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Sábado 25.05.2019 - Última actualización - 20:36
18:46

Virginia Benedetto, sobre la revolución de las mujeres en Kurdistán

"No hay nada que pueda contra la voluntad de un pueblo a resistir"

La reportera gráfica estuvo un mes en un territorio arrasado por la guerra, de donde emergió, desde la montaña, un movimiento liderado por mujeres. El resultado visible: la muestra que se exhibe hasta el viernes en la Legislatura provincial.

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La reportera gráfica en la presentación de su muestra, el miércoles en la Legislatura santafesina. Foto: Luis Cetraro




Virginia Benedetto, sobre la revolución de las mujeres en Kurdistán "No hay nada que pueda contra la voluntad de un pueblo a resistir" La reportera gráfica estuvo un mes en un territorio arrasado por la guerra, de donde emergió, desde la montaña, un movimiento liderado por mujeres. El resultado visible: la muestra que se exhibe hasta el viernes en la Legislatura provincial. La reportera gráfica estuvo un mes en un territorio arrasado por la guerra, de donde emergió, desde la montaña, un movimiento liderado por mujeres. El resultado visible: la muestra que se exhibe hasta el viernes en la Legislatura provincial.

Tres años le llevó a Virginia Benedetto, reportera gráfica, docente y documentalista, preparar su viaje a Kurdistán, “la etnia sin Estado”. Un mes permaneció en ese territorio asolado por la guerra, retratando y aprehendiendo la vida de su pueblo perseguido. Mucho más tiempo lleva elaborando esa experiencia que la conmovió y que aún sigue procesando para sus adentros. El resultado de aquella travesía es “Soresa Jinê, la revolución de las mujeres”, la muestra fotográfica que la Legislatura santafesina habilitó al público el último miércoles, por iniciativa del diputado Rubén Galassi, y que permanecerá abierta al público hasta el 31 de mayo.


“Volví en noviembre: parece mucho pero es poco para procesar todo aquello”, contó a este diario en horas previas a la inauguración. Y deja, en una frase, apenas una de las tantas convicciones que trajo en el equipaje: “La revolución de las mujeres es la revolución de este siglo”.


—¿Qué significa “Soresa Jinê”?


—La revolución de las mujeres, en kurdo.


—¿Aprendiste el idioma para viajar?


—No, aprendí sólo algunas palabras que tenían que ver con el respeto por llegar a una cultura diferente, sobre los modos de saludar, de agradecer, de comprender cuando hay una situación de peligro: “tengo hambre”, “tengo sed”, “tengo miedo”.


—¿Tuviste que usar la expresión “tengo miedo” en algún momento?


—No la usé directamente pero sí lo he sentido. Turquía tiene una política de opresión continua contra el pueblo kurdo y utiliza toda la tecnología disponible para destruirlo. Utilizan los drones que detectan el movimiento y en menos de diez minutos despega sus aviones de guerra y bombardea. Esas son situaciones de tensión. Por otro lado, esta revolución es a nivel de la cabeza, a nivel subjetivo; es enfrentar el miedo de otra manera. A pesar de estar en esa situación de riesgo, se sigue adelante, tomando recaudos -por supuesto-, pero sin dejar que el miedo entre en la cabeza. Es lo más importante para enfrentar esas situaciones de tensión. Al principio era mucho más difícil para mí incorporar eso porque, desde el primer día que llegué, teníamos los drones encima. Pero con el paso de los días y viendo que la gente sigue adelante, lo empecé a incorporar de otra manera. No significa que no sienta el peligro.


—¿Cómo se gestó este proyecto?


—Me enteré de que en Kurdistán había una revolución y que las mujeres eran las protagonistas. Conocí el proceso de la revolución cubana, porque me sentí identificada políticamente, pero no me da la edad para haber vivido esa época. Después de este viaje, tengo la certeza de que la revolución de las mujeres es la revolución de este siglo. No solamente en Kurdistán sino en todos los espacios en que nos estamos organizando.


—¿Cómo te preparaste para el viaje?


—Tuve que investigar, generar contactos, ganarme la confianza para hacer un trabajo que muestra aquello que es posible sin poner en riesgo el proceso que se está desarrollando. Había que generar una confianza para ingresar a esos lugares. Fue un proyecto de tres años para un viaje que se cayó dos veces, porque no se podía ingresar por los bombardeos. Y la última vez decidí que lo iba a hacer como fuera. Y así fue.


