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El Litoral
Sábado 04.05.2019
8:24

ROSARIO

Un Woodstock feminista y disidente

Luego de un exitoso debut en Córdoba, el viernes 19 de abril llegó a la provincia el Festival GRL PWR. Establecido como un nuevo polo frente al mainstream de los festivales nacionales, la propuesta hizo foco en la diversidad artística de mujeres y disidencias que acompañan y multiplican la revolución de las calles.

 

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Marilina Bertoldi combinó solidez vocal e instrumental con un manejo escénico imponente. Foto: Gentileza Melina Gadea




ROSARIO Un Woodstock feminista y disidente Luego de un exitoso debut en Córdoba, el viernes 19 de abril llegó a la provincia el Festival GRL PWR. Establecido como un nuevo polo frente al mainstream de los festivales nacionales, la propuesta hizo foco en la diversidad artística de mujeres y disidencias que acompañan y multiplican la revolución de las calles.   Luego de un exitoso debut en Córdoba, el viernes 19 de abril llegó a la provincia el Festival GRL PWR. Establecido como un nuevo polo frente al mainstream de los festivales nacionales, la propuesta hizo foco en la diversidad artística de mujeres y disidencias que acompañan y multiplican la revolución de las calles.  

 

El viernes 19 de abril se llevó a cabo, por primera vez en Rosario, una edición del ascendente festival GRL PWR. A orillas del río Paraná, el Galpón de la Música, espacio perteneciente al Puerto de la ciudad resignificado como lugar clave en la escena local, abrió sus puertas desde las 16. Temprano, las pibas fueron copando los alrededores, en medio de una tarde que no se decidía entre el sol y las nubes.

 

Al ingresar, se podía observar cómo el espacio por entonces vacío se abría en tres áreas delimitadas e interconectadas: un sector dedicado a la Femiferia (serigrafía, sellos, editoriales, peluquería); el centro del lugar, con un par de tribunas y el escenario; y el último tramo, con sillas, sillones y venta de alimentos. Precisamente, en el ala central la música de la DJ Triganigga fue despabilando la modorra preliminar con su culto al funk y al electro swing, que fue y vino entre Jamiroquai, Parov Stelar, Doug Willis, y DJ Vas. Luego de esta primera intervención (habría un par más), fue el turno del bloque inicial de lecturas, con las voces de Valentina Loppicolo, Martina Sierra y Julia Enríquez. En el aire flotaban, hermanadas, algunas frases: “La tristeza de volver sola a lugares”, “con todo el cuerpo hacia la suerte / el destino / o lo que sea que nos mueve”. Las columnas también tenían algo que decir: “Espacios cuidados: libres de violencia”; “No se tolerarán actitudes machistas, misóginas, capacitistas, homo-lesbo-trans-gordo-fóbicas”; “Aflojale con el acoso”; No es no.

 

Más vivo que nunca

 

Cerca de las 17, fue el turno de la segunda musicalizadora: DJ Wayra. Entre los pájaros que se colaban en los ritmos andinos y el asfalto de la música urbana, floreció el contrapunto: El Búho, Bomba Estéreo, Dengue Dengue Dengue!, Intoxicados. Minutos más tarde, Gabriela Borrelli Azara y Barbi Recanati se subieron al escenario. Abrazadas por el colectivo Futurock, la poeta y periodista (conductora de “Total Interferencia” y autora de “Lecturas Feministas”) y la música (encargada de “Goza Records”) articularon una dupla radiofónica que paró la pelota y fue de lleno al estado de la situación. Al modo de un rizoma, la reflexión tomó como centro una premisa (“el feminismo es un movimiento que actúa y piensa a la vez”) y de ahí fue explorando sus ramificaciones, en la confluencia entre tres dimensiones: filosofía, política y estética.

 

En tanto corriente de pensamiento, las disertantes tomaron como punto de partida a Simone de Beauvoir con aquello de que “mujer no se hace, se llega a serlo” y agregaron: “Disparó la categoría de mujer que hoy estamos rompiendo para abrir nuestras sexualidades y las representaciones históricas de nuestros cuerpos”. Como acto político, el feminismo aspira a una revolución y los festivales, como el GRL PWR, constituyen “herramientas de construcción colectiva, actos de militancia de la alegría y la diversidad”. Finalmente, desde una mirada estética, el movimiento debe asumirse como “una contra-estética frente a la imperante, y hoy la contra-estética es ver gordas en el escenario”, apuntó Borrelli. Luego de un revisionismo por la historia del rock, enfocado en sus hitos contraculturales y en mujeres exponentes silenciadas (basta con googlear Rosetta Tharpe), Recanati estableció conexiones entre el movimiento feminista, el punk y las Riot Grrrl, y definió al GRL PWR como “nuestro propio Woodstock”. Y completó, en diálogo con El Litoral, “se habla de que el rock está muerto, porque no se puede tolerar que sea de las mujeres y las disidencias. Yo siento que está más vivo que nunca”.

