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Sábado 03.08.2019 - Última actualización - 18:42
18:41

Crónica política

"Recordaba aquellas horas de garufa"



Crónica política "Recordaba aquellas horas de garufa"

Rogelio Alaniz


I

Me preguntan por qué como periodista firmo una solicitada de apoyo a Mauricio Macri. Sencillo: porque soy libre para firmar lo que se me ocurra; porque soy ciudadano y ejerzo mis derechos; porque pienso la política y realmente debería dedicarme a otra cosa si a esta altura del partido no supiera por quién votar o no me animara a decirlo. Me sorprende que se admita que un historiador, un sociólogo o un politólogo puedan dar a conocer su voto como ciudadanos, mientras se critica que lo mismo haga un periodista. Se supone que es posible distinguir la condición de ciudadano de la profesión que ejerce. Y que es mejor decir la verdad que callarla.


II

Herme Juárez y la corrupción de un sindicalismo que se presenta bajo la faz de cooperativa como coartada para hacerse multimillonario. Increíble. Las cooperativas nacieron en nombre de la solidaridad y el populismo logró la hazaña de transformarlas en cuevas de ladrones. Pregunto: ¿Es necesario hacer pública la identidad política del señor “Vino Caliente”? ¿Es posible que un señor con esos millones, esos sindicatos y ese apodo pueda pertenecer a otra fuerza política que la que usted está pensando? Como diría tío Colacho: “A papá mono con bananas verdes”.


III

Hay en el populismo una contradicción irresoluble. Dicen defender los ferrocarriles y los redujeron a chatarra con sus corruptelas; dicen defender la educación pública y los Baradel la están dejando en ruinas; dicen defender Aerolíneas Argentinas y todo lo que hacen es hundirla. De todos modos yo no impugnaría al kirchnerismo por populista, por nacional y popular, por izquierdista o por peronista, todas opciones políticas buenas o malas pero legítimas. Al kirchnerismo se lo debe impugnar por haber fundado un atroz e insaciable régimen cleptocrático. No olvidar que en las campañas electorales hay cosas que se dicen y cosas que se callan. Lo que Alberto Fernández calla (nunca lo olvide) es que si gana las elecciones por la vía del indulto, la amnistía o la pueblada, los corruptos quedarán en libertad y todas las causas de Ella serán archivadas. El primer aniversario del descubrimiento de los cuadernos de la corrupción debería hacernos recordar que esa corrupción merece ocupar la centralidad del debate electoral, porque lo que nunca se debe perder de vista es que el régimen kirchnerista fue una poderosa y voraz cleptocracia.


IV

No sé si Alberto Fernández es fascista; sí sé que el estado de derecho le importa tres pitos. Como buen kirchnerista no cree en él, por más simulacros verbales que haga. A Sandra Pitta, señor Alberto, no la cuida usted como si fuera Luis XIV; en una república, la protege la ley. El problema de los K es que por razones electorales debe sostener un discurso moderado en el que no creen. Así se explica que a cada rato derrapen como lo hace Alberto Fernández cuando agrede a los periodistas o cuando escracha a Sandra Pitta. Como el alacrán, no puede con su naturaleza.


V

Cientos de miles de venezolanos llegan a nuestro país corridos por el hambre y la represión. Según Cristina, son tan imbéciles que se trasladan a un país donde el hambre es igual o superior al de Venezuela. Nunca en la historia de la humanidad se registró un caso parecido en el que los inmigrantes escapan de un país para ir a otro a pasar igual o más hambre. Equiparar el hambre de Venezuela con el de Argentina, como hizo Cristina, no solo es una mentira, sino que una vez más pone en evidencia el “estilo” político K, una suerte de culebrón político forjado con caricaturas, embustes y sensacionalismo militante.


VI

El Alberto promete aumentar salarios y jubilaciones y regalar medicamentos a los jubilados. La pucha que había resultado fácil gobernar. Yo no sé cómo Macri no se dio cuenta. Me sumo a la piñata y agrego dulce de leche gratis en todas las esquinas del país a la salida de clase. Promesas fáciles y conspiración. De Guido di Tella y el dólar “recontralto” para sacarlo a Raúl Alfonsín “escupiendo sangre”, a Alberto Fernández y “el dólar competitivo” y las Leliq para alentar una corrida cambiaria, se describe el comportamiento desestabilizador del populismo contra los gobiernos que no son de su signo.


