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Jueves 05.09.2019 - Última actualización - 11:39
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Luego de un “descanso” de siete años

Árbol vuelve a Santa Fe

El próximo domingo 8 de septiembre, regresa a nuestra ciudad la banda Árbol para repasar sus más de veinte años de trayectoria. La cita es en el Complejo Piedras Blancas a partir de las 19 y las bandas que abrirán la jornada serán Kerai y Cruce.

 

Actualmente, la banda está compuesta por Hernán Bruckner, Martín Millán, Pablo Romero y Sebastián Bianchini, todos miembros originales. <strong>Foto:</strong> Gentileza producciónActualmente, la banda está compuesta por Hernán Bruckner, Martín Millán, Pablo Romero y Sebastián Bianchini, todos miembros originales.
Foto: Gentileza producción

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Luego de un “descanso” de siete años Árbol vuelve a Santa Fe El próximo domingo 8 de septiembre, regresa a nuestra ciudad la banda Árbol para repasar sus más de veinte años de trayectoria. La cita es en el Complejo Piedras Blancas a partir de las 19 y las bandas que abrirán la jornada serán Kerai y Cruce.   El próximo domingo 8 de septiembre, regresa a nuestra ciudad la banda Árbol para repasar sus más de veinte años de trayectoria. La cita es en el Complejo Piedras Blancas a partir de las 19 y las bandas que abrirán la jornada serán Kerai y Cruce.  

 

Lisandro Plank

 

La banda Árbol comenzó a dar sus primeros pasos en el barrio de Haedo en 1994, pero podríamos relacionarla directamente con el auge de la música del nuevo siglo de nuestro país. Precisamente, es en el año 99 cuando lanzan su segundo disco, homónimo a la banda, producido por Gustavo Santaolalla y que contenía casi las mismas canciones que “Jardín Frenético”, su primer trabajo publicado de manera independiente en el 96. Unos años después lanzarían “Chapusongs” (2002) y “Guau!” (2004), y de la mano de ambos discos llegaría la popularidad y la gran masividad de esta banda que, desde que irrumpió en la escena, supo consolidarse de la mano de su poco interés por encasillarse en algún género determinado y complementándose con la impronta de sus recitales en vivo, en los cuales lograban hacer bailar y poguear a un público que aumentaba en cada show.

 

Actualmente, la banda está compuesta por Hernán Bruckner, Martín Millán, Pablo Romero y Sebastián Bianchini, todos miembros originales, quienes volvieron a juntarse luego de una pequeña pausa que la banda decidió tomarse en el año 2010. Su vuelta se produjo en 2017, con una presentación en el festival Ciudad Emergente en el Centro Cultural Konex y desde ese entonces se pusieron manos a la obra para darle vida nuevamente a una banda que en su eclecticismo encuentra su esencia.

 

En la previa de lo que será una nueva presentación de la banda en nuestra ciudad, dialogamos con Pablo Romero para desandar sus caminos en la música, sus proyectos a futuro y para adelantar un poco cómo será este nuevo show en Santa Fe.

 

—Desde que aparecieron fueron una banda un poco rara para lo que era la escena rockera de esos tiempos, ¿Cómo fueron encontrando ese estilo tan particular?

 

—En nuestros inicios se veía que estaba muy marcada la influencia de la música tan variada que nos gustaba. En los noventa escuchábamos desde Pearl Jam, Soundgarden y Nirvana, hasta Frank Zappa y también mucha música nacional; y eso de escuchar muchas cosas diferentes hizo que lo que componíamos llevaba consigo una gran variedad de estilos. Pero también pasó que esa onda ecléctica que fuimos consolidando tenía que ver más que nada con nuestra forma de trabajar, siempre se dio que todos componíamos y aportábamos ideas. Entonces por ahí uno llevaba una idea para una canción y eso se iba transformando cuando pasaba a manos del resto de la banda. En un grupo siempre hay que consensuar todo, entonces las canciones se nutrían gracias a todos y a pesar de ser diferentes entre sí, las disfrutábamos a todas de igual manera.

 

—Algo nuevo que introdujeron fue el hecho de trabajar mucho con la armonía vocal en las canciones ¿Cómo llegaron a eso?

 

—Como todos proponíamos, entonces también pasaba que cada uno quería cantar lo que hacía. Entonces ahí fue como empezamos a pensar en que, si íbamos a cantar todos, era mejor hacer arreglos y no cantar al unísono, o que sea lo habitual de voz principal y coros. Entonces decidimos empezar a jugar con las voces y armar armonías; por otra parte, todos estábamos paralelamente participando en coros, o en otros proyectos como cantantes, entonces se fue afianzando eso de darle vuelo armónico a las voces, con lo cual se terminó dando naturalmente y nosotros asumimos que era una cualidad que teníamos para implementar en nuestra música”. 

