesión española.

 

Tal como ocurrió en Tucumán, Salta también contribuyó con el aporte generoso de los patriotas. Generalmente, el sentimiento de gratitud está dirigido a toda persona que supeditó su destino personal al de la patria. Es un acto de justicia homenajear también a la mujer salteña, y en este caso, a Doña Martina Silva de Gurruchaga, quien recibió al General Belgrano antes y después de la batalla . Ella se encargó de preparar un pelotón de gauchos salteños a caballo, a quienes los equipó con ponchos de color azul y los dirigió a todo galope desde las lomas de Mereiros al escenario de la batalla, en un momento previamente consensuado con Begrano. Esta acción sorpresiva de arremetida ayudó a precipitar el desbande de las fuerzas realistas y consiguiente derrota. Esta mujer patriota recibió la gratitud de Belgrano y el nombramiento de Capitana del Ejército. Hoy sus restos descansan en el Panteón de las Glorias del Norte de la Catedral de Salta, junto a los de Martín Miguel de Güemes.

 

Las Batallas de Tucumán y la de Salta, deben ser interpretadas como hitos históricos de permanente recordación, por cuanto se trata nada menos que de la libertad conseguida para los argentinos de ayer, de hoy y de siempre. Desde el norte ingresó la brisa fresca de la libertad conseguida por todos los que ofrecieron sus servicios a la causa de la Patria. El rol de mayor jerarquía sin ningún lugar a dudas la tuvo Manuel Belgrano que partió de una situación muy desventajosa en lo militar, hasta cumplir con el objetivo de triunfar en las dos principales batallas libradas en suelo argentino en la época de las luchas por la independencia. Su Bandera del Regimiento del Norte o Bandera de la Libertad, que siempre lo acompañó, en justificada rebeldía respecto de las directivas de Buenos Aires que consideraba prematura su utilización, seguramente constituyó uno de los motivos para nutrir con la necesaria fuerza espiritual a su tropa. Recién en 1816 se la adopta Bandera de la Nación Argentina.

 

(*) Instituto Belgraniano de Santa Fe




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