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Jueves 09.05.2019 - Última actualización - 14:23
14:16

Claudio Gugnali, hablando de todo con El Litoral

"Unión tiene que armar un equipo que tenga a 9 Pittón"

Más allá de que integra el proyecto de Rodrigo Villarreal, su opinión vale porque conoce el club como pocos. Habla de un “desplante”, de cómo se debe enfrentar la “grieta” en el fútbol argentino, de lo que tiene que hacer un manager y de Madelón. 

Villarreal habla, Gugnali escucha. Los actuales dirigentes quisieron traerlo en algún momento como secretario técnico, antes de la llegada de Zuccarelli. No se materializó en los hechos. Ahora, la propuesta es más firme. Su deseo, como lo fue siempre, es volver al club. <strong>Foto:</strong> Manuel FabatíaVillarreal habla, Gugnali escucha. Los actuales dirigentes quisieron traerlo en algún momento como secretario técnico, antes de la llegada de Zuccarelli. No se materializó en los hechos. Ahora, la propuesta es más firme. Su deseo, como lo fue siempre, es volver al club.
Foto: Manuel Fabatía

Foto: Manuel Fabatía



Claudio Gugnali, hablando de todo con El Litoral "Unión tiene que armar un equipo que tenga a 9 Pittón" Más allá de que integra el proyecto de Rodrigo Villarreal, su opinión vale porque conoce el club como pocos. Habla de un “desplante”, de cómo se debe enfrentar la “grieta” en el fútbol argentino, de lo que tiene que hacer un manager y de Madelón.  Más allá de que integra el proyecto de Rodrigo Villarreal, su opinión vale porque conoce el club como pocos. Habla de un “desplante”, de cómo se debe enfrentar la “grieta” en el fútbol argentino, de lo que tiene que hacer un manager y de Madelón. 

Siempre es un gusto hablar de fútbol con Claudio Gugnali. Y revivir buenos tiempos. En Unión y también en la selección. Su paso por Unión no fue tan largo en cuanto al tiempo, pero tuvo mucha intensidad. Llegó de coordinador y contrajo una enfermedad que puso en riesgo su salud. Tuvo que volverse a La Plata para iniciar una recuperación que se hizo extensa. Unión lo “bancó”. Y cuando se fue Carlos Trullet, asumió la conducción técnica del equipo y lo llevó a jugar la Promoción ante Gimnasia de Jujuy. Después se fue de Unión, no se le renovó el contrato. Así inició un nuevo proceso, esta vez vinculado a Estudiantes y a su amigo Alejandro Sabella, con el que compartió un plantel que con Bilardo y Manera ganó dos títulos consecutivos en la década del 80, con ellos como jugadores. Y así llegó a dos momentos cumbres de su carrera como entrenador: la final de la Intercontinental que estuvieron a punto de ganar con Estudiantes (ante Barcelona, ni más ni menos) y a la final del Mundial con la selección, en Brasil, con un resultado hasta injusto frente a los alemanes. A partir de allí, Sabella (por su enfermedad), Gugnali y Julián Camino siguieron en el tapete por lo que habían logrado, pero no por su trabajo.

 

—¿Por qué tanto tiempo sin trabajar?

 

—Es una pregunta que nos hacemos desde hace un tiempo... Mirá, hemos vivido cosas increíbles con Sabella, en cuatro meses fuimos campeones de América con Estudiantes, perdimos esa final increíble con el Barcelona que estábamos ganando hasta el minuto 42 del segundo tiempo, fuimos a la selección y salimos subcampeones del mundo. Pero el jefe se enfermó, Alejandro comenzó a transitar el momento más duro de su vida. Y nosotros nos enfermamos de tristeza. Es como que en el medio del cumpleaños se cortó la luz. Lo esperamos. Hasta que un día, Alejandro, el jefe, nos dijo que arranquemos. Esto fue hace un año y medio atrás.

 

—¿Y ahí?

 

—Y ahí sí. Tuve ofertas y también tuve desplantes... Mirá, nunca tocaré un timbre para pedirle a alguien que me invite a trabajar. Confío en lo mío, estoy actualizado, veo y estudio todo, creo que puedo ser útil. Siempre digo que Estudiantes es mi vieja y Unión es mi novia. Estudiantes es mi amor eterno y mi novia siempre me interesa lo que hace, no me aparto. El peor partido para mí, es que jueguen Unión y Estudiantes porque no quiero que pierda ninguno de los dos. Me sorprendió gratamente lo que escuché de estos jóvenes comandados por Villarreal, me involucré y ojalá que pueda ayuda al club.

