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Lunes 29.07.2019 - Última actualización - 9:25
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Se cumplen 30 años de la segunda final entre Unión y Colón por el ascenso...

El partido que nadie podrá borrarse de la memoria

Había sido decisiva la victoria en la cancha de Colón con los goles de Echaniz y Altamirano, pero aquel equipo del Flaco Zuccarelli la consumó siete días después, el 29 de julio de 1989, con el tiro libre de Madelón que se convirtió en mito sagrado para el hincha tatengue.

Los 11 titulares. Humoller, Passucci, Altamirano, Tognarelli, Mauri y Tomé Humoller; Fernández, González, Echaniz, Rabuñal y Madelón. <strong>Foto:</strong> Archivo El LitoralLos 11 titulares. Humoller, Passucci, Altamirano, Tognarelli, Mauri y Tomé Humoller; Fernández, González, Echaniz, Rabuñal y Madelón.
Foto: Archivo El Litoral

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Se cumplen 30 años de la segunda final entre Unión y Colón por el ascenso... El partido que nadie podrá borrarse de la memoria Había sido decisiva la victoria en la cancha de Colón con los goles de Echaniz y Altamirano, pero aquel equipo del Flaco Zuccarelli la consumó siete días después, el 29 de julio de 1989, con el tiro libre de Madelón que se convirtió en mito sagrado para el hincha tatengue. Había sido decisiva la victoria en la cancha de Colón con los goles de Echaniz y Altamirano, pero aquel equipo del Flaco Zuccarelli la consumó siete días después, el 29 de julio de 1989, con el tiro libre de Madelón que se convirtió en mito sagrado para el hincha tatengue.

Fue la sorpresa final en un año tan apasionante como inolvidable. Siempre digo lo mismo y es bueno utilizar esta fecha para ratificarlo: si el maratónico torneo duraba un par de fechas más, Unión era el campeón y Colón se “comía” el dodecagonal por el segundo ascenso.

 

Chaco For Ever se quedó con el título de campeón aventajando por un punto a un Lanús que se caía y por dos a Unión. A favor de Chaco For Ever, le tocó jugar el último partido con Lanús y allí consiguió la victoria que lo llevó a la cima en esa última fecha. Victoria necesaria, por otra parte, ya que el empate lo catapultaba a Lanús a Primera, después de haber liderado el certamen durante casi toda su extensión. Pero Unión venía “al galope”, desde el momento en que Humberto Zuccarelli le encontró la vuelta al equipo.

 

La fecha 26, cuando Unión visitó a Atlético Tucumán y perdió 1 a 0, fue el comienzo de una racha impactante. Muchas veces se contó que bastante antes hubo una fuerte charla en la vieja cancha de básquet que tenía el club, detrás de la platea principal y donde hoy está la playa de estacionamiento. “Nos juntamos y nos dijimos las cosas que teníamos que decirnos”, contó alguna vez el Pepe Castro. La llegada de Madelón para la segunda rueda fue clave, pero ya el equipo había empezado a funcionar. El 4-3-1-2 se encontró a partir de algunas decisiones clave del entrenador. Carlos González había llegado de “9” y terminó siendo un “8” potente, dinámico, de ida y vuelta, laborioso en la recuperación y con llegada. Recuerdo una charla con Zuccarelli antes de aquellas finales, cuando le pregunté cuál era el jugador que más había crecido en todo ese tiempo. “¡Carlos González!”, exclamó el Flaco, sin dudar. Y también el hecho de haber encontrado, en Víctor Manuel Rabuñal, a un jugador capaz de hacer muy bien el carril por el otro costado, aún superando su condición de diestro y dejando abierta, con inteligencia, toda la banda para que aparezca el Gringo Humoller, un verdadero tractor —al igual que el Negro Altamirano— para provocarle sorpresa y disgusto al rival.

 

 

Aquél plantel se había armado con jugadores hechos, con verdaderos caudillos. A aquella frustración del descenso en la Bombonera, se la trató de paliar con nombres. Passucci había jugado en el Boca de Maradona; el Pepe Castro había salido, pocos años antes, campeón de la Libertadores con Argentinos Juniors; Rabuñal venía de Racing, Echaniz también era un experimentado y Alberto Violi, el técnico que armó aquél plantel, se había fijado en un cordobés que se cansaba de hacer goles —Dante Fernández— para traerlo a Santa Fe y convertirlo en un suplente de lujo para aquella dupla Castro-Echaniz que provocaba temores a granel en los rivales.

