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Viernes 17.05.2019 - Última actualización - 18.05.2019 - 10:47
14:49

El reto de poner en valor un emblema centenario

Los restauradores superaron el desafío de la Casa de la Cultura

Trabajadores con diferentes oficios lograron dejar en excelentes condiciones el edificio histórico. Los encargados de recuperar la fachada, los vitrales, los pisos, las molduras y ornamentaciones, detallaron cómo fue su obra, los contratiempos y dificultades que se encontraron. 

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Foto: El Litoral.




El reto de poner en valor un emblema centenario Los restauradores superaron el desafío de la Casa de la Cultura Trabajadores con diferentes oficios lograron dejar en excelentes condiciones el edificio histórico. Los encargados de recuperar la fachada, los vitrales, los pisos, las molduras y ornamentaciones, detallaron cómo fue su obra, los contratiempos y dificultades que se encontraron.  Trabajadores con diferentes oficios lograron dejar en excelentes condiciones el edificio histórico. Los encargados de recuperar la fachada, los vitrales, los pisos, las molduras y ornamentaciones, detallaron cómo fue su obra, los contratiempos y dificultades que se encontraron. 

Trabajadores con diferentes oficios, como artesanos, obreros, vitralistas, arquitectos, ingenieros y demás profesionales pusieron manos a la obra para recuperar, tras años de abandono, la Casa de la Cultura. La restauración del edificio de bulevar Gálvez y Güemes, que tiene un excelso valor patrimonial e histórico, era una cuenta pendiente en la ciudad. 

 

Como en toda obra de puesta en valor, y más aún una estructura edilicia construida entre fines del siglo XIX y principios de 1900, los trabajadores tuvieron que tratar cada centímetro de la casa como a una tacita de porcelana, con mucho cuidado. En diálogo con El Litoral, los encargados de llevar adelante la restauración dieron cuenta de los pormenores de la difícil tarea.

 

Luciano Hernández fue el asesor técnico de la restauración y se encargó de la fachada y de la pintura interior. El día cero se encontraron con que “la casa estaba totalmente abandonada y lo primero que hicimos fue un relevamiento de todos los componentes del sistema de la casa. Se relevaron todos los pisos, que eran de madera y cada habitación tiene un decorado distinto; las paredes; los cielorrasos; los vitrales y las aberturas”.

 

Al trabajar en una casa por la que pasaron cientos de personas a lo largo de casi cien años, los restauradores se encontraron con historias emocionantes. “Hay gente que al ver la restauración se ponía a llorar. A mí me conmovió una mujer grande que vino a recorrerla tras una convocatoria que se hizo a familiares y conocidos. En un momento empezó a lagrimear y se fue. Nunca supe quien era pero imagino que es alguien que estuvo muy relacionada con alguna de las familias. Esas son las cosas que retribuyen lo que uno hizo, es una manera de reconocerte”, rememoró el asesor técnico.

 

 

El desafío de las semejanzas 
 

 

Para hacer un trabajo lo más fiel posible al original se necesita recabar documentación anterior gráfica o de la tradición oral. “Cuando empezamos sólo teníamos un par de fotos en las cuales no se veían detalles. Hicimos una convocatoria y cayeron familiares de los Lehmann —una de las familias que la habitaron—, aportaron fotografías y de ahí sacamos detalles”, destacó Hernández.

 

Sin embargo, el estado de conservación de las fotos o, bien que eran en blanco y negro, dificultó tener precisiones, pero al mismo tiempo sirvieron para descubrir detalles que ya no estaban. “En algunas ocasiones tuvimos que acudir al sentido común. En una foto, en el reflejo del espejo, descubrimos que había un arco curvo que no figuraba en ningún lado y lo hicimos a semejanzas de ese reflejo”, indicó Hernández. 

 

Rompecabezas. La milimétrica tarea de reconstruir los pisos de tesela la llevaron adelante los bonaerenses Carlos Freico y Hernán Arduca. Foto: Luis Cetraro

 

 

 

Sobre la edificación, el asesor técnico analizó que “la casa es de la belle époque de 1910 donde era más opulenta que práctica, de un estilo academista francés. Tiene el piano novile elevado que te permite visualizar perspectiva del jardín que es el entorno de la casa, pero de ese jardín no existe documentación”.

 

 

Fachada
 

 

“La fachada tenía un desgaste y estado de abandono notable, incluso estaba hundida y tenía un asentamiento diferencial porque habían dejado canillas abiertas en el subsuelo y el cimiento se venció. Lo que se hizo fue coser la casa, porque no tenía estructura ni dinteles, con una costura perimetral en tres niveles diferentes para estabilizarla. Luego se tuvieron que corregir los lugares que estaban hundidos y el revoque original del exterior no servía más porque estaba muy erosionado”, detalló el restaurador. Por este motivo, Hernández y su equipo realizaron un análisis minucioso del revoque y su composición. A prueba y error lograron dejar la fachada lo mejor adaptada, en coloración y textura, a la que lucía en 1910.