 

—En el caso de Unión, viviste momentos límites con la enfermedad y pusiste la vara alta cuando lo dejaste al club a las puertas del ascenso. ¿Por qué nunca más?

 

—Y bueno... Unión fue uno de esos desplantes que tuve. Fue doloroso, inesperado, pero existió. Fue terrible lo que me pasó en su momento, porque me llamaron pero no se portaron bien conmigo. Fue duro y difícil de asimilar porque no fue justo para conmigo.

 

—¿Qué te habían ofrecido?

 

—La secretaría técnica... Me habló un dirigente, le dije que sí, que me iba a La Plata a hablar con mi familia para hacer la mudanza y después no me hablaron más... Ni siquiera me hablaron para decirme que no me iban a traer.... Con Estudiantes me pasó lo mismo porque con esta comisión directiva, tanto Gugnali como Camino no somos bien vistos o nadie se interesa por nosotros. Pero la gente nos quiere, como pasa acá conmigo. Pero como decía el anillo de Don Julio, todo pasa.

 

 

 

—Te buscaron y te buscan como manager o secretario técnico. ¿Te gusta, tenés en claro qué es lo que se debe hacer?

 

—El manager tiene que ser nexo permanente de los dirigentes con el entrenador, con el coordinador y con el técnico de la reserva. Era una función que, junto a Julián, hacíamos con Sabella, aún siendo sus ayudantes de campo. A Sabella, tratábamos de que no le llegue el problema, solucionarlo antes o que Sabella lo haga pero en las mejores condiciones. Eso es lo que voy a hacer si me toca trabajar. Es decir, solucionarle las cosas al presidente.

 

—¿Qué opinás de Madelón?

 

—No voy a descubrir nada si digo que Leo Madelón es un hombre trascendente, importante, vital para Unión. Lo ha ganado con prestigio, con trabajo y con capacidad. Ha encontrado su lugar en Unión, conoce profundamente el club y le ha sacado jugo a los planteles que dirigió. ¿Qué más se puede agregar?

 

—Hablemos un poco del fútbol argentino. ¿No crees que la Superliga conduce a que se agigante la grieta entre los grandes y los chicos?. Si pensás así, ¿cómo se hace para achicarla y que los chicos no sean cada vez más chicos?

 

—Agudizar el ingenuo y lograr el máximo rendimiento de lo genuino. Unión tiene que jugar con 8 o 9 Pittón, ¿me entendés?. La pertenencia es lo que te da fuerza ante la adversidad. El Estudiantes de 2009, que tuvo de rodillas al Barcelona y con el que ganábamos en el minuto 87 por 1 a 0 y sin colgarnos del travesaño, es el ejemplo. Entonces, a partir de esa experiencia, ¿cómo es que no se puede soñar? Hay que dejar de pensar en los gastos de inferiores y pensar en las inversiones de las inferiores. Los mejores jugadores tienen que ser los del club, en todo aspecto, en lo deportivo y en lo económico. Y traer esos dos o tres refuerzos de calidad que te acomoden lo que está faltando.

 

—¿Hay algún ejemplo en el fútbol argentino?

 

—Vélez.... Vélez es el camino... Juega en todos lados de la misma forma, te presiona, juega, corre y gana. Sale de esa grieta que vos me planteás. ¿Como lo hizo?, con proyecto. Y así le están mojando la oreja a los grandes. Y te digo más: Vélez está en condiciones de discutirle un mano a mano a cualquiera de los grandes. Armaron un equipo con hambre, con ganas, con ambiciones. Estuvieron peleando el descenso, pero de ahí saltaron a un protagonismo que los engrandece.

 

—Está bien lo que decís, pero la pregunta es: ¿cómo le decís a la gente que vas a ir por un determinado camino pero que eso te puede llevar, por ejemplo, a pelear o a irte al descenso?

 

—Será difícil pero hay que fundamentarlo... Yo le puedo decir, también, que vamos a ir por el otro camino y que eso nos hará generar más deuda, hasta que esa deuda se transforme en un monstruo. Lo de Unión es decoroso, respetable, pero hay jugadores que se van a un costo bajo por las malas negociaciones y hay una deuda grande. En eso no está bien el club.

 

—¿Eso es lo que ves de negativo, dentro de una realidad que es positiva en otros aspectos?

 

—Yo no quiero ser hiriente, no quiero que nadie se enoje, pero así como está el club, lo de Unión es un presente simpático y un futuro que es una incógnita.

Autor:

Enrique Cruz


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