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Viernes 17.05.2019 - Última actualización - 21:51
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La ejemplaridad de una camino (por María Teresa Rearte)

Ha muerto Jean Vanier

Jean Vanier descubrió que los deficientes tienen sus propias ideas sobre la vida en común. Y que no siempre coinciden con las de quien quiere ayudarlos. <strong>Foto:</strong> Captura de InternetJean Vanier descubrió que los deficientes tienen sus propias ideas sobre la vida en común. Y que no siempre coinciden con las de quien quiere ayudarlos.
Foto: Captura de Internet

Foto: Captura de Internet



La ejemplaridad de una camino (por María Teresa Rearte) Ha muerto Jean Vanier

Por María Teresa Rearte (*)

 

El 7 de mayo murió en París, a los noventa años, Jean Vanier, fundador de El Arca. Había nacido el 10 de septiembre de 1928. Era el penúltimo de los cinco hijos de una familia, cuyo padre proyectaba para él la carrera militar. No obstante, el hijo sentía creciente atracción por la vida espiritual.

 

EL ARCA Y LA DIGNIDAD HUMANA

 

“Estar junto al otro es más que hacer algo por él”, decía Jean Vanier, después de veinticinco años de vida en común con personas con discapacidad intelectual. Las comunidades de El Arca son lugares donde las personas de esa condición y quienes se proponen ayudarlos, comparten la vida cotidiana. Juntos, los integrantes de El Arca, tengan o no una discapacidad intelectual, tratan de edificar la vida comunitaria: comparten tareas, celebraciones, reflexiones y encuentros. Cada uno aporta según sus deseos y capacidades a la vida en común.

 

En 1954 Vanier había visitado al Padre Thomas cuando era capellán de un hogar para deficientes mentales en Trosly. Fascinado por el mundo de los disminuidos psíquicos, para él totalmente desconocido, decidió compartir su vida con ellos. No obstante no tener ninguna competencia para la tarea, con dos de estas personas y el Padre Thomas Philippe, se trasladó a una ruinosa casa de campo, a la que llamó El Arca.

 

Sobre el comienzo de esta experiencia humana más tarde escribiría: “Viviendo con estos hombres y mujeres más o menos desfigurados, quería ofrecerles la oportunidad de tener una existencia humana. Poco a poco descubrí, sin embargo, que eran ellos los que me proporcionaban a mí un rostro humano. Ellos me hicieron descubrir mi condición de hombre”.

 

ENCONTRAR AL PRÓJIMO

 

Educado en el catolicismo, formado como teólogo secular, Vanier había sido oficial de la marina y profesor. Pero descubrió la presencia de Dios que salva a los más necesitados. Para ayudarlos abandonó su carrera universitaria.

 

“Nuestra misión es encontrarnos -supo declarar a Radio Vaticana- con un mundo de extrema debilidad, pobreza y sufrimiento, gente que a menudo ha sido rechazada. El papel de El Arca es anunciar la buena noticia a los pobres: a ellos les decimos ciertamente: Dios te ama; pero también les decimos: Yo te amo, tú eres importante para mí. Se trata de acoger en pequeñas casas a personas que han sufrido tanto y revelarles que son alguien”.

 

“Amar a alguien es simplemente revelarle que tiene un valor, no tanto para hacer cosas por él -por supuesto que esto también- sino para estar juntos, para comer juntos. Jesús en el Evangelio dice: Cuando des un banquete, no invites a tus amigos, sino a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos...”.

 

DESCUBRIR

 

Vanier, el oficial provisto de formación filosófica y teológica, pensaba que la vida en comunidad con disminuidos significaba tener que explicarles a sus protegidos cómo hacer las cosas hasta en los mínimos detalles. Y cuidar de que así lo hicieran. No obstante, descubrió -progresivamente- que los deficientes tienen sus propias ideas sobre la vida en común. Y que no siempre coinciden con las de quien quiere ayudarlos. Más aún, Vanier aprendió a percibir y tomar en serio la singularidad de estas personas y respetarlas para -finalmente- terminar amándolas con un amor más parecido al que Dios nos tiene. Que desciende hasta nuestra pobreza y pequeñez.

 

Este aprendizaje le llevó a comprender que, al compartir su vida con los deficientes mentales, descubría la presencia -misteriosa pero no menos real- de Cristo en cada miembro de su Cuerpo Místico. Y entonces dejarse tocar y transformar por ella a través de cada ser humano.