 

Foto: Pablo Aguirre.

 

 

En este proceso hicieron un “velado completo”, que según explicó el especialista “es un kapping que se le da arriba del revoque una vez que está limpio, pero que tiene la misma finalidad que el revestimiento en terminación, materialidad y coloración original”. 


—¿Tuvieron contratiempos?
—Todos los días uno. Hay cosas que por más que las estudies aparecen de imprevisto y complican. 
Por suerte todos los que laburaron es gente de oficio, entonces cada especialista resolvía su propio problema y minimizaba las situaciones de riesgo. 

 

 

Los yeseros

 

Carlos Freico y Hernán Arduca, ambos de Buenos Aires, fueron los artesanos yeseros que trabajaron de forma exhaustiva para restaurar las molduras, las ornamentaciones y cada elemento de yeso, y los pisos de teselas, que son piedritas que forman figuras en los pisos de un sector de la casa. Entre sus tareas a cargo recuperaron decenas de metros de molduras y cerca de mil piezas de yeso: ornamentación con formas de flores, caras, elementos decorativos, y las molduras (guardas geométricas entre paredes y cielorrasos).

 

Molduras. “Se dibujan, se bocetean las formas y se llevan a molde”, detallaron los yeseros. Foto: Guillermo Di Salvatore.

 

 

 

En una recorrida de este medio, mientras los artesanos estaban en pleno arte, mostraron el taller que acondicionaron en un rincón de la casa. “Hay sólo un 20% de los elementos originales que se pueden recuperar”, admitió Freico en aquella visita de principios del 2018. Pero el desafío fue superado y con creces —como bien enalteció Hernández a los bonearenses que son un valuarte para este tipo de restauros—. Arduca explicó que recurrieron al registro fotográfico por protocolo pero, al igual que comentó el asesor técnico, se encontraron con poco sostén histórico. “Cuando no lo hay se trata de reproducir la pieza que falta. ¿Cómo? Estudiamos el estilo estético de las formas. En esta casa, el estilo es de herencia neoclásica. Entonces se dibujan, se bocetean las formas y se llevan a molde, para crear la pieza ausente”, admitió Arduca y se sinceró: “Esto es como un rompecabezas sin todas las piezas. Hubo que maquetear y reconstituir. De todos modos, tratamos de lograr un consenso con la gente de patrimonio histórico y por supuesto de la dirección de la obra”.

 

 

El proceso
 

 

El yeso es un material que se prepara con agua, queda líquido y luego seca dentro del molde. “Es muy noble para reproducir una forma. Y las terminaciones que nos da el yeso son distintas a otros materiales, más refinadas”, contaron sobre el proceso, pero el primer paso es hacer los moldes. “Dependiendo de las formas, se usa caucho, silicona, fibra de vidrio”, detallaron. Una de las técnicas es así: se toma una pieza original a restaurar o se desarrolla la forma de una que hay que hacer. Se amasa arcilla y se recubre la pieza, y en esa cobertura quedan pequeños orificios por donde se echa el yeso. Se hace un contramolde con el que se tapa el “enrollado” y, una vez que fraguó, se lo saca. Se retira la arcilla, se vuelve a poner el contramolde y se vuelca un caucho de silicona en estado líquido por los orificios. Se espera y una vez que el yeso fraguó —con agentes desmoldantes— se desprende el molde. Como el secado de una pieza de yeso puede durar varios días, dejaban reposar y avanzaban con otros trabajos.

 

“Amamos mucho lo que hacemos. Nos vinimos a trabajar a la Casa de la Cultura porque era un desafío muy importante, por la complejidad de la obra y por su valor patrimonial. Dejamos la familia, los amigos por días (Freico es de La Matanza, Arduca de Morón), para hacer lo que nos gusta, más allá de lo económico”, resaltó Freico.

 

Y al unísono destacaron la camaradería del plantel completo de la obra: “Este trabajo no puede prevalecer si no está el otro. Se armó un grupo muy lindo, desde el ingeniero encargado hasta los muchachos. Todos estuvieron pendientes si necesitábamos algo, tratando de proveer todo para que nuestro trabajo sea bueno”.

 

 

Los pisos de madera 
 

 

Oscar Martín se encargó, junto a cinco trabajadores, de la restauración de los pisos de madera de las dos plantas. La planta baja está cubierta de 209 metros cuadrados de pisos de roble eslavonia, con guardas incrustadas y fileteadas. En el primer piso predominan las tablas tipo alfajía de madera de pinotea y abarcan 143 metros cuadrados de la superficie.

