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Sábado 27.04.2019 - Última actualización - 13:44
7:33

Estrategias de comunicación proselitista y el elector “millennial”

Voto joven: seducción 2.0 en las redes, los artificios y las deudas de la política

Una experta explica cómo se construyen los discursos de campaña para “ganar” al electorado juvenil. El mal manejo de las nuevas narrativas en redes sociales “muchas veces ponen al candidato en situaciones de papelón”, opina. Y asegura que desde la clase dirigente “en general se subestima el intelecto de los votantes”.

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La urna es el final de un largo camino emprendido en la campaña electoral, que incide en la decisión de los electores. La captación de voluntades hoy pasa -en gran medida- por las arenas digitales. Foto: Ilustración | Lucas Cejas




Estrategias de comunicación proselitista y el elector “millennial” Voto joven: seducción 2.0 en las redes, los artificios y las deudas de la política Una experta explica cómo se construyen los discursos de campaña para “ganar” al electorado juvenil. El mal manejo de las nuevas narrativas en redes sociales “muchas veces ponen al candidato en situaciones de papelón”, opina. Y asegura que desde la clase dirigente “en general se subestima el intelecto de los votantes”. Una experta explica cómo se construyen los discursos de campaña para “ganar” al electorado juvenil. El mal manejo de las nuevas narrativas en redes sociales “muchas veces ponen al candidato en situaciones de papelón”, opina. Y asegura que desde la clase dirigente “en general se subestima el intelecto de los votantes”.

Algunos hablan del “voto millennial”, o cómo votarán aquellos nacidos a mediados y finales de los ‘80 y que hoy tienen de 20 años a unos 35. La incógnita quita el sueño a los nuevos gurúes de la comunicación política 2.0, esa que pasa por las redes sociales y que tiene a Instagram como el gran fetiche. Entonces que las trivias, que los videos que parecen espontáneos pero que son muchas veces artificiales, que el meme (pieza de fotomontaje graciosa, pop, paródica) que interpela al joven “en su lengua” y todo termina resultando refractario: se genera un efecto de rechazo o extrañeza.


El dato sobre el votante joven más relevante es la porción que representa sobre el electorado total de Santa Fe. En la provincia, son poco menos de 2.800.000 las personas habilitadas para votar en estas Paso del 28 de abril y en las generales del 16 de junio, según datos del Tribunal Electoral Provincial (TEP). De ese número, el 38% está en el rango etario de entre los 18 a 37 años (un millón de electores, aproximadamente). Casi el 40%: ganar ese porcentaje es tener la “gallina de los huevos de oro” en una elección, y aquellos gurúes lo saben.


Pero el “voto millennial” —e incluso la categorización de voto joven— es mucho más que eso. “Debemos hablar de juventudes. Es imposible establecer una homogeneización, una generalidad, cuando hay un abanico de nuevas juventudes con experiencias de vida muy diferentes”, pone en contexto Fernanda Vigil, Lic. en Comunicación Social, docente de las cátedras Teoría de la Opinión Pública y de Comunicación y Opinión Pública (Fhuc/UNL), especialista en estos temas.


Juventudes y ritos sociales


Ocurre que si hay algo que identifica a la juventud hoy es precisamente su heterogeneidad. “El único rango que la unifica y articula es la edad. Pero después las experiencias son múltiples: las trayectorias educativas, las demandas sociales. De los habilitados a votar, en el tramo de los 18 a 25 años, hay distintos hitos que marcan el paso a la vida adulta: la transición hacia los estudios terciarios o universitarios, el ingreso al mercado laboral, experiencias relacionadas de la sexualidad, etc. Hay muchos de ritos sociales que aparecen en ese pasaje”, explica Vigil a El Litoral.


Y en la relación de las juventudes con la política, lo mismo: No hay una demanda ni una ‘bandera’ que los ponga en un plano de homogeneidad, pero sí hay muchas inquietudes dispersas: “Hay chicos que laburan en los centros de estudiantes; otros que volvieron a los grupos juveniles de acción parroquial; hay pibes que trabajan en algún voluntariado solidario”. O sea, la mayoría de esas inquietudes no apuntan a una pertenencia partidaria, “pero se sienten movilizados frente a un mundo adulto que en general los excluye”, dice.


“Los chicos no identifican sus inquietudes políticas con los partidos. De hecho, no se identifican con las jerarquías ni con estructuras verticales, y nada más vertical que los partidos políticos tradicionales. Las juventudes son horizontales”, precisa la experta. Así, se encolumnan en hacer política desde otro lugar, pero no desde una organización partidaria. “Hay una desconexión entre las juventudes en general con la política partidaria”, añade.

 

La red social Instagram es el fetiche para la comunicación política del siglo XXI.Foto: Archivo El Litoral

 


El meme “boomerang” y la vedette Instagram

 


Respecto de las nuevas estrategias de comunicación política 2.0 para seducir a los votantes jóvenes de la mano de la redes sociales, Vigil dice ver “muchos políticos haciendo papelones”. ¿Por qué? “Porque quieren incorporar rasgos del discurso de las juventudes. A esto, los chicos no te lo perdonan: el meme como elemento de ironía o broma está a la orden del día. Hay candidatos que generan memes todos los días, por ese intento de incorporar jóvenes a un discurso político, y esto está siendo seriamente interpelado por los chicos”. 