VII

La señorita Ofelia se queja de la burguesía porque “le seca la concha” y sugiere que la revolución la erotizaría. Algo así como “la culminación alucinante de la libido”, como alguna vez escribió el para nada libidinoso Hernández Arregui. Aconsejo a la señorita Ofelia aprender a distinguir entre rebeldía y revolución, porque, tal como lo enseña la historia, todas las revoluciones antiburguesas hicieron estragos en materia erótica. Las revoluciones son muy estimulantes y lúdicas hasta que se establecen. Una vez en el poder, no solo secan sino que mutilan. Le guste o no a la señorita Ofelia, solo en las sociedades burguesas la rebeldía está permitida y hasta es bien vista, y solo en las “detestables” sociedades burguesas la sexualidad se expresa con la mayor libertad posible. Comparado con Lenin, Firmenich o Santucho, monseñor Aguer es un liberal disoluto.


VIII

No deja de ser un hecho políticamente asombroso que el peronismo gane por paliza en la empobrecida Matanza, después de haber gobernado durante casi treinta años en un territorio donde llovieron con su complicidad todos los sapos y culebras del infierno. Asombroso y bizarro. En la misma línea digna de cómicos de la legua, se inscribe Juan Grabois, cuando asegura que el Morsa Fernández y Julio De Vido son lo peor que le pudo pasar al kirchnerismo. A Grabois le recuerdo que estos dos señores ejercieron responsabilidades decisivas en el kirchnerismo al punto de que no hay kirchnerismo sin De Vido y sin el Morsa. ¿Entonces, Grabois, a qué kirchnerismo defiende? Por su parte, el Alberto Fernández de 2005 ministro de Néstor, es el mismo de 2011 criticando a Cristina con ferocidad, y es el mismo que ahora se proclama candidato de Cristina. No cambió porque a lo único que se mantuvo fiel es a su voracidad de poder.


IX

Cristina calificó a la soja como yuyo; en otra ocasión se burló de la Universidad de La Matanza; más de una vez se le escaparon chistes procaces; ahora se ríe de las Pymes y supone que los venezolanos que llegan a la Argentina son “artistas del hambre”. Sinceramente, Arturo Jauretche se perdió un personaje ideal para teorizar acerca de la tilinguería y el medio pelo. Más elemental, pero no menos incisiva, mi tía Cata hubiera dicho levantando apenas la voz: “¡Pero que chica cabeza hueca!”.


X

Cuando el Morsa dice que prefiere dejar los hijos con Ricardo Barreda comete un acto de una violencia y una grosería digna del personaje. Es notable la agresividad de los peronistas contra María Eugenia Vidal. Primero fue Cristina, después el Morsa Fernández, ahora Verónica Magario. Pareciera que no le perdonan que sea diferente a ellos: más sensible, más popular, más decente, más digna, más mujer en el más digno y noble sentido de la palabra.


XI

Las asignaturas pendientes con el dirigente aeronáutico Pablo Biró y sus compinches incluyen los comunicados leídos a un público cautivo, pero también el maltrato y perjuicio a los viajeros declarando huelgas sin aviso previo, la violencia y grosería verbal y el descarado proselitismo político. La protesta de Luis Brandoni contra la decisión arbitraria de los pilotos de Aerolíneas de emitir comunicados proselitistas con los pasajeros cautivos, es un acto de dignidad ciudadana. Ojalá hubiera varios como él decididos a levantar la voz contra la prepotencia de burócratas y canallas.


XII

Y ya que hablamos de actores: me resulta desopilante que la Asociación de Actores Argentinos (AAA) no diga una palabra por los agravios de Moyano contra Julio Chávez. “No es más la AAA, es la AAK, es decir, la Asociación de Actores Kirchneristas”, me dijo Luis Brandoni. Ahora sí me queda todo claro. En este reino del Señor, hay torturadores progresistas como César Milani; machistas progresistas como Federico Lupi y el Morsa Fernández y censura progresista como la que pretende ejercer Hugo Moyano.




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