 

“El trabajo comenzó en octubre de 2017. En el viejo altillo desarmamos los pisos de pinotea porque lo que sacamos se incorporó para el trabajo de la planta alta. Una por una se sacaron los clavos de las tablas y se las limpió porque tenían más de 100 años de mugre y más de 20 de abandono”, recordó el industrial de la madera. 

 

Una vez en condiciones, las maderas fueron recolocadas a nivel sobre una tirantería que fue reemplazada casi en su totalidad, para que concuerden con el original. “Fue un gran trabajo de organización y se hizo un buen aprovechamiento”, insistió Martín. 

 

Pisos de madera. La planta baja está cubierta de 209 metros cuadrados de pisos de roble eslavonia. El primer piso tiene tablas tipo alfajía de madera de pinotea y abarcan 143 metros cuadrados de la superficie. Foto: Pablo Aguirre.

 

En febrero de este año la tarea comenzó en los pisos de la planta baja. “El centro del dibujo del hall principal no tenía piso, estaba todo podrido y roto”, resaltó. Para reconstruir este sector, el roble eslavonia que utilizaron fue traído de Mendoza. Una vez en el taller, se machimbró y acondicionó para colocarlo en la superficie con cortes especiales, con la mente puesta en el dibujo del piso original. “El trabajo en el hall central nos llena de gratificación porque logramos recomponer el dibujo con madera nueva”, valoró. 

 

La terminación del trabajo tuvo sus dificultades, pero pudieron ser salvadas. “En algunas habitaciones se nota que el piso es más claro en algunos sectores, eso sucedió porque se puso madera nueva que contrasta con el color marrón antiguo, el cual no hubo forma de sacar con el pulido porque se empezaba a gastar demás la madera”, aseveró el especialista. 

 

En la planta baja, la madera de roble nueva se tonalizó para asemejarla al resto de la superficie, “se hicieron pruebas de color hasta que dimos con una pintura que quedó lo más parecido al original”, sostuvo. En estos últimos días se terminaron los detalles para darle el lustrado final”, concluyó Martín. 

 

 

Los vitrales y un trabajo “rompecabezas”
 

 

Fabio Huser fue el encargado de dirigir el equipo de ocho especialistas dedicados a restaurar los vitrales y las rejas. En la Casa de la Cultura hay 12 aberturas con vitrales que tienen más de 40 paneles cada una. “El estado original era muy precario, algunas por falta de cuidado otras por fallas técnicas. Casi en su totalidad, los vitrales habían desaparecido, quedaban solo vestigios pero que para nosotros fueron muy importantes para reconstruir todo el proyecto, a tal punto que encontré en el patio partes de plomo que habían quedado bajo el pasto”, precisó Huser. 

 

“Un cliente me consiguió algunas fotos de las reuniones familiares, porque su bisabuelo fue uno de los dueños de la casa. En una se alcanzaba a vislumbrar una esquina de un vitral, algo que atesoramos y nos sirvió para saber si estábamos en el camino correcto”, indicó Huser.

 

Vitrales. Los vitrales que adornan la Casa son de tipo francés, esmaltados y entallados con armadura de plomo.Foto: Gentileza.

 

 

Desafíos superados

 

 

Los vitrales de las ventanas de las escaleras estaban prácticamente destruídos: “Sabíamos cómo eran las guardas, pero no cómo eran los vitrales. Por eso reconstruí con todos los elementos de la casa una lectura de los vitrales que los atraviesa desde el subsuelo hasta el primer piso en su totalidad, esto significa que la ornamentación quedó homogeneizada en un 100% con diferentes grados de importancia. El techo tiene todo su peso ornamental, su composición muy marcada, pero los distintos elementos del techo están representados en los demás vitrales”, explicó Huser. 

 

Los del hall principal de la casa son todos nuevos porque no había ni diseño ni bocetos. “La particularidad de esta obra es que es una de las pocas en Argentina donde hemos hecho el 100% de los vitrales nuevos, algunos son réplicas de los que había originalmente y la mayoría propuestos por mí. El vitral que más paneles tenía para tomar ejemplos era el que está posterior a la sala de reuniones, los demás fueron improvisados”. En seis meses los vitrales se terminaron y se colocaron con vidrios de seguridad, y en condiciones mucho mejor que en las que estaban antes. 

 

 

Las rejas
 

 

Huser y su equipo también se encargaron de poner en valor todas las rejas originales, perimetrales e interiores. “Hoy se ve una réplica del portón principal y de las rejas que están sobre calle Güemes, donde colocamos más de 20 metros de rejas exactos de la original; trabajamos con los mismos ornamentos, los mismos calibres de hierro y tipo de forja”, finalizó.

 


 

Equipo de Trabajo

  • Lía Masjoan
  • Tomás Rico
  • Alejandro Moulins
  • Juan Manuel Vittori
  • Federico Cioni 

Autor:

Tomás Rico


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