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Viernes 24.05.2019
20:49

Juan José Castelli según Andrés Rivera (por Martín Duarte)

25 de mayo de 2019: ¿Es la revolución un sueño eterno?



Juan José Castelli según Andrés Rivera (por Martín Duarte) 25 de mayo de 2019: ¿Es la revolución un sueño eterno?

Por el prof. Martín Duarte

 

“Escribo: un tumor me pudre la lengua. Y el tumor que la pudre me asesina con la perversa lentitud de un verdugo de pesadilla... Yo, Juan José Castelli, que escribí que un tumor me pudre la lengua, ¿sé, todavía, que una risa larga y trastornada cruje en mi vientre, que hoy es la noche de un día de junio, y que llueve, y que el invierno llega a las puertas de una ciudad que exterminó la utopía pero no su memoria?”.

 

Así escribe sus memorias en su diario personal, el moribundo revolucionario, Juan José Castelli. Así comienza “La revolución es un sueño eterno” novela que pertenece al escritor porteño Andrés Rivera. Obra que fue distinguida con el Premio Nacional de Literatura en el año 1992. Y que hoy -en la Semana de Mayo- queremos compartir con ustedes, queridos amigos.

 

Andrés Rivera resucita -por obra y gracia de la literatura- a Juan José Castelli, al abogado, al Orador de la Revolución de mayo de 1810, al vocal de la Primera Junta de Gobierno, al infame integrante del Ejército del Norte, al primo de Belgrano.

 

Corre el año 1812, el “Orador de la Revolución” ha caído en desgracia: ironías de la vida o de esta tierra, se está muriendo a causa de un cáncer de lengua. Está mudo, le han amputado la lengua. Y -para peor de males- está siendo juzgado por las autoridades del Primer Triunvirato a causa de su responsabilidad en la derrota de Huaqui frente a los ejércitos realistas.

 

Hay una frase remanida que dice: “si a la historia la escriben los que ganan... eso quiere decir que hay otra historia. Quien quiera oír que oiga...”. En “La revolución es un sueño eterno”, Rivera imagina lo que escribe Castelli en sus cuadernos personales. Allí -supuestamente- anota desde cuestiones triviales (como un pedido de alimento) hasta reflexiones y confesiones fundamentales sobre el convulsionado clima político de la época. Vemos la historia con los ojos de su protagonista: una mirada engreída, teñida de dolor, enferma, moribunda, ninguneada, procesada, despreciada por propios y extraños. Una mirada “enceguecida” por el odio. Castelli escribe y se escribe. El lector es testigo privilegiado de la intimidad de ese hombre: ve cómo borronea su historia y la historia de una nación en ciernes.

 

“Yo, que me pregunto quién soy, miro mi mano, esta mano, y la pluma que sostiene esta mano, y la letra apretada y aún firme que traza, con la pluma, esta mano, en las hojas de un cuaderno de tapas rojas... ¿Soy un actor que escribe que se ríe de él y de las vidas que vivió: que se ríe de la historia -un escenario tan irreal como el que él, ahora, ocupa- y de los hombres que lo cruzan, de los papeles que encarnan y de los que renuncian a encarnar? ¿De las marionetas que proliferan, tenaces en el escenario de la historia, y que mastican cenizas? ¿Soy el público que contempla a un actor mudo...?”.

 

La novela se construye como cruce de voces; a veces, aparece la primera persona y otras, la tercera; la escritura se nutre de digresiones, de saltos temporales, de coloquialismo; usa recursos propios de la oralidad; como en soliloquio, la escritura habla del proceso propia de la escritura:

 

“Leo lo que escribí. Mi letra es firme y apretada. Mi pulso no tiembla. No tiembla mi corazón. Eso es bueno. Eso está bien, doctor Juan José Castelli. Pero no olvide que su tiempo se termina, y que debe ordenar sus papeles.”

 

“Se reitera, doctor Castelli, y sus tripas no ríen. Deje de fanfarronear, Castelli. Ponga punto después de última, y tache el resto. Escriba que lo que ocurrió -esa combustión lenta y pálida, dentro de su cuerpo... Fúmese un cigarro, Castelli, y escriba.”

 

La novela mira al pasado donde nace nuestra patria y formula interrogantes al presente:

 

“¿Qué nos faltó para que la utopía venciera a la realidad? ¿Qué derrotó a la utopía? ¿Por qué, con la suficiencia pedante de los conversos, muchos de los que estuvieron de nuestro lado, en los días de mayo, traicionan la utopía? ¿Escribo de causas o escribo de efectos? ¿Escribo de efectos y no describo las causas? ¿Escribo de causas y no describo los efectos? Escribo la historia de una carencia, no la carencia de una historia.”

 

La última nota del ficcional cuaderno privado de Castelli es -por si no era suficiente- un interrogante:

 

“Entre tantas preguntas sin responder, una será respondida: ¿qué revolución compensará las penas de los hombres?”.

 

Rivera pone en diálogo a Castelli con Perón o Lenin que están presentes en los epígrafes (“Todo es irreal, menos la Revolución” sostiene el ruso); conecta la Revolución de Mayo con otras revoluciones históricas, con anécdotas de León Trotzky (“una nueva generación aprenderá la lección”) que aparecen en un apéndice adjudicado a un supuesto Editor que actúa conforme a cláusulas contractuales.

 

La novela -como una relectura del destino trágico de esta tierra- principia con Juan José Castelli moribundo, con la lengua arrancada y juzgado por los que antes fueron sus aliados:

 

“Se me enfrían los dientes, coma lo que coma. Cago pus. Voy a morir. Y no quiero morir. NO QUIERO MORIR, escribe Castelli con letras mayúsculas...”.

 

Y, cierra con la cabeza de Pedro Castelli -el hijo de juan José- que ha sido cortada por los federales leales a Rosas y que ha sido clavada en la punta de una lanza para que sea contemplada por los habitantes del poblado bonaerense de Dolores.

 

En síntesis, invitamos a todos a leer esta obra que mira más allá de la historiografía y que descontractura los límites de la novela histórica. Castelli se vuelve la excusa oportuna para pensarnos, para mirarnos al espejo. Vivió tiempos de crisis, de “otras” grietas y pagó con creces su osadía de revolucionario.

 

Este Orador de la Revolución falleció el 12 de octubre de 1812. Momentos antes de su deceso -¡y esto no es obra de Rivera!- pidió papel y lápiz, y escribió ante la inminente muerte: “Si ves al futuro, dile que no venga”.

 

¿Nos vio? ¿Qué intuyó? ¡Viva la Patria!

 

“¿Qué nos faltó para que la utopía venciera a la realidad? ¿Qué derrotó a la utopía? ¿Por qué, con la suficiencia pedante de los conversos, muchos de los que estuvieron de nuestro lado, en los días de mayo, traicionan la utopía?”.




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