 

—¿Cómo vivían el hecho de que sea tan difícil encasillarlos en algún género?

 

—En realidad, siempre nos pasó que todos teníamos ideas de todo tipo; cuando se juntan los músicos, sean dos, tres, o diez, ese grupo va a tener una identidad compuesta por la mezcla de todos sus integrantes. Es como mezclar varios colores, siempre va a resultar un color único. Entonces nosotros obtuvimos un ADN de grupo, que fue el nuestro, por más que resulte difícil después encasillarnos en algún género, pero eso tampoco nos preocupaba mucho porque tampoco nos gustaba eso de tener que ocupar un lugar determinado. No pensábamos en si íbamos a sonar rockeros, o hardcore, o pop; simplemente nos gustaban las canciones que salían y nos representaban como grupo, y como nos representaban las hacíamos con el mayor de los gustos.

 

—En ese proceso creativo, ¿qué lugar ocupaba y ocupa el vivo?

 

—Personalmente creo que la canción nace como a uno le sale y después la vas trabajando, y se termina de formar cuando llega al trabajo grupal. Por ejemplo, y esto no sé si lo había contado alguna vez, cuando compuse “Trenes, camiones y tractores” estábamos en el medio de una gira, viajando en micro, y me levanto al baño a las seis de la mañana y veo por la ventana en el medio del campo primero un tren, un camión y después unos tractores, y en ese tiempo yo andaba con un grabador siempre en el bolsillo y grabé la frase cantada, y ese fue el germen que terminó impulsando esa canción que terminó siendo un éxito. Con “No me etiquetes”, mucho más adelante, me acuerdo también de estar grabando en el supermercado todos los soniditos de las máquinas registradoras. Entonces ese proceso creativo a veces sale y no es tan pensando sino que sale, y después se le da la forma de canción. Pero volviendo al plano de elegir el estudio o el vivo, yo disfruto las dos cosas. Me gusta y disfruto que la canción tenga una entidad propia, al salir del estudio con todos sus detalles, y después que en el vivo tenga llegada a la gente es buenísimo y es parte de lo que gratifica, porque en el vivo es donde el público se la termina adueñando. También teníamos eso de que componíamos mucho, y cuando digo mucho es mucho. Para armar “Chapusongs” nosotros teníamos 90 canciones en carpeta, para “Guau!” eran más de cincuenta y para estas últimas que vamos a sacar lo mismo, entonces eso te da la posibilidad de poder elegir y te da una perspectiva diferente para primero pensar en un disco, y después terminar de pensarlas en cómo serán en vivo”.

 

—Gustavo Santaolalla fue el productor de su segundo-primer disco, ¿Cómo se dio ese encuentro y qué le aportó a su música?

 

—Él llegó a nosotros por intermedio de los Café Tacuba. En ese entonces él estaba armando su sello propio, El Surco, y ya había firmado con Molotov, de México, también con Peyote Asesino, de Uruguay y quería sumar un grupo de Argentina, entonces nosotros le habíamos pasado nuestro primer disco a Café Tacuba, “Jardín Frenético”, que lo habíamos hecho bien a pulmón, y ellos fueron los que se los mostraron, a él le gustó y por eso nos llamó. Y después lo que él empezó a hacer fue de alguna manera nivelarnos desde el afuera; nosotros siempre compusimos mucho, entonces un poco lo que aportaba era para orientarnos a la elección de cuáles eran los temas que tenían más potencial y no tanto en la cuestión estilística que debíamos buscar o en nuestra forma de componer. En ese sentido terminó ayudando en lo que hace un productor, que tiene que ver más con la parte sonora y con ayudar y sumar desde afuera del grupo, dando una visión diferente a la que nosotros teníamos de nosotros mismos. Y bueno, ahora estamos por largar cinco canciones nuevas, que se suman a las dos que ya sacamos “Tiembla el piso” y “La vida es todo lo que vos quieras” y en una de esas que se vienen participa de nuevo Gustavo. Es un tema viejo, inédito, y bueno, lo invitamos a cantar y él se ofreció también para sumar en la coordinación de la parte vocal y de la producción sonora, también junto a su socio Aníbal Kerpel. Con lo cual estamos muy contentos porque es alguien muy importante para nosotros”. 

 

—¿Y las otras canciones que están por salir?

 

—De las cinco que se vienen hay tres que son completamente nuevas, compuestas desde cero en este último tiempo. Está el inédito que te nombre anteriormente, que lo grabamos junto a Gustavo, también con “Quique” de Café Tacuba y Juan Manuel Torre Blanca, y el último es un cover de una banda uruguaya que se llama “Little Jesus” y que nos gusta mucho.

 

—Se acoplan a la nueva movida de difusión de singles, pero ¿tienen pensado sacar un disco?

 

—Es que eso tiene que ver un poco con la velocidad de las redes y de las nuevas formas de consumo de música. Por ahí hoy en día si sacás el disco completo de una, la novedad termina durando dos semanas y después ya está. En cambio, si vas largando las canciones de a poco, en formato single, te da una chance de mantener un poco vigente lo nuevo. Lógicamente, después, el que sigue disfrutando del concepto del disco, que son 12 ó 14 canciones que conforman un todo, lo va a poder hacer. Incluso pasa algo muy raro, porque si por un lado todo se vuelve más veloz, a la vez está volviendo a aparecer el formato cassette y el vinilo como soporte del disco final, pero bueno, son las nuevas formas que dan las redes y no queda otra que adaptarse.

 

—Ese cambio que introdujeron las redes ¿es algo que notaron cuando volvieron a la escena después del parate de siete años que tuvieron?

 

—Bueno, las redes también nos ayudaron mucho en todo este tiempo, porque por ejemplo yo me fui a vivir a México y sigo viviendo allá, y en este ínterin, por ahí cada uno grababa por separado cosas, ideas, y las podíamos compartir a través de las redes, entonces tienen su lado bueno. Ya quizás no necesitas estar tanto tiempo juntos. Y en ese sentido nos ayuda a optimizar más el tiempo en el cual coincidimos. Nosotros cuando nos tomamos este descanso lo hicimos porque veíamos que no servía de nada forzar la máquina (risas), entonces pasamos de estar siempre juntos a vernos cada tanto, pero ahora pasa que cuando cada uno está en lo suyo, compone, graba, labura sus ideas y las vamos compartiendo a través de las redes justamente, entonces cuando nos encontramos laburamos a full y todo se vuelve más productivo.

 

—¿Les sirvió este descanso como grupo?

 

—Totalmente; hoy en día es todo mucho más fluido y eso no quiere decir que antes haya habido mucha tensión, pero sí es inevitable admitir que, como alguna vez nos han denominado, somos una especie de “grupo de solistas bien afiatado” y eso hace que la dinámica sea un poco más intensa. Por ahí hoy estamos todos más grandes y entonces escuchamos mucho más al otro y eso se nota; al haber caminado tanto juntos tenemos ese amor que nos une, pero quizás ahora estamos más frescos, más tranquilos y lo más importante, muy conscientes de que queremos que esto que nos une, que es Árbol, dure mucho tiempo más.

 

—¿Ven un cambio en el público que los sigue ahora?

 

—Es muy loco, porque si antes teníamos un público muy amplio, quizás con gente de distintos palos, ahora vemos que es mucho más amplio, porque se suma gente de diferentes generaciones; por ahí están los que no habían podido ver a la banda y sus canciones en vivo en su momento y a su vez están los tipos de nuestra edad, incluso más grandes, que vuelven a vernos. Entonces el público se volvió más amplio y eso nos gusta mucho, obviamente.

 

—Vienen de una gira por México, también estuvieron por Paraguay, ahora van para Uruguay y después la gira nacional ¿Se imaginaban todo esto cuando arrancaron?

 

—Y, en realidad trabajamos mucho para eso. Cuando a uno le gusta algo, en nuestro caso la música, intenta tener responsabilidad y esforzarse para que las cosas se den. Gustavo Santaolalla siempre decía que tarde o temprano las cosas llegan, y nosotros siempre tuvimos presente que queríamos esto, así que desde siempre trabajamos mucho desde el comienzo para poder lograrlo.

 

—¿Podrías elegir alguno de los discos como tu favorito?

 

—Uh, la verdad es que es muy difícil elegir. Siendo sincero no me puedo quedar con uno, porque cada disco representa un momento particular del grupo, y un momento también de nuestra historia, tanto grupal, como de cada uno de nosotros. Pero sí puedo asegurar que está bueno, y que me gusta mucho lo que estamos haciendo ahora, que nos encuentra laburando otra vez con Gustavo (Santaolalla) y que estamos ansiosos de compartