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Jueves 02.05.2019 - Última actualización - 13:27
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Peisadillas (Por Carlos Mario Peisojovich)

De la memoria y de otras cosas que trato de recordar

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Carlos Peisojovich, "el Peiso". Foto: Archivo El Litoral - Alejandro Villar




Peisadillas (Por Carlos Mario Peisojovich) De la memoria y de otras cosas que trato de recordar En los laberínticos senderos de mi desordenada memoria, intento encontrar en algún recodo de mi desmemoriado y despelotado presente continuo, los orígenes de mi pasión por la radio.   

Por Carlos Mario Peisojovich (El Peiso)

El Litoral
 

La máquina de los sueños risueños no se detiene. En la breve síntesis del sábado pasado hice un escueto paseo desandando los laberínticos senderos de mi desordenada memoria, intentando encontrar en algún recodo de mi desmemoriado y despelotado presente continuo, los orígenes de mi pasión por la radio. Digo despelotado, desmemoriado, desordenado; pero despierto y desenvuelto, voy desencadenando algunas desventuras de mi desvencijada evocación, que no es vocación, es mi cadena de recuerdos. Ellos, los recuerdos, vienen hacia mí, desorganizados, anárquicos por naturaleza y caóticos de procedencia, los desarchivo en un tropel improcedente, poco oportuno, que harían miserable y estigmatizador el prolijo trabajo de cualquier aplicado archivista.

 

Cuando un afligido griego asistía al oráculo por algún asunto que quería o debía recordar u olvidar, se le presentaba ante sí la disyuntiva de recurrir a la diosa de la memoria o la de beber de las aguas del olvido. 
 


Y tratando de recordar, no puedo evitar pensar en la cita de Ramón Gómez de la Serna: “Tenía tan mala memoria que se olvidó de que tenía mala memoria y se acordó de todo”, tengo la plena consciencia de saber que no me acuerdo de todo, pero siempre intento mantener los recuerdos vivos, y si son buenos, mucho mejor; los llevo a flor de piel, explícitamente en la punta de la lengua, acariciando los ventrículos y las comisuras del corazón, en la pátina farragosa de la memoria de un viejo loco o un loco viejo, y sin embargo mi ejercicio preferido, convencido de que es uno de los mejores ejercicios para mantenerme joven, es la evocación continua del pasado, (cosas de viejos dirán algunos/as, cosas de abuelos dirán otros/as, para poetizar la cuestión ), pero el pasado está ahí, segundos antes del ahora, para compartir, para mostrar, para enseñar, para delegar y para seguir manteniendo viva la llama de mi vida. Esa es la puerta de entrada al verdadero túnel del tiempo.

 

Cuenta la mitología griega que había una diosa que se encargaba de la memoria, su nombre era Mnemósine y ella sabía de “todo lo que ha sido, todo lo que es y lo que será”, algo así como el mercado financiero actual, haciendo un paralelismo, si se me permite...
Los griegos tenían una deidad para cada asunto terrenal y extraterrenal, para lo material y lo inmaterial, para lo mortal y lo inmortal, y cada una de estas deidades poseía su rival, su antagónico, así que se descuenta que si existía la diosa de la memoria, también tenía que existir el olvido, y en éste caso, el encargado del olvido era representado por Lete o Leteo, si la memoria no me falla.

 

Mis sueños que pretenden ser risueños y mis recuerdos que pretenden ser re-locos, son una pretensiosa manera de regalar mis memorias inmemoriales, pues si bien desfallezco en el intento de historiar mi experiencia, algunas fechas y nombres se sumergen y se ahogan en las aguas del Leteo.


Cuando un afligido griego asistía al oráculo por algún asunto que quería o debía recordar u olvidar, se le presentaba ante sí la disyuntiva de recurrir a la diosa de la memoria o la de beber de las aguas del olvido. Uno de los ríos del Hades llevaba el nombre de Leteo, era allí donde las almas bebían para olvidar la vida terrestre que abandonaban para siempre. Yo me río del olvido.

 

Mis sueños que pretenden ser risueños y mis recuerdos que pretenden ser re-locos, son una pretensiosa manera de regalar mis memorias inmemoriales, pues si bien desfallezco en el intento de historiar mi experiencia, algunas fechas y nombres se sumergen y se ahogan en las aguas del Leteo.

 

Tampoco puedo ordenar cronológicamente los hechos, por más que lo quisiera, ni siquiera lo intento, pues ellos vienen como olas, a veces son un cúmulo y otras solamente un destello solitario, pero siempre liberando otra serie de recuerdos, siempre desorganizados, desgobernados...

 

Hablando de desgobierno, deberían avisarle a quienes tienen el mando del gobierno actual, que de tanto echar las culpas al pasado, el presente se les vino encima, y que ante tanta inactividad, ahora le echan la culpa a quien creen que va a venir. “Ella” es portadora omnipresente de los males pasados, presentes y futuros, “Ella” es para la presidencia la reencarnación de Mnemósine. Ellos tienen miedo. Muchachos abanderados del cambio que no cambió nada, y que empeoró; oráculo, vaselina y a tirarse a las frías aguas del Leteo, porque “Ella” no olvidó. El presente es cierto, el futuro es incierto.
“Sinceramente”...




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