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Jueves 06.06.2019 - Última actualización - 7:57
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Coletazos de la crisis

Pelopincho y Tiburoncito despidió a casi 40 empleados

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Foto: Archivo.




Coletazos de la crisis Pelopincho y Tiburoncito despidió a casi 40 empleados La planta está radicada en Merlo , provincia de San Luis , desde el año 1983 y contaba hasta antes de los despidos con 240 operarios. "No me quedó otra alternativa", dijo su dueño.  

El entrerriano dueño de la tradicional fábrica de piletas habló sobre los despidos en su empresa. A raíz de la caída en las ventas despidió a 38 trabajadores de su planta de Merlo, en San Luis.

 

“Hoy la gente está peleando en las góndolas si le alcanza para comer, entonces todo lo que sean gastos por otro lado, se nota mucha retracción”, explicó el crespense Héctor Goette, presidente de la empresa Sonne. Es la primera vez desde 2002 que la fábrica tiene que recurrir a un plan de ajuste.

 

El titular de la firma, que cuenta con otros 200 empleados a los que por el momento les garantiza los puestos de trabajo, explicó: “Hoy tenemos pedidos que son el 30 por ciento de lo que registrábamos a esta altura el año pasado. Si sumamos la compra potencial que se puede dar en los próximos meses estimamos que llegaremos a un 65 o 70 por ciento del trabajo que teníamos en 2018.

 

Según el empresario, la venta de las piletas es estacional y solo se comercializa durante 40 días en el año, desde diciembre hasta el 10 de enero. “Esta temporada hubo una gran retracción en las ventas. La producción anual fue de 300.000 unidades y los comerciantes se quedaron con el 50% de stock. Indefectiblemente la reposición caerá para fin de año”, lamentó. Con esa situación tuvimos que ajustar nuestra plantilla con el despido de 38 personas para asegurarle la ocupación a los otros 200”.

 

La empresa -radicada en el parque industrial de Merlo en 1984- abastece a todo el país de las piletas Pelopincho y Tiburoncito y de las telas vinílicas Zonda.

 

Goette indicó que los últimos dos meses la firma sostuvo el salario completo de 90 trabajadores a pesar de que solo se desempeñaban medio turno, pero que terminado mayo, cuando ya puede trazar una proyección de la demanda para la próxima temporada, se resolvió la salida del 15 por ciento de los operarios.

 

“Nosotros no somos empresarios que vivimos en Buenos Aires. Con mi familia vivimos acá en Merlo hace 35 años, somos vecinos de los trabajadores que tuvimos que despedir. Pero tenemos la conciencia tranquila, porque hicimos lo que teníamos que hacer para garantizar la continuidad de la empresa y en cuanto volvamos a crecer intentaremos recuperar los empleos”, indicó el titular de Sonne, quien confirmó que los despedidos cobrarán el 100% de la indemnización.

 

“El consumidor de las piletas es el que va a las góndolas y hoy no le alcanza para comprar alimentos, está comprando segundas y terceras marcas para poder acceder, y nosotros tenemos que apuntar a venderle una pileta. Existimos por el apoyo de los proveedores, los clientes y la gente que tenemos adentro de la fábrica. Me siento tranquilo porque esto no es un desmanejo de la empresa, es consecuencia de la crisis que vivimos en el país”, completó Goette, presidente de Pelopincho.

 

 

De Entre Ríos a San Luis

 

La historia de las conocidas piletas Pelopincho comenzó en el año 1970, cuando Goette instaló un taller de reparación de lonas en la ciudad entrerriana de Crespo. Cinco años más tarde empezaría a fabricarlas bajo el nombre El Zonda.

 

Su competidor era Pampero, que comercializaba una pileta de lona verde. Allí, el incipiente empresario decidió confeccionarlas con una tela vinílica.

 

Luego de un tiempo, en 1982 se sancionó la ley de Promoción Industrial con beneficios impositivos para aquellos que apostarán a radicarse en San Luis. Y allí se instaló.

 

Por ese entonces, Merlo tenía una población de sólo 4.000 habitantes y con un parque industrial virgen, casi sin desarrollo. Manos a la obra, empezó a construir y a poner a punto su fábrica.

 

Hoy con cerca de los 70 años, Goette sabe que no había opción, pero igual está triste. Aún recuerda sus comienzos en la Mesopotamia que, como lonero y con 20 años, logró construir una empresa casi sin inversión alguna. Dice que quiere reincorporar al personal despedido apenas note cierta recuperación del negocio.

 

 

Con información de Télam.




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