—¿Cuánto tiempo estuviste allá?


—Estuve un mes.

 

Cooperativa de pan donde trabajan las mujeres en el Kurdistán iraquí.Foto: Gentileza Virginia Benedetto.

 

 

—¿Qué alcanzaste a “absorber” de esa cultura?


—Todavía estoy procesando muchas cosas de las que viví. Puedo decir que Kurdistán es una sociedad en términos diferentes del capitalismo, distinta del modo en el que generalmente vivimos. Por otro lado, me quedé con la certeza de que no hay nada que pueda contra la voluntad de un pueblo. Nada. Ni siquiera los bombardeos, las masacres, los genocidios. Cuando un pueblo está decidido a resistir, no hay nada que pueda contra eso. Es lo más potente de todo. Creo que Kurdistán es un ejemplo de eso; es un pueblo que históricamente ha sido asediado, bombardeado, masacrado. En la región conviven diferentes pueblos y la idea es que convivan entre sí; no que se adapten a la idiosincrasia kurda, sino que cada uno viva como era antes de la formación del Estado turco. Dentro de la región de Turquía viven 20 millones de kurdos de los 40 millones que son en total, y no plantean la destrucción del Estado turco sino vivir de acuerdo a su cultura, su idioma y su religión. Porque todo eso fue prohibido, tuvieron una política de aniquilación donde les negaron su historia. Este movimiento kurdo es la vanguardia de otros pueblos que habitan esta región: asirios, yazidíes, árabes. Y su objetivo es vivir bajo el régimen político del Confederalismo Democrático que tiene cuatro líneas bien marcadas: el protagonismo de las mujeres, la naturaleza, la convivencia de diferentes culturas y religiones, y la autodefensa. Pero tienen dos frentes abiertos: uno es el frente islámico, que tampoco tolera nada por fuera de su ideología, y el otro es el Estado turco.


—En todo ese contexto, ¿cuál es la situación de las mujeres?


—En el contexto previo a la revolución era una situación de opresión: las mujeres no podían salir de su casa ni estudiar, y esperaban a que viniera un marido a decirles lo que tenían que hacer, como antes lo habían hecho sus padres y hermanos. La revolución transformó esa concepción de la vida, rompió con el patriarcado y con algunas cuestiones naturalizadas. Por supuesto que es un proceso. Siempre recuerdo el caso de una mujer que es del pueblo Yazidí, que vivió 74 genocidios. Ella fue esclava del ISIS, asesinaron a sus cuatro hijos, venía de una vida muy opresiva y cuando las fuerzas de autodefensa kurdas entraron a defender al pueblo de la masacre de miles de muertos y bombardeos que dejó el ISIS, dijo: “Desde que conocí el movimiento de mujeres, sé que ningún hombre tiene que decirme cómo tengo que vivir”. Ese ejemplo me pareció muy gráfico para pensar cómo esa revolución, que surge en las montañas, se traduce al resto de la población. La educación se piensa bajo un pensamiento libre y con mucho desarrollo de teatro y literatura, para que se expresen niños y niñas que viven “muy para adentro” en un contexto de guerra. Todo está pensado por el bien de la sociedad.


—Decís que éste es el siglo de las mujeres y que te quedaste pensando en muchas cosas que viviste en Kurdistán, antes de volver al país donde el tema género está en un primer plano. ¿Podés hacer un paralelismo entre los dos lugares?


—Sí, primero que ellas saben qué es lo que sucede en todos los lugares del mundo, porque estudian todos los movimientos de mujeres del mundo. Saben perfectamente lo que sucede en la Argentina. De hecho, cuando saqué allá el pañuelo verde (símbolo de la Lucha por el Aborto legal, seguro y gratuito), una de ellas me dijo en castellano “Ni una menos”. Creo que el paralelismo fundamental tiene que ver con que la lucha es contra el patriarcado, que es un sistema y está en todos lados. Y otro es la solidaridad entre los pueblos, algo que se hace necesario. No hay otro modo.


—¿Cómo se ubica el varón ante esa revolución de las mujeres?


