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Domingo 14.07.2019 - Última actualización - 16:04
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En los hospitales provinciales

900 personas trans reciben tratamientos de hormonización para afirmar su género

Consisten en llevar los niveles hormonales a los mismos valores del género que la persona autopercibe para modificar características físicas. En las mujeres trans, se logra administrando estrógenos para feminizarlas, y en los varones trans, testosterona para masculinizarlos. La explicación de especialistas y los testimonios de personas en tratamiento.

 <strong>Foto:</strong> Luis Cetraro
Foto: Luis Cetraro

Foto: Luis Cetraro



En los hospitales provinciales 900 personas trans reciben tratamientos de hormonización para afirmar su género Consisten en llevar los niveles hormonales a los mismos valores del género que la persona autopercibe para modificar características físicas. En las mujeres trans, se logra administrando estrógenos para feminizarlas, y en los varones trans, testosterona para masculinizarlos. La explicación de especialistas y los testimonios de personas en tratamiento. Consisten en llevar los niveles hormonales a los mismos valores del género que la persona autopercibe para modificar características físicas. En las mujeres trans, se logra administrando estrógenos para feminizarlas, y en los varones trans, testosterona para masculinizarlos. La explicación de especialistas y los testimonios de personas en tratamiento.

Los hospitales públicos de la provincia de Santa Fe atienden en este momento a 900 personas trans que realizan tratamientos de hormonización (estrógenos y testosterona) para reafirmar los aspectos físicos del género que autoperciben, distinto al asignado en el nacimiento, según datos aportados por el Ministerio de Salud. Detrás de las cifras, hay historias particulares, pero con denominadores comunes marcados por los prejuicios familiares y sociales, el rechazo, la burla y la discriminación.

 

Si bien en un comienzo, y durante muchos años, eran más frecuentes los tratamientos para feminizar (varones que se autopercibían como mujeres), quienes están en contacto con esta realidad advierten que desde el año pasado crecen las consultas y los tratamientos para masculinizar. No puede relacionarse directamente, pero quizás la serie que el año pasado emitió en horario central Telefe “Cien días para enamorarse”, que mostraba las vivencias y el proceso de masculinización de Juana/Juan, un varón trans, puede haber influido en que más chicos trans se animen a dar el paso.

 

“La primera demanda en todo el país fue siempre de feminización, pero las expresiones públicas comunicacionales, por ejemplo una serie o el testimonio de una persona que se masculinizó, abrió la puerta y podemos decir que hay más casos, y eso también impacta en el equipo de salud”, aseveró el Coordinador provincial de Salud Sexual y Reproductiva, Oraldo Llanos. De hecho, “en la provincia estamos sosteniendo tratamientos con hormonas bastante equitativos, tanto para masculinizar como para feminizar, cuando en general la tendencia de acompañamiento de las personas eran más para feminizar”. Pero además, se realizan tratamientos para personas quuer, aquéllas que con sexo asignado al nacimiento masculino o femenino, tienen identidad de género que no es ni masculina ni femenina, o bien es una combinación de ambas, o es fluida.

 

El sistema de salud provincial es pionero en este tipo de tratamientos y en sus políticas generales respecto a las personas trans. Ya en 2009, tres años antes de la sanción de la Ley nacional de Identidad de Género (N° 26.743) que produjo un antes y un después en el modelo de atención nacional de este grupo de personas, el servicio de Endocrinología del hospital Iturraspe (que hoy funciona en el Cemafe) había atendido la primera consulta de una mujer trans que quería recibir hormonas. Fue el inicio de un largo camino, lleno de incertidumbre, pero que logró afianzarse con el paso de los años. “En aquel momento, los tratamientos de hormonización eran un tema prácticamente desconocido, no sólo en el ámbito de la endocrinología local, sino también internacional. De hecho las guías internacionales son de esa época”, contó la Dra. Fabiana Masjoan, médica endocrinóloga del equipo del Cemafe, que fue precisamente quien recibió el primer caso que llegó al sector público hace 10 años, y continúa atendiéndolos.

