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Domingo 25.08.2019
19:51

Espacio para el psicoanálisis (por Luciano Lutereau)

El amor cabe en una canción



Espacio para el psicoanálisis (por Luciano Lutereau) El amor cabe en una canción

Luciano Lutereau

 

Cuando trabajo en la computadora pongo música. Escuché recién en la radio, de casualidad, una versión de “Viento dile a la lluvia” de Lito Nebbia, cantada por Hilda Lizarazu. Me impresionó cómo Hilda, que tiene una voz tersa y suele cantar las vocales de forma brillante y vibrátil, no pudo evitar cantarlas de forma engolada, como suele hacerlo Lito. Eso es una forma, eso es una voz. Es lo que hace de Nebbia una de las voces más hermosas del rock nacional y no haber escrito tal o cual canción.

 

Recuerdo que hace un tiempo Andrés Calamaro lo invitó a cantar “Para no olvidar” y a Andrés se le iba la voz para el polo Nebbia... ¡en su propia canción! Eso es lo que yo le digo a mis alumnos que tienen que hacer: cuando se va un paciente, traten de hablar como él (o ella), sáquenle la voz, encuentren su modo de hablar y ahí van a entender lo que le pasa a alguien más allá de lo que dice. Es lo que a veces pasa también con algunos acentos: está quien viaja a España y vuelve hablando en gallego, pero también el español que viene y los argentinos quedan hablando como él. La voz es forma y se impone. Un cordobés en una reunión de porteños hace un destrozo.

 

Hilda Lizarazu tiene una voz magnífica, muy autónoma, ¿cómo es que la voz de Lito se le metió tan adentro? Me acuerdo de otra ocasión, cuando estuvo en un programa de televisión para cantar “Sólo se trata de vivir” y estaban María Rosa Yorio, Juan Carlos Baglietto y (creo) Fito Páez. Nebbia sentado en el piano los hizo cantar esas vocales anchas y llenas de un sonido opaco que sólo él sabe cantar mejor que nadie, porque él las inventó. Cuando yo era chico, mi papá tenía en el auto un casete suyo que escuchábamos mucho. Todavía me emocionan los versos “Dicen que viajando/ se fortalece el corazón”, pero mucho más amo su voz.

 

Hay muchas voces que amo. Que no sé qué dicen, pero las escucho siempre, las conozco muy bien, las llevo conmigo a todos lados; pero aprovecharé esta ocasión para hablar de otra historia de amor, también a partir de una canción que me encanta. Es una canción tonta, como todas las canciones que, en definitiva, hablan de amor. La escribió Miguel Zavaleta a principios de los ‘80, dedicada a Hilda Lizarazu, que es quien primero la graba para el disco debut de Man Ray (1988). Para ese entonces la pareja estaba terminada. Miguel tocaba esa canción en vivo, pero recién la grabó para el reencuentro de Suéter, a mediados de los ‘90, con una colaboración de Andrés Calamaro (el que todavía no era Bob Dylan). ¿Por qué Miguel grabó esa vieja canción, con la misma letra de los ‘80? No era algo necesario. Podría no haber sido. ¿Qué reencontró cuando se volvió a juntar Suéter?

 

El video de la canción, mientras la banda toca, muestra imágenes desteñidas de un pasado en el que dos amigos aman a una misma mujer. La mujer es muy parecida a Hilda... Pero la pregunta no es por el dato histórico (cuando Man Ray graba la canción, Hilda ya está en pareja con Tito Losavio), sino por la letra: para los dos empieza “Cuántos días deberán pasar/ Cuántas horas más tendremos que esperar”, pero en la grabación de Hilda el tercer verso es “Extraño ser, no puedo hablarte” mientras que para Miguel es “Extraño ser, estoy tan solo”. Y Miguel enfatiza: “Mirándote, estoy tan solo, esperándote”. La de Man Ray es una canción alegre, mientras que la de Suéter es triste.

 

Escribo esto mientras escucho en Youtube un acústico reciente de Hilda en el que vuelve a cantar la canción. Hace poco me pasó lo mismo con Miguel. Esa canción los persigue, parece no soltarlos, como si todavía dijera lo que Hilda no podía “hablar” y Miguel sigue “mirando”. No importa qué, la historia está hecha de detalles menores, interpretaciones irrelevantes, chismes. Yo prefiero pensar que cada vez que cantan esa canción se vuelven a decir algo para lo que no alcanzan las palabras y que a veces se traduce con la expresión “cerca mío”, que está en ambas versiones... Pero, ¿no debería decir “cerca de mí”? Aquí pareciera haber un error, o un lapsus. Si no me equivoco, “cerca de mí” es la forma correcta, dado que un adjetivo posesivo no puede ir precedido por un adverbio. ¡No se puede poseer lo que el adverbio indica! “Cerca” no es algo propio. Aunque como bromean los españoles, salvo entre vascos. Y Zavaleta y Lizarazu son apellidos vascos. En fin, podría seguir, sabemos a dónde podría llevar esto, pero que mejor sea parte de esa intimidad que, por pudor, sólo podemos espiar de lejos.

 

Hay muchas voces que amo. Que no sé qué dicen, pero las escucho siempre, las conozco muy bien, las llevo conmigo a todos lados; pero aprovecharé esta ocasión para hablar de otra historia de amor, también a partir de una canción que me encanta.

 

Traten de hablar como él (o ella), sáquenle la voz, encuentren su modo de hablar y ahí van a entender lo que le pasa a alguien más allá de lo que dice. Es lo que a veces pasa también con algunos acentos: está quien viaja a España y vuelve hablando en gallego, pero también el español que viene y los argentinos quedan hablando como él.




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