 

Bailar y pensar

 

Previo al arribo de la música al escenario, entre las lecturas de Alejandra Benz y Anabel Martin, hizo su aparición la figura de Lía Crucet en un poema de la primera de ellas. Y la pregunta quedó rebotando entre todas, todos y todes: “Qué se siente hacer tal cosa / siendo mujer / ya pensando que nos costaría más”. Con un espíritu tanguero que fuga estilísticamente al jazz, al rock y a la bossa nova, la cantante y compositora rosarina Evelina Sanzo interpretó sus canciones con la alianza de la actriz Dora Do. El recorrido, que pasó por “Calesitas” y “530”, tuvo como cierre de lujo la versión intervenida de “Tabú” complementada con estadísticas sobre violencia de género, especialmente hacia personas trans. Con el dolor como motor y la escritura como explicación, Moli Luna comenzó la última ronda poética-performática, que continuó con Rocío Muñoz Vergara y Dalia Desamor. La “marea femininja”, como mencionó la ilustradora luego de su emotiva interpretación, se mantenía atenta y alegre, en permanente movimiento.

 

Casi sin que nadie lo percibiera, una atmósfera de fiesta electrónica intervino los murmullos que se dejaban oír en el Galpón de la Música. Siguiendo la filosofía del dúo Matilda (“bailar es una forma de pensar”), Aguaviva construye la estructura de la canción con una pátina techno house que nace del cruce de sintetizadores, ritmos, bajo y voz. El trío compuesto por Clara Sabetta, Maia Basso y Bárbara Ranzuglia mostró algunas postales de “Sumergible” (masterizado por Ignacio Molinos), en tramos como “Velocidades” y “Pronósticos”, y se animó a una versión synthpop del clásico de Sandro, “Trigal”, coronado por el rapeo de unas estrofas y el baile de Filomena.

 

Tres mujeres bajaron del escenario, otras tres subieron. Las hermanas Trucco (“Toti” y “Wewi”) y Clara Miglioli abrieron el show de Fémina, desnudando “Resist”, la canción que fidelizó el vínculo entre la banda patagónica e Iggy Pop. Luego de la recreación coral, y ya provistas de su colorida instrumentación (guitarra, ronroco, percusión, flauta traversa), las músicas revisitaron su discografía, con canciones como “Arriba”, “Los senos” y “Perlas”. “Me duelen los senos de ser mujer”, en diálogo con algo de lo que cantó antes Evelina Sanzo (“me duelen las tetas quemadas / me duelen las putas, me duelen las travas”) fue uno de los puntos más altos de un recital que se fue bien arriba con “Perlas”, una muestra de que la poesía surrealista es uno de los pilares de la propuesta de Fémina.

 

Diversidad en la unidad

 

Entrada la noche, el lugar se fue colmando, con la gente repartida entre los patios con vista al Paraná y el sector central. En este último, se concentraban las responsables de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Seguro, Legal y Gratuito, que finalizaron su alocución aclamadas por una multitud con pañuelos verdes en alto. La potencia del ambiente transmutó en furia rapera cuando la cantante franco-chilena Ana Tijoux lanzó, verso a verso, “Shock”. El discurso, “un frente lírico directo a la pelea” (como expresa en “En paro”) no perdió en ningún momento su gen del feminismo popular, combativo y anticapitalista, con ritmos que viajaron desde la Latinoamérica profunda (“Antipatriarca”) hasta los sonidos árabes (“Somos sur”).
La voz de Lisa Simpson sampleada en un entorno funk garage fue la primera señal del arribo de Alto Guiso. Además de “Vovó”, el conjunto post hip hop apocalíptico nacido en Rosario a partir del mestizaje artístico de Melina Spizzirri (sintes, trombón y voces), Ani Books (beats y voz), Sofía Pasquinelli (guitarra) y Florencia Croci (bajo y voces) viajó por varias de las piezas que componen “Psicoguiso”, entre ellas, “Brasil”, “Birra fría” y “Mierda”.

 

La siguiente artista en pisar el escenario del Galpón de la Música es una figura clave de la escena rock contemporánea: Marilina Bertoldi. Manejo escénico, voz entre sugerente y ruda, fraseo, distorsión: todo tiene lugar en la banda de la cantante sunchalense, escoltada por Hernán Rupolo, Leo Giménez, Joaquín Muriel y Guille Salort. En una hora de show, Bertoldi brindó las coordenadas para acceder a las diversas regiones que contempla su obra, con pasajes por “En mí”, “O no?”, “Fumar de día”, “Sexo con modelos” y “Y deshacer”. Entre luces verdes y violetas, se recortó la figura de Ofelia Fernández, joven referente de Patria Grande, que realizó un acto político y estético, un acontecimiento performático con retazos de la memoria colectiva feminista y exhortó a “no volver al silencio” porque “el feminismo es nuestra única opción”.

 

El sur argentino volvió a hacerse presente a través de Sara Hebe, en complicidad con Ramiro Jota, Edu Marote y su hermana Arie. Con el arma simbólica lista para disparar, el último show de la noche transitó atmósferas rock, punk y cumbia, con la declamación como acto político. Arriba y abajo del escenario estalló el baile y el pogo, con “Histórika”, “Tuve que quemar”, “El marginal”, “Lujo popular” y “Vagaboom”. El final llegó con “A.C.A.B.”, canción incluida en el flamante disco “Politicalpari”. Mientras la multitud se retiraba, alegre y hermanada, se leía con orgullo el cartel con el slogan: “No faltan bandas de chicas, faltan festivales GRL PWR”.

 

Autor:

Leonardo Pez


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