 

Las preguntas frecuentes

 

¿En qué consisten la hormonización? “Llevar los niveles hormonales a los mismos valores del género que la persona autopercibe. Por ejemplo, una mujer trans tiene que tener los mismos niveles de hormonas femeninas que una mujer biológica, y lo mismo con un varón trans, tiene que tener los mismos niveles de testosterona que un varón biológico”, explicó la especialista.

 

¿Cómo se logra? En mujeres trans se administran estrógenos y antiandrógenos, estos últimos son fármacos que bloquean o reducen los efectos fisiológicos de la testosterona, y se administran por vía oral, en comprimidos. Cuando no se han reconstruido sus genitales, se les dan anti-andrógenos. Y, para los varones trans, usamos testorena inyectable, aunque también existen geles, pero no se usan mucho. La inyección es periódica, se aplica cada dos o tres semanas, incluso hay preparados que se usan cada tres meses, así que es muy cómodo”, agregó.

 

¿Qué cambios físicos producen? Al administrar hormonas para feminizar, disminuye la masa muscular y el detiene el crecimiento de vello, la piel se vuelve más suave, y disminuyen también las erecciones espontáneas y la producción de esperma; respecto a la voz, no hay cambios, pero sí se pueden hacer tratamientos con fonoaudiólogos. Al masculinizar, crece el vello facial y corporal, aumenta la masa muscular, cesa la menstruación, se agranda el clítoris y se produce atrofia vaginal y se engrosa la voz.

 

¿Tienen efectos colaterales? “La hormonización es individualizada de acuerdo a las preferencia de las personas y a la aparición de efectos colaterales, que es un gran problema. Si bien los estrógenos (que son las hormonas femeninas), como los andrógenos (las masculinas, básicamente testosterona) tienen un montón de efectos que la persona desea, hay otros que son indeseables, entonces debe ser supervisada por un médico para controlarlos o evitarlos. Con lo cual, antes de empezar, se hace una serie de controles y de estudios de laboratorio, interconsultas con otras especialidades, para ver de dónde partimos”, detalló la doctora.

 

¿Son reversibles? La hormonización es de por vida, a menos que la persona trans desee lo contrario, o que aparezcan efectos colaterales serios que impidan continuar con la administración de hormonas. Se pueden complementar con cirugías, si la persona lo desea. Puede ser en el tórax (implantes mamarios en mujeres trans o extirpación de mamas en lo varones trans). Y reconstrucción genital. Pero no todas las personas lo desean. Hay cirujanos especializados en esto, en Rosario”.

 

¿Firman un consentimiento informado? “Siempre saben los efectos adversos, se conversa mucho desde la primera consulta, generalmente llegan con mucha información. Se habla de las opciones, de qué tienen que esperar, porque a veces las expectativas son muy altas y no siempre logran los cambios que desean, o no tan rápido como quieren. Les explicamos en qué tiempos van a aparecer los cambios, qué cambios hay que esperar, qué situaciones son reversibles o no si suspenden. Tenemos un consentimiento que firman para darles información. Por ejemplo: informamos a varones trans que ante un embarazo no pueden recibir más la testosterona, porque a veces uno supone que un varón trans no desea un embarazo y no es así, hay muchos varones trans que lo desean o que tienen relaciones sexuales con varones biológicos por vía vaginal. Entonces, aparte de la hormonización, hay que buscarles un método anticonceptivo.

 

¿Qué pasa con los menores de edad? Deben venir acompañadas de un adulto responsable, que puede ser uno de los progenitores o un tutor. Y los dos deben firmar el consentimiento.

 

Por Luis Dugloszewski

 

 

Atañe a todos los médicos

 

—¿Cómo es para el equipo médico acompañar todo ese proceso de cambios de una persona que se autopercibe desde pequeño con otro género y decide cambiar, que ha pasado por situaciones de mucho rechazo y discriminación, y de repente empiezan a verse como desean?

