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Jueves 04.07.2019 - Última actualización - 7:08
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Scaloni, el DT al que los dirigentes le ponen el respirador cada seis meses…

Que el árbol y el VAR no tapen el bosque del fútbol argentino

Ningún proyecto se puede sostener sin confianza y continuidad, algo que, ni los dirigentes que lo pusieron, le aseguran al actual entrenador. El equipo –y Scaloni- fueron de menor a mayor en esta Copa América, pero se necesita despegar en serio y con un conductor que, a la capacidad, le sume solvencia, espalda y experiencia.

 <strong>Foto:</strong> Archivo
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Scaloni, el DT al que los dirigentes le ponen el respirador cada seis meses… Que el árbol y el VAR no tapen el bosque del fútbol argentino Ningún proyecto se puede sostener sin confianza y continuidad, algo que, ni los dirigentes que lo pusieron, le aseguran al actual entrenador. El equipo –y Scaloni- fueron de menor a mayor en esta Copa América, pero se necesita despegar en serio y con un conductor que, a la capacidad, le sume solvencia, espalda y experiencia. Ningún proyecto se puede sostener sin confianza y continuidad, algo que, ni los dirigentes que lo pusieron, le aseguran al actual entrenador. El equipo –y Scaloni- fueron de menor a mayor en esta Copa América, pero se necesita despegar en serio y con un conductor que, a la capacidad, le sume solvencia, espalda y experiencia.

(Enviado Especial a Belo Horizonte, Brasil)


 

Sentado frente a la computadora, en la habitación de un hotel, ya con el hecho consumado y con una mezcla de bronca y resignación. Así se siente este periodista. La bronca por el despojo, por la impunidad, por la falta de criterio en la utilización de un elemento tecnológico que fue vedette en todo el torneo, menos en este Brasil-Argentina del que no nos olvidaremos rápidamente. Esa es la bronca. La resignación viene de la mano de una realidad: el fútbol argentino, la selección argentina, no estaba preparada para ser campeón de la Copa América. Nada se había hecho ni construido sobre una base suficientemente firme como para esperar algo más que esto. Y haber llegado a semifinales ya no deja de ser halagador para un equipo que no tuvo luces ni alcanzó el esplendor adecuado para aspirar a algo más.

 

Las bases sobre las que se pretendió construir el “proyecto Scaloni” fueron de arena, sin cimientos, sólo con algo que se pretendió poner por encima de todo y que era una lógica generacional: la renovación de jugadores. Scaloni fue, inclusive, más allá de lo que sinceramente pensaba. Pero ya está. O mejor dicho, ya debiera decretarse el final y empezar una nueva etapa en serio. Se lo mantendrá al frente hasta fin de año, “renovando un interinato”. Inentendible e inconsistente como proyecto propiamente dicho. Puede ser que Scaloni se convierta, en el futuro, en un gran entrenador, pero hoy el fútbol argentino necesita otra cosa, alguien con espalda, con chapa, con recorrido y, obviamente, con capacidad.

 

Esto parece mucho pedir para los grandes responsables, que son los dirigentes. Ellos no entienden cuál es la prioridad y hoy parece ser que la selección es un motivo más para meterse en el ring. Así es muy difícil que algo prospere.

 

La reacción de la Afa es para que la gente no diga que los dirigentes se quedaron de brazos cruzados ante el perjuicio. Posiblemente, Brasil no necesitaba del VAR para ganarnos. Pero si el VAR, que para algo llegó para quedarse en el fútbol, se hubiese aplicado correctamente, quizás hoy la historia sería distinta. Porque, ¿a qué vino el VAR al fútbol?, ¿acaso no es para poner justicia?, ¿para evitar errores que perjudiquen a algún equipo?. Entonces, lo que pasó en Belo Horizonte con el claro perjuicio hacia Argentina, va en contramano de la razón primera por la que se implanta la tecnología.

 

A falta de un partido, el que nadie quiere jugar y el que Argentina no disputa desde aquélla Copa América de 1987 (derrota 2 a 1 frente a Colombia en el Monumental aquella vez), ya se pueden sacar conclusiones:

 

1) Hay material humano que se colgó la chapa de “jugador de selección” con mucha rapidez. Los casos puntuales de Paredes, De Paul y Lautaro Martínez son los que pican en punta. Foyth y Lo Celso acompañan, mientras se esperan más oportunidades para un Dybala que padeció de mezquindad de los entrenadores de turno para confiar en él.

 

2) Se debe trabajar mucho en el armado de una zaga central. Los errores que cometieron Pezzella y Otamendi en la jugada de Gabriel Jesús que termina con el gol de Firmino, son inadmisibles. Además, en los partidos que jugaron juntos marcaron en línea, sufriendo los pelotazos colocados a las espaldas.

 

3) El sacrificio y el enorme despliegue de Paredes y De Paul, más el aporte –en menor medida- que dieron Acuña y Lo Celso, no alcanzan para disimular la ausencia de un volante central de marca. Eso, quizás, sea algo a evaluar y corregir.

 

4) También el entrenador fue de menor a mayor. Inestable en los primeros partidos, desacomodó al equipo con los cambios que hizo. Se empecinó siempre en sacar a los jugadores que estaban amonestados; y luego encontró un equipo demasiado ofensivo en nombres, con riesgo al desequilibrio en defensa. Y con ese esquema se mantuvo hasta el final.

 

5) La respuesta anímica de los jugadores, sobre todo en el último partido ante Brasil, marcó una diferencia con otras etapas. Generoso despliegue, personalidad y sacrificio de todos. La solidaridad adentro de la cancha quedó totalmente a salvo.

 

6) Sin dudas que el tiempo de algunos jugadores empieza a terminar. Ya varios de la anterior generación cumplieron el ciclo e, inevitablemente, le va a llegar el momento a otros. Igualmente, el aporte de experiencia es valioso y esos jugadores, los de experiencia y recorrido, son los que tienen que respaldar y hacerse cargo.

 

7) Hablando de hacerse cargo, hay que ver lo que quiere Messi, cómo se siente y si verdaderamente aspira a ser la bandera de esta renovación. Como jugador, es absolutamente indiscutible. Debe quedarse. De eso no hay dudas. Pero sería bueno que vaya quitándose de a poco esa presión con la cuál jugó siempre en la selección. Messi no debería sentir lo que todos sentimos cuando lo vemos ganar títulos y copas en el Barcelona. Pensamos que “aquello sí, pero esto no es para él”. Seguir intentándolo y que él sea el primero en quererlo así, sería lo ideal.

 

8) Hay que formar una selección local, hay que elegir un sistema, una idea, una forma de juego y alrededor de eso, armar el proyecto futuro. Muchos de los jugadores que fueron titulares en esta Copa América, jugaron hasta hace poco en el fútbol local. No sería descabellado, entonces, que se vaya pergeñando algo más consistente en ese sentido.

 

9) El árbol no puede ni debe tapar el bosque. El árbol fue la derrota ante Brasil con una fuerte sensación de perjuicio y despojo, jugando un buen partido y con mala fortuna. Pero ese árbol que floreció en el final no puede tapar las confusiones, incertidumbres y descrédito que viene floreciendo desde hace un tiempo y que ha puesto al fútbol argentino en decadencia.

 

10) No puedo pensar ni en entrenadores que no quieran dirigir a la selección, ni en entrenadores que piensen que se “queman” si se ponen al frente del equipo ni jugadores que se nieguen o que les dé lo mismo jugar que no jugar. La recuperación del fútbol argentino se tiene que hacer entre todos y con coherencia. Scaloni llegó al lugar que llegó porque nadie quiso agarrar o porque resultaba económico. Eso resulta inadmisible y no tiene nada que ver con un proyecto en serio. Si el proyecto del entrenador es no perder para perdurar, a nada se llegará. Ni tampoco podrá lograr algo si lo están confirmando a cada rato. El fútbol argentino no puede improvisar con un entrenador novato, sin experiencia y sin haberse curtido. Necesita alguien que infunda otro tipo de respeto y consideración, y al que le puedan hacer un contrato a largo plazo porque se lo merece y se confía en él. A Scaloni, Tapia lo puso para que dirija los amistosos posteriores al Mundial, después lo confirmó hasta la Copa América y ahora por medio año más, para que dirija los amistosos que se vienen. Eso es poco serio. Y además, revelador que ni siquiera los que lo pusieron, confían en Scaloni.

 

La demagogia de Bolsonaro

 

Llamó la atención que el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, haya ingresado al campo de juego en el entretiempo para atraer la atención de la multitud que prácticamente colmó las instalaciones del Mineirao.

 

Bolsonaro fue ovacionado por la mayoría pero también silbado por muchos. Esto también causó molestia a la Afa –máxime por lo que ocurrió con el pésimo arbitraje del ecuatoriano Zambrano-, quien se quejó de esa actitud del máximo mandatario.

 

No es la primera vez que Bolsonaro aprovecha el fútbol para mostrarse ante la multitud. Ya pasó en ocasión del amistoso entre Brasil y Qatar en el Mané Garrincha de Brasilia y, luego, cuando fue a visitar a Neymar, el gran ausente de Brasil en esta Copa América.

Autor:

Enrique Cruz


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