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Jueves 11.07.2019 - Última actualización - 9:24
9:23

Juana Molina

"'Halo' es una consecuencia lógica de todo lo que hubo antes"

La cantante visitará la ciudad para recorrer su discografía, especialmente la última producción, publicada en 2017 y ponderada por la crítica nacional e internacional. En diálogo con El Litoral, Juana señaló a “Segundo” como el álbum que marcó su camino musical, recordó la grabación de “Rara” y habló del reconocimiento de su obra en el mundo sajón.

Juana Molina alude a la metáfora de los marsupiales para describir a sus discos, los cuales “ya están para salir de la panza de la madre”, pero se terminan de formar en los shows en vivo. <strong>Foto:</strong> Gentileza Alejandro RosJuana Molina alude a la metáfora de los marsupiales para describir a sus discos, los cuales “ya están para salir de la panza de la madre”, pero se terminan de formar en los shows en vivo.
Foto: Gentileza Alejandro Ros

Foto: Gentileza Alejandro Ros



Juana Molina "'Halo' es una consecuencia lógica de todo lo que hubo antes" La cantante visitará la ciudad para recorrer su discografía, especialmente la última producción, publicada en 2017 y ponderada por la crítica nacional e internacional. En diálogo con El Litoral, Juana señaló a “Segundo” como el álbum que marcó su camino musical, recordó la grabación de “Rara” y habló del reconocimiento de su obra en el mundo sajón. La cantante visitará la ciudad para recorrer su discografía, especialmente la última producción, publicada en 2017 y ponderada por la crítica nacional e internacional. En diálogo con El Litoral, Juana señaló a “Segundo” como el álbum que marcó su camino musical, recordó la grabación de “Rara” y habló del reconocimiento de su obra en el mundo sajón.

 

Este viernes, Juana Molina se presentará en Tribus Club de Arte (República de Siria 3572), acompañada por Odín Schwartz y Pablo González. La artista, que combinó en distintos momentos de su vida las profesiones de sus padres Horacio Molina y “Chunchuna” Villafañe, ofrecerá un concierto que tendrá como eje el celebrado internacionalmente “Halo” (Crammed Discs, 2017) y orbitará por el resto de su discografía. En la previa del recital, Juana se dispuso a conversar con El Litoral, y destacó la importancia de un show con el público de pie, “más energético y activo, con un feedback muy grande”.

 

 

Work in progress

 

—¿Cómo ves “Halo”, pasados dos años de su publicación?

 

—Hace mucho que no lo oigo. Solamente lo escuchamos cuando queremos sacar un tema nuevo o para ver una parte donde tenemos una duda y no sabemos para dónde rumbear. Entonces, recurrimos a la fuente.

 

Me parece que salió bien el disco, y a la vez, es una consecuencia lógica de todo lo que hubo antes. No creo que uno oiga “Halo” y diga “este disco no tiene nada que ver con el resto”. Es una característica de muchos músicos (y seguramente mía) que cada trabajo funciona como un work in progress, como decía la banda Can. Yo digo que los discos son marsupiales. Porque, si bien, ya están para salir de la panza de la madre, todavía no están formados del todo. Eso pasa con los shows en vivo. Van mutando las canciones, les encontrás una mejor estructura. Muchas veces, evolucionan... para bien.

 

—¿Te costó adaptar el disco al vivo? ¿O sentís que fue un proceso natural?

 

—Nos costó más adaptar “Wed 21” (2013) que “Halo”. Primero, porque cuando empecé a armar “Wed 21”, comencé sola y me di cuenta de que era imposible. Ahí me encontré por primera vez con Odín y, después de muchas semanas de trabajo, entendimos que necesitábamos una tercera persona para que fuera más tocado. Porque si disparás cosas podés ser vos solo, pero yo quiero evitar tener material grabado. Me gusta, en todo caso, grabar en vivo, pero no venir con cosas grabadas de otros días.

 

—¿Por qué?

 

—Porque algunas cosas funcionan, pero otras le dan una rigidez al asunto. Hay días (y hay canciones) que las saco rapidísimo, y después no las podemos ni tocar de lo rápido que las saqué... o las saco muy lentas y nos queremos matar. A Diego (López de Arcaute) lo volvía loco que fueran tan distintos los tempos. O no tanto, pero dependía de la adrenalina de la noche si el primer tema salía rápido o no. En cambio, si vos tenés un pulso que ya seguís, casi que eso deja de pasar. Pero, a mí me gusta ese vértigo de que las cosas se hagan en el momento, más de la cocina minuta.

 

 

Otras Juanas

 

—¿Cómo fue la experiencia de volver a grabar en un estudio, algo que no hacías desde “Rara” (1996)?

 

—Yo ya tenía unas ocho canciones hechas de la manera en la que venía trabajando siempre. A raíz de unas charlas sobre el volumen y tocar fuerte, surgió la idea de terminar de grabar en un estudio. Me convencieron y fuimos. Al principio, me resultó muy difícil porque yo estoy muy acostumbrada a trabajar sola. Sola hago cualquier cosa y nadie se entera. No hay testigos. En cambio, acá estaban Odín, Eduardo Bergallo, técnicos y gente que no sabía qué hacía ahí. Me costó mucho poder abstraerme de su presencia; de todos modos, creo que nunca lo logré del todo. En el estudio, llegué a otras cosas muy buenas, pero nunca a la intimidad a la que llego cuando estoy sola. De hecho, grabé sola las voces, que es lo más difícil: en el momento de cantar necesitás una gran confianza. Me acuerdo de uno que estaba todo el día mirando el teléfono, y no quería que esté, ni siquiera estaba escuchando lo que estábamos haciendo. Ésa es la parte que no me gustó. Pero me encantó todo lo técnico, la variedad de instrumentos que había, eso siempre es muy enriquecedor.