 

A todo esto, con humildad y sencillez, los de atrás no fallaban. Jorge Mauri pasó de ser volante central a zaguero, formando una buena dupla con Tito Tomé. A ellos se acoplaba Tognarelli en el arco y lo ya dicho: la gran categoría de los dos laterales (Altamirano y Humoller), quienes luego, rápidamente, iban a abandonar la institución merced al gran nivel que habían tenido, sobre todo en esa temporada.

 

El camino previo

 

 

El camino recorrido por ambos equipos no fue fácil, aunque lo hicieron sencillo. Colón sorteó a Villa Dálmine, Huracán y Lanús; Unión lo hizo con Deportivo Italiano y con Almirante Brown. Unión venía con el envión de ese final a toda orquesta que había tenido en el campeonato regular de 42 fechas y con algo más de descanso. Colón, en cambio, había tenido más contratiempos. Al equipo lo había armado Harguindeguy, también con muchos jugadores de renombre que llegaron a Santa Fe, como Raúl de la Cruz Chaparro, el Chino Wolheim, Escobedo, Nicosia, Míguez, el Flaco Wirzt, entre otros, que se acoplaron a varios jugadores de buen nivel que había en el club, sobre todo el Zurdito Verdirame, figura de ese equipo.

 

La gran anécdota

 

Colón consigue la clasificación para la final cuando con un gol de Verdirame, logró empatar el choque con Lanús en Buenos Aires (ya había ganado el partido de ida), pero sufriendo la expulsión de un jugador clave como el Chino Wolheim, tan combativo para recuperar la pelota como claro para jugarla y aportarle fútbol al equipo.

 

El doctor Súper Manuel Corral viajó a Buenos Aires el lunes posterior a ese partido con un video. El Chino Wolheim lo hizo el martes a presentar su descargo, también llevando el video. La contestación que le dio el Tribunal a Wolheim fue: “guarde el video, ya lo tenemos”.


La realidad es que a Wolheim lo suspendieron por dos partidos y así se quedó afuera de las dos finales. Colón perdió un jugador fundamental para afrontar aquellas dos finales.

 

 

 

 

La ida fue decisiva

 

El 2 a 0 en el partido de ida, el 22 de julio, resultó decisiva. El Flaco Zuccarelli armó un video conmovedor que le mostró a los jugadores en el mismo vestuario visitante del estadio sabalero. Unión salió a la cancha decidido a “comerse vivo” al rival, que, no obstante, tuvo una situación que podría haber cambiado la historia, aunque sea en parte: fue una situación increíblemente malograda por Cachito Vera, solo ante Tognarelli en el arco de la Jota Jota Paso.

 

Los goles de Echaniz y Altamirano le dieron al equipo del Flaco Zuccarelli una ventaja decisiva sobre el de Orlando Medina. Faltaba completar la obra y eso debía producirse siete días después, en el 15 de Abril.

 

El “Madelonazo”

 

Día gris, frío. La ciudad expectante como nunca, movilizada, nerviosa y ansiosa. Los dos planteles concentrados en Paraná, lugar elegido para apartarse de un clima muy particular que se vivía en cada barrio, en cada esquina, en cada oficina y café de la ciudad.

 

El 0 a 0 parecía inamovible. Se jugaba como se debe jugar una final, con dientes apretados, sin lucimiento, yendo a disputar cada pelota como si fuese la última. Lo que vino es historia conocida. Faltaba poquito para el final. Los hinchas de Colón veían que el tiempo consumía las pocas esperanzas. El de Unión miraba desesperadamente el reloj, como esperando que, de esa manera, el tiempo pase más rápidamente. Tiro libre a favor atacando hacia el arco que da a la tribuna de la barra de las bombas. Humoller amagó pegarle por afuera de la barrera, la pisó y Madelón sacó el remate seco y abajo, que se metió junto al palo derecho de un desesperado Wirzt. Gol, delirio, festejo enloquecido, vuelta olímpica y a prepararse rápidamente para volver a jugar en Primera, casi, casi con el mismo equipo. 

 

Fue hace 30 años. Para muchos parece que fue ayer. O en todo caso, lo tienen tan metido en su memoria y en sus corazones, que jamás se olvidarán de aquél 29 de julio de 1989. El día que Unión retornaba a Primera ganándole la final nada menos que a su rival de todos los tiempos.

Autor:

Enrique Cruz


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