Cuando se incorporan elementos de —por ejemplo— las series de Netflix, o de la cultura pop en los mensajes de campaña, no se sostiene el sentido discursivo (político) que se quiere comunicar. “Entonces, ese sentido construido termina siendo inverosímil, y genera cierto rechazo refractario, un distanciamiento, un extrañamiento desde los jóvenes, algo así como: ‘Con qué necesidad se hace esto’, desde la perspectiva de las juventudes. Se generan situaciones demasiado artificiales en la comunicación política, que al final establece un efecto de sentido no deseado”, se explaya Vigil.


Todo esto tiene una explicación que es bastante simple: cuando surgió la televisión, la clase política —acostumbrada al lenguaje de la radio—, debió aprender la narrativa de la imagen dinámica, con toda una nueva lógica discursiva (el manejo del cuerpo, la retórica y la dicción frente a una cámara). “Ahora, en la era de las redes, pasa algo similar: lo que noto es que no se aprendió a manejar la narrativa de las redes sociales, que tienen una lógica muy particular. Y falta incorporar el registro del discurso de las redes sociales”, agrega la especialista. 


Y en el podio de la redes sociales más usadas por los jóvenes, Facebook perdió protagonismo: hoy al primer puesto se lo lleva Instagram y luego Twitter. “Instagram es el predominio de la imagen, encuestas, etc. Y la política en Instagram, por lo que se ve, “es en su gran mayoría una gran puesta en escena. A veces, cuando el político no se siente cómodo cae y se nota esta artificialidad, que a veces no es necesaria. Porque no es necesario hablarle ‘a un nene como a un nene’. Se le puede hablar por Instagram a los jóvenes sobre las problemáticas, sus intereses o las demandas de un grupo sin necesidad de sonar tan artificial”, sostiene Vigil.

 

“Creo que hay una sobreexigencia del político por parecer ‘canchero’, simpático, y eso cae mal en los jóvenes. Un político puede ser genuino en la comunicación de sus iniciativas sin necesidad de parecer uno más de ese colectivo social al que está apelando”, dice Vigil.Foto: Luis Cetraro

 


Subestimación

 


—En función de estas estrategias de comunicación política por las redes que Ud. señala, ¿se subestima el intelecto del electorado joven?


—No sólo se subestima al electorado juvenil: se subestima el intelecto del electorado en general. Creo que hay un cambio de clima de parte de los votantes. Por ejemplo, el debate sobre la baja de imputabilidad. Exijamos como ciudadanía: “A ver usted, Partido A ¿qué piensa de este tema? Partido B: ¿qué piensa, votaría a favor o en contra, o generaría un proyecto de ley alternativo?”. Hay que entender que la política atraviesa nuestra vida todo el tiempo. Creo que debemos interpelar más y maduramente como electorado a la política.

 

El significante vacío y la grieta discursiva “K vs. M”


—El significante vacío en política —la idea de que en el discurso político, el signo no termina de decir algo total—, es un fenómeno muy estudiado desde hace décadas. ¿Hoy sigue presente en la política 2.0?


—Está muy presente. Por ejemplo, un slogan: “Conmigo vamos a estar mejor”. ¿Qué significa estar mejor? Las sociedades capitalistas occidentales son desiguales porque fueron fundadas sobre, justamente, la desigualdad. Entonces, ese “conmigo vamos a estar mejor” significa en realidad que algunos sí estarán mejor pero otros no. ¿Quiénes no estarán mejor? ¿Qué será estar mejor? ¿Bajar impuestos, generar trabajo, etc.? “Vamos a estar mejor” es un ejemplo clarísimo de un significante vacío.


Creo que esas “promesas” están en crisis. El kirchnerismo construyó un discurso políticamente muy denso y pesado. Y Cambiemos fue la antítesis: lo alivianó. La “unidad de los argentinos”, etc. Pero hoy hay una situación de desencanto social generalizado que hace que le sea muy difícil a ciertos candidatos seguir con ese nivel de promesa tan abstracto. Hace tres años, tras el kirchnerismo, veníamos con un clima de época muy pesado, crispado. La propuesta de Cambiemos fue más liviana, hizo hincapié en la unidad, en romper esa grieta. En su momento, funcionó esa promesa de “reconciliación nacional” y de “optimismo” donde estaba parado el discurso de Cambiemos. Hoy no alcanza, ni tampoco volver al antagonismo, a la polarización, que le fue muy funcional al kirchnerismo. Creo que actualmente la política tiene que buscar una promesa superadora de esos dos motores discursivos.

 

La vida por celular


Para la mayoría de los jóvenes, sin distinción de ningún tipo (situación socioeconómica, educativa, geográfica etc.) la vida pasa por el celular, asegura Vigil. “Durante el tratamiento del proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) en el Congreso, grupos de jóvenes generaban presión o ‘lobby’ a determinados representantes legislativos, pidiéndoles que manifestaran sus posturas (a favor o en contra)”, ejemplifica. Aquí se vio una expresión de participación política no partidaria a través de las redes, sobre todo Twitter, y —siempre— por el celular.

Autor:

Luciano Andreychuk


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