 

EL OBJETIVO

 

Jean Vanier declaraba: “Nuestro objetivo es comer en la misma mesa. Todo el trabajo de El Arca es dar la posibilidad de una vida profundamente humana alrededor de la mesa, de las fiestas, el trabajo, la oración. Así El Arca es un lugar de reconciliación donde personas de muy diferentes religiones y culturas pueden encontrarse y esto transforma las vidas de las personas discapacitadas; pero también transforma a los voluntarios. El Arca, después de todo, es un lugar de celebración donde el objetivo es que todos sean felices”.

 

LA ENCARNACIÓN DEL HIJO

 

Ajena a lo que nuestro tiempo y la cultura exaltan, la ejemplaridad puesta de manifiesto por la experiencia de vida de Jean Vanier lleva a aceptar y reconocer la presencia salvadora de Dios en todos los hombres. La potencia redentora de la Cruz de Cristo. También en los pobres y desvalidos, en los despreciados por las ideas de este siglo. Y aporta clara conciencia sobre lo que significa la Encarnación del Hijo de Dios.

 

Quiero mostrar la diferencia esencial que hay entre la concepción de la antigüedad clásica sobre la naturaleza del amor y la del cristianismo. La antigüedad distinguió dos esferas en el hombre, la racional y la emocional, e incluyó al amor en la segunda. Tal es el caso de Platón. Porque no se concibe el amor como algo espiritual. Sino como algo puramente sensitivo, por su forma de “necesitar”. Es algo extraño al ser eterno y perfecto. Así se ha de interpretar a Platón cuando dice: “Si fuéramos dioses, no amaríamos”. La dirección del amor en la antigüedad clásica es siempre un “hacia arriba”. El cristianismo no comparte esa concepción. Y aporta una corrección: “En esto está la caridad, en que Él nos amó” (1Jn 4, 10). Y aún más: “Tanto amó Dios al mundo, que le dio a su unigénito Hijo, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga la vida eterna”. (Jn 3, 16). En el Nuevo Testamento el “Verbo hecho Carne” revela a Dios como Padre y Dios del Amor. “Dios es caridad” (1Jn 4, 16).

 

EL ARCA HOY

 

En la actualidad El Arca recibe a más de 1.200 personas con discapacidad intelectual en 33 comunidades reconocidas como instituciones médico sociales. La Federación Internacional de El Arca tiene presencia en 38 países que tienen 154 comunidades en los 5 continentes. Jean Vanier fue también el fundador de otros movimientos como el Movimiento Fe y Compartir, que organiza retiros para religiosos, laicos y personas con discapacidades.

 

También con Marie-Hélène Matthieu organizó la primera peregrinación “Fe y luz” a Lourdes, la que reunió a 12.000 peregrinos de 15 países. De los cuales 4.000 eran personas con discapacidad mental. Así nació la asociación de igual nombre, con más de 1.420 comunidades en 53 provincias de los cinco continentes, que representan a 86 países.

 

UN FRAGMENTO DE SUS ESCRITOS

 

“La resurrección de Jesús es también para cada uno de nosotros. Nos permite, a los que creemos en Él y hemos recibido al Espíritu Santo, ser testigos del amor y de la verdad por nuestras palabras, pero por sobre todo por nuestra vida; nos permite realizar actos humanamente imposibles: amar a nuestros enemigos, desear el bien a aquellos que no nos lo desean o que nos odian; orar por los que nos persiguen; compartir con los más frágiles; tomar con Jesús un camino de humildad. Amar con paciencia y bondad a aquellos que son diferentes o que nos fastidian”. (De su obra “Ce Dieu qui se révèle dans la Faiblesse”. Pág. 55).

 

EL PAPA SOBRE JEAN VANIER

 

Informado de la muerte del fundador de El Arca el Papa dijo a los periodistas, en el vuelo de Macedonia del Norte a Roma, lo que sigue: “Quiero expresar mi gratitud por este testimonio, un hombre que supo leer la eficacia cristiana desde el misterio de la muerte, de la cruz, de la enfermedad. Del misterio de los que son descartados en este mundo...”.

 

(*) Ex profesora de Ética Filosófica, de Teología Moral y Ética Profesional y de Teología Dogmática en la UCSF. De Ética Filosófica en el Instituto Superior San Juan de Ávila de Santa Fe. Escritora.




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