 

—En “Rara” trabajaste junto a Gustavo Santaolalla. ¿Cómo te llevás con la figura del productor?

 

—Cuando me encontré con Santaolalla, yo era otra persona. Primero, en esa época hacer un disco en tu casa era casi impensable... para mí, en todo caso. Y, como mis composiciones eran más cercanas a las de “Segundo” (2000) que a las de “Rara”, yo estaba muy insegura con mi manera de componer porque me parecía que era demasiado distinta. Entonces, siempre que mostraba una canción, lo hacía con un montón de explicaciones. De hecho, a las canciones de “Rara” les inserté partes B a los temas (y partes C a algunos), para que tuvieran una forma de canción normal o establecida: verso, estribillo, puente... cosas que yo no tenía en mis composiciones. Las canciones de “Rara” se parecían un más a lo que hice después, eran un poco más voladas y mántricas.

 

Yo estaba muy temerosa, y confiaba mucho en él (Santaolalla), pero a la vez, no se dio esa relación que debería darse entre artista y productor, donde los dos deciden las cosas con el mismo peso. No tenía yo esa experiencia, esa capacidad y, entonces, un poco lo dejé en sus manos. Fue una experiencia muy buena porque el sonido que él logró fue increíble; pero yo, a la vez, no me sentía muy representada musicalmente, porque todavía no sabía lo que quería. Todavía no había encontrado mi camino musical. ¡Pobre Santaolalla! Le tocó trabajar con alguien que todavía estaba muy verde, y él tomó las decisiones adecuadas, las que había que tomar en aquel momento.

 

—¿Cuándo sentís que encontraste tu camino musical?

 

—En “Segundo” (2000).

 

 

Universal

 

—En el lenguaje musical que has construido, el silencio (“las partes”) y los efectos tienen un rol clave. ¿Creés que se transfiere a tu obra algo del lenguaje radiofónico, vinculado a las radios francesas que escuchaste durante tu adolescencia?

 

—No sé... No me lo había preguntado. Yo escuchaba unas emisiones muy extrañas en Radio France y France Culture. En las dos radios había muchos programas con música del mundo. Si no sabías algún dato, no tenías dónde buscar nada. De hecho, ese sello que no me acuerdo cómo se llama para mí fue importantísimo (NdR: Ocora). Yo tenía 14 años y escuchaba cosas completamente diferentes: música africana, música de Asia, la música de los pigmeos. Cuando descubrí eso, no podía creerlo: para mí era música de otro planeta.

 

Eran unos momentos muy solitarios y de mucha concentración. Me grababa casetes, tenía muchísimos, que después los traje a Buenos Aires. Lamentablemente, entraron ladrones y se los llevaron, seguramente para grabarle cualquier cosa encima. Son cosas que nunca voy a recuperar y eran mi biblioteca clave. No sé qué tenía, pero yo grababa, después anotaba lo que podía -y lo que no... miles de cosas que nunca sabré qué son, ahora las podría descubrir-. Era una colección de cinco años de grabar todos los días lo que escuchaba.

 

—Retomando la idea de biblioteca, ¿qué libros aparecen como componentes de tu acervo literario?

 

—Nunca noto que la literatura me influya en lo musical. Sí, quizá, en un momento, cuando era muy chica. Tendría 18 años y me había copado con Oscar Wilde. Era como estar completamente posesionada, obsesiva y ahí sí siento que me influyó para escribir las letras. Una especie de tono. En la juventud las cosas te influyen de otro modo, con mucha más fuerza.

 

—Volviendo a tus inicios, en “Rara” ya se encuentran sonoridades que tienen que ver con la actualidad de la escena musical. ¿Sentís que el álbum no fue valorado en su momento?

 

—Ese disco no se valoró porque se cajoneó y no salió del sello. Fue muy difícil que la gente lo tuviera, se hicieron poquísimas copias. No sé qué pasó. Había tres copias en una disquería y cuatro en otra, pero técnicamente no salió a la venta. Ni se le dio ningún tipo de apoyo. Fue muy frustrante. Ahí fue que decidí irme de acá porque sentía que el medio era muy hostil para mí. Me fui a un lugar adonde no me conociera nadie (Los Ángeles, Estados Unidos) y no estuvieran todos los prejuicios sobre Juana Molina.

 

—De hecho, según estadísticas, el podio en la escucha de tu obra está integrado por Estados Unidos, Argentina e Inglaterra. Hay algo de lenguaje universal que atraviesa tu música.

 

—Exacto. Es que para mí la música es un lenguaje universal. La barrera del idioma es algo para la música un poco más masiva, sobre todo, de acá para allá. Los sajones están muy acostumbrados a que todo sea en su idioma. La mayoría de las críticas que tuve en los discos decían: “Le daría un 10 o un 9, pero...” no lo hacían por las letras. El idioma me bajó porque ellos no se pusieron a investigar dos segundos. Porque de 200 discos que reciben, 199 son en inglés. Entonces, no se ponen a investigar un poquito de qué van las letras, y por las dudas, para no quedar mal, te sacan un par de estrellas. ¡Aparte lo dicen en la crítica! Es increíble. Para “Halo” entregamos el disco con un librito que tiene las letras traducidas por alguien que escribe muy bien. Yo no sé si no es por eso que tuvo mejores críticas. Todos hablaban de las letras. Se ve que es algo muy importante, pero no se tomaron el tiempo de buscarlo.

Autor:

Leonardo Pez


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