—El hombre construye esa revolución junto a las mujeres. Los hombres y las mujeres se interrogan sobre sus prácticas, no únicamente las políticas, sino también las individuales que también son políticas. Un miliciano que está hace 20 años luchando en la montaña tiene que interrogarse sobre su relación con su hermana, con su madre. Y es un ejercicio colectivo. Nunca un problema es del individuo en sí, sino de la sociedad a la que pertenece ese individuo. No tienen, en general, una política punitivista: si un hombre ejerce violencia de género sobre una mujer, tiene la obligación de formarse en género. Si ese hombre no lo cumple y vuelve a cometer un acto de violencia hacia su compañera, es expulsado de su casa. Es el hombre el que tiene que irse de la casa. Y las fuerzas de autodefensa garantizan que eso ocurra.


—¿Qué es lo que mostrás a través de tus fotos?


—La idea es mostrar la lucha de las mujeres kurdas desde un lugar de resistencia. Por supuesto que los lugares de destrucción están, viven en un contexto de guerra y lo que padecen es terrible. Nosotros no lo podemos dimensionar: la guerra es avasallante y no hay modo de transmitir sus marcas. Pero ante todo eso hay una alternativa de Confederalismo Democrático, que es un proyecto de paz para Medio Oriente. Ellas lo piensan desde ese lugar, de proponer una forma de vida de paz para Medio Oriente. Mi trabajo muestra a las mujeres desde un lugar de resistencia, de cómo se organizan y no únicamente desde este contexto de la guerra o con un fusil, como se ha hecho, para ligarla al terrorismo. Por supuesto que están, pero la autodefensa es, para ellas, algo que va mucho más allá de la lucha armada, que es una consecuencia del contexto de guerra en que viven.

 

Ciudad de Kobane, en el Kurdistán sirio, destruida por el ataque del autodenominado Estado Islámico, y liberada por las fuerzas de autodefensa kurdas.Foto: Gentileza Virginia Benedetto.


PERSONAL

 


—¿Estás pensando en otro proyecto?


—Sí, vinculado con las mujeres, con la tierra.


—Lo tuyo va más allá del trabajo como reportera gráfica.


—Trabajo como fotoperiodista, pero tengo además una mirada documentalista. Me interesa la fotografía desde la vertiente que pensó a la fotografía como una herramienta de denuncia y transformación, y de poner voz en quienes no la tienen. Hice el camino del Che Guevara por La Higuera, en Bolivia, y trabajé con el conflicto mapuche antes y después de (la muerte de) Santiago (Maldonado). Además, trabajo como docente y trato de construir con los estudiantes un conocimiento que vaya más allá de lo establecido institucionalmente con la idea de que uno no pase de largo por la vida. Por supuesto que estos trabajos dejan marcas, nada es inocuo. Pero creo que esas marcas valen la pena.


—¿Qué significa la fotografía para vos?


—La Asociación de Reporteros Gráficos hizo una entrevista hace algunos años a Osvaldo Bayer, un 24 de marzo, para que hable del lugar de la fotografía y él dijo: “La fotografía es la memoria eterna”. Y me pareció tan gráfico, además de que lo admiro profundamente. La fotografía es historia y, al serlo, hay un compromiso ético mayor de cómo se cuenta esa historia y es el lugar desde donde uno se para y de la sociedad que quiere construir.


>>> HASTA EL 31: La muestra “Soresa Jinê, la revolución de las mujeres” va a estar expuesta en el hall de la Legislatura provincial (General López 3055) hasta el próximo 31 de mayo.


CONTEXTO


La reseña que acompaña la presentación indica que los kurdos constituyen un pueblo perseguido y prohibido por la cultura dominante y patriarcal de Turquía y también por ISIS. Son una nación de más de 40 millones de personas, sin territorio (les fue arrebatado), que se ubica entre Siria, Irak, Irán y Turquía, e intenta mantener viva su cultura, habitando en las montañas y apelando a la autodefensa.


El modo de organización política es el Confederalismo Democrático, régimen político que tiene líneas fundamentales: el protagonismo de las mujeres, la autodefensa, la convivencia de las diferentes culturas y religiones, y la ecología. En lo económico la organización es comunitaria y está sujeta a las necesidades de la sociedad en la que viven.

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