 

—Los que formamos parte del equipo que trata personas transgénero, ya sabemos lo que implica el tratamiento y sus efectos, pero muchas veces tienen que hacer una consulta con otra especialidad y por ahí hay desconocimiento porque es todo bastante reciente, entonces los médicos reaccionan temerosos, dicen que no entienden nada, que no saben qué hacer, y que no los pueden atender... Uno trata de armar una red entonces ya sabemos a qué profesionales derivar los pacientes. El trabajo desde los sistemas de salud pasa también por ahí, se han hecho reuniones con los equipos de salud para que estén interiorizados de todo esto, pero todavía falta, hay desconocimiento del personal administrativo hasta de los profesionales, porque la salud de la persona transgénero no sólo es la hormonización, tiene problemas como cualquier otra persona, tiene que hacer los controles habituales y a su vez hay cambios que los profesionales de la salud, aunque no hagan específicante la hormonización, tienen que saber. Por ejemplo, el riesgo cardiovascular cambia en los varones trans, por ejemplo; las mujeres trans tienen más riesgo de tener fenómenos tromboembólicos que es lo que más cuidamos, entonces, por ejemplo, si consultan en una guardia por alguna causa, deberían poder manifestar, como cualquier otra persona, qué medicamentos toman, incluidas las hormonas, y la comunidad médica y los otros profesionales de la salud, deberían conocer los aspectos fundamentales. Muchos médicos lo ven como algo que no nos atañe a todos, y eso es lo que tiene que cambiar porque el profesional de la salud es para todas las personas, entonces así como uno aprende las cosas de un embarazo o de un adolescente, va a haber que cambiar la mentalidad para incorporar la parte transgénero.

 

Previo a este proceso de hormonización supervisada que hacemos ahora, las personas trans se autoadministraban hormonas sin ningún tipo de control, muchas veces inyectables y con más efectos colaterales. Y peor todavía, se colocaban siliconas industriales en cualquier lugar, que ha traído complicaciones nefastas. Por eso lo bueno que haya una ley y un lugar en la salud pública donde los tratamientos puedan ser supervisados por profesionales, cerró la Dra. Fabiana Masjoan.

 

 

 

 

Santa Fe, pionera

 

A partir de la sanción de la Ley de Identidad de Género de Argentina Nº 26.743 (Ver: “Qué dice la ley”), el 9 de mayo de 2012, se debe garantizar el acceso a las modificaciones corporales a través de la hormonización y/o intervenciones quirúrgicas, siempre y cuando sean expresamente decididas y solicitadas por la persona, sin necesidad de someterse a diagnósticos psiquiátricos , autorización judicial o cambio registral.

 

La provincia de Santa Fe “empezó con esto desde hace mucho tiempo, quizás antes que la mayoría de las provincias y esa ley fortaleció todo lo que tiene que ver con la identidad de género y nos dio un marco normativo porque las provincias están obligadas a realizarlos. Si bien Nación intenta acompañar, son las provincias las que ponen en juego fuertemente la decisión política de llevarlos adelante”, afirmó Oraldo Llanos, el Coordinador provincial de Salud Sexual y Reproductiva.

 

Más allá del marco normativo que rige, Llanos explicó que se abordan los tratamientos “porque consideramos que es una política de derechos humanos; la persona puede autopercibirse de distintos modos, y desde el Ministerio de Salud tratamos de acompañar de la mejor manera el proceso de afirmación del género con el que la persona se identifica”.

 

Ese acompañamiento -amplió el funcionario- se da en parte con los insumos hormonales, que es una pata importante pero no lo único, porque implica también el acompañamiento con equipos para una medicina integral, es decir, que no sólo se puedan ver los caracteres físicos que se quieren potenciar, sino la salud en general. “Hace muchos años estamos trabajando en esto y de a poco se fueron validando los equipos, que en un tiempo eran unipersonales y después se fueron integrando con el resto de los profesionales. Hoy, podemos decir que estamos tratando de mejorar el acompañamiento en toda la provincia, fundamentalmente en Rosario y Santa Fe, porque el equipo de salud que está en esto tiene que tener capacidades muy especiales de escucha, conocer el desarrollo de una persona, no solo desde lo hormonal sino desde lo psicológico”.

 

En la actualidad, hay 36 espacios de escucha y acompañamiento validados por la Nación para atender estos casos en la provincia.

 

—¿Cuánto invierte la provincia en estos tratamientos?

 

—No tenemos estimado cuánto se gasta por mes, es difícil. Son recursos que pone la provincia para afrontar los tratamientos de hormonización. Nación hace muy poquito tiempo está intentando acompañar en insumos, por lo menos con los más básicos.

 

—¿Y cuántas personas han hecho los tratamientos en la provincia?

 

—Como son tratamientos que se inician y no se finalizan, a veces no vuelve para el control porque hay situaciones intrapersonales que hacen que las consultas no sean fáciles, por eso no tenemos datos de cuántas personas han accedido a tratamientos y hayan cambiado su género desde que comenzamos.

 

Estamos tratando de tabular esos datos todas las provincias junto a la Nación, estamos en el proceso pero es muy inicial. Lo que sí sabemos es que hoy tenemos 900 personas en la provincia con tratamientos hormonales directos, tanto para feminizar como para masculinizar.

 

¿Qué dice la ley?

 

Ley de Identidad de Género de Argentina, (nº 26.743), sancionada el 9 de mayo de 2012:

 

—Permite que las personas trans sean inscriptas en sus documentos personales con el nombre y el sexo de elección.
—Establece que todos los tratamientos médicos de adecuación a la expresión de género sean incluidos en el Programa Médico Obligatorio.
—Es la única ley de identidad de género del mundo que, conforme las tendencias en la materia, no patologiza la condición trans.
—Pone en el centro la autopercepción y la vivencia de las personas sobre su propio cuerpo
—No establece, a diferencia de lo que ocurre con las leyes de otros países, ningún tipo de diagnóstico, tratamiento psicológico o psiquiátrico ni protocolos de tratamiento hormonal, quirúrgico u otro para el reconocimiento de la identidad.
—Garantiza el acceso a las modificaciones corporales a través de la hormonización y/o intervenciones quirúrgicas, siempre y cuando sean expresamente decididas y solicitadas por la persona, sin necesidad de someterse a diagnósticos psiquiátricos , autorización judicial o cambio registral. Sólo requieren autorización judicial menores de 18 años que no cuenten con la conformidad de sus representantes legales.

 

El cumplimiento efectivo de esta ley implica transformar el modelo de atención. Supone entender las identidades trans no como una patología o anormalidad sino como un conjunto de construcciones y elecciones que determinan trayectorias heterogéneas, fluidas y cambiantes, propias de las vivencias de género de todas las personas.

 

Breve glosario

 

Identidad de género: se refiere a la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente profundamente, la cual podría corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo la vivencia personal del cuerpo (que podría involucrar la modificación de la apariencia o la función corporal a través de medios médicos, quirúrgicos o de otra índole, siempre que la misma sea libremente escogida) y otras expresiones de género, incluyendo la vestimenta, el modo de hablar y los modales.

 

Disforia de género: incomodidad o malestar causado por la discordancia entre la identidad de género y el sexo asignado a la persona al nacer (y el rol de género asociado y/o las características sexuales primarias y secundarias).

 

Expresión de género: manera en que una persona comunica su identidad de género a través de su apariencia física (incluidos el atuendo, los estilos de cabello y el uso de cosméticos), los gestos, modos de hablar y patrones de comportamiento en la interacción con los demás.

 

Varón transgénero (varón trans) persona con identidad de género masculina, que fue asignado con el sexo femenino al nacimiento.

 

Mujer transgénero (mujer trans) persona con identidad de género femenina, que fue asignado con el sexo masculino al nacimiento.

 

Género “queer” (“genderqueer”) persona con sexo asignado al nacimiento masculino o femenino, que tiene identidad de género que no es ni masculina ni femenina, o bien es una combinación de ambas, o es fluida.

Autor:

Lia Masjoan




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