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El Litoral
Sábado 10.08.2019
10:19

“VIAJE A SONGOROBOCHE”

Pequeña odisea del espacio

El grupo La Fosa de San Justo presentará su obra teatral dentro del ciclo “Aprendiendo Juntos a ver Teatro”, que promueve el Centro Cultural Provincial. A través de diversas técnicas, con primacía del clown, narra las peripecias de tres aventureros del espacio que van en busca de nuevos planetas.

Tres aventureros del espacio van en busca de nuevos planetas, un humano Tadeo, la robot Timotea y Teodoro, un habitante del planeta Bruntux. <strong>Foto:</strong> Gentileza producciónTres aventureros del espacio van en busca de nuevos planetas, un humano Tadeo, la robot Timotea y Teodoro, un habitante del planeta Bruntux.
Foto: Gentileza producción

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“VIAJE A SONGOROBOCHE” Pequeña odisea del espacio El grupo La Fosa de San Justo presentará su obra teatral dentro del ciclo “Aprendiendo Juntos a ver Teatro”, que promueve el Centro Cultural Provincial. A través de diversas técnicas, con primacía del clown, narra las peripecias de tres aventureros del espacio que van en busca de nuevos planetas. El grupo La Fosa de San Justo presentará su obra teatral dentro del ciclo “Aprendiendo Juntos a ver Teatro”, que promueve el Centro Cultural Provincial. A través de diversas técnicas, con primacía del clown, narra las peripecias de tres aventureros del espacio que van en busca de nuevos planetas.

 

El jueves 15 de agosto, a las 14, tendrá continuidad el ciclo “Aprendiendo juntos a ver teatro”, que promueve el Centro Cultural Provincial en su sede de Junín 2457. En esta ocasión, subirá a escena la obra “Viaje a Songoroboche” del grupo La Fosa de la ciudad de San Justo. Es una obra que ya lleva unos cinco años de funciones en distintos escenarios, que apela a un abanico de técnicas que incluye el clown y los títeres para proponer al público “descubrir otros universos”.

 

La Fosa viene trabajando desde hace tiempo en nuevas formas de realización de las artes escénicas y en el desarrollo de miradas sobre los nuevos públicos, siempre bajo la tutela de Lucas Ranzani, quien charló con El Litoral respecto a la puesta que pondrán a consideración de los chicos de Santa Fe.

 

—¿Cómo trabajaron la dramaturgia de “Viaje a Songoroboche” , teniendo en cuenta que es una obra dirigida al público infantil?

 

—Por ahí suena a frase hecha, pero es una obra para toda la familia. Tiene guiños para adultos o chistes que los niños más pequeños no van a disfrutar tanto como alguien mayor o un joven, pero tiene de todo. Fue dramaturgia del actor. Ensayamos y probamos cosas, yo iba recopilando esa información y trabajándola después en “la máquina”, mezclando imágenes e ideas con el trabajo de los actores.

 

—¿Cuáles son los códigos que hay que tener en cuenta al trabajar este tipo de propuestas?

 

—Todo el trabajo en San Justo surge, primero, de un taller de clown que derivó en uno de humor, que fue el mismo grupo que continuó al año siguiente. Luego de esos dos años de trabajo con el humor y el clown, decidimos dividir el grupo en dos y crear dos obras de teatro. Esta obra es el resultado de esos años de trabajo. De modo que la base fue el clown. 

 

Explorador universal

 

—¿De qué se trata “Viaje a Songoroboche?

 

—Es la historia de Tadeo Pinchimafrule, un historiador, un descubridor universal que habita en un futuro muy distante, en donde todo el Universo ha sido descubierto. Y la gran mayoría de este Universo ha sido descubierto, precisamente, por Tadeo. Hasta que un día descubre que queda un planeta por descubrir. Entonces sale con su tripulación, con su robot Timotea y su asistente humanoide y se van a descubrir este nuevo planeta con su nave espacial. Ahí comienzan las peripecias: el viaje, el encuentro con seres de otros planetas. Es como una especie de pequeña odisea, tanto a la ida como en el regreso del nuevo planeta. 

 

—¿Cómo fue la creación de los personajes? 

 

—Fue mucho juego. Lo primero fueron los nombres. Teníamos todos nombres con “t”, no me preguntes por qué. Luego jugamos con la posibilidad de que puedan ser otras cosas además de seres humanos. Entonces surge el animal y el robot. Enseguida esa conjunción y esos cruces entre personajes de distinta morfología nos llevó al futuro, al cruce de planetas y 
razas distintas. Incluso está el presidente del Universo, que es un gallo. Así fuimos jugando, creando y formando la historia. 

 

—Y ahí habrán aparecido los guiños, la referencia a los lugares comunes de la ciencia ficción.

 

—Por supuesto. Hay extraterrestres buenos y malos, monstruos. Hay muchas cosas que con la luz, los títeres y los colores deslumbra mucho a los chicos. Hay muñecos gigantes. Está la propia nave que se transforma.

 

Sin vueltas

 

—¿Cuáles son las cualidades que tiene que tener un actor que tiene que intervenir en una propuesta de estas características?

 

—No difiere mucho con lo que tiene que dominar el actor, por decirlo de alguna manera, universal. Tiene que brindarse al juego y a la experimentación. No frustrarse cuando la cosa no avanza. Saber que cada paso hacia atrás es uno hacia adelante. Se necesita tiempo, confianza, entrenamiento, paciencia y juego. 

 

—¿Sienten que el público infantil es más exigente que el público adulto?

 

—El público infantil no anda con vueltas. Eso es lo lindo. El pibe te grita que se aburre, que la está pasando mal, se levanta, se va, come, comenta. El adulto se la banca, si se está durmiendo, trata de disimularlo. He escuchado en obras de teatro cinco pibes a los gritos diciendo “¡Me aburro, hagan algo más divertido!”. Y tienen razón. Ojalá los adultos pudieran hacer lo mismo. 

 

—Al mismo, tiempo, eso entraña un desafío grande.

 

—Por supuesto. A veces cuando se logra (y con esta obra lo estamos logrando bastante) que los chicos estén interesados y participen es maravilloso. 

 

—En ese sentido, supongo que será una experiencia interesante participar en un ciclo como “Aprendiendo juntos a ver teatro”, donde la idea es que la obra no muera en la función sino que se trabaje después.

 

—Eso es lo mejor, que la obra no muera en la representación, sino que siga viva después. Cómo dice (Mauricio) Kartún, que “sobrevuele la milanesa”. 

 

En cifras


17.400 niños participaron entre 2016 y 2018 de las distintas ediciones del ciclo “Aprendiendo juntos a ver Teatro”, que promueve el Centro Cultural Provincial. El propósito es promover la participación de los públicos, la formación de audiencias y la inclusión de grupos sociales con menor acceso a las ofertas y espacios artístico-culturales.

 

 

 

 

 

 

 

 

Autor:

Juan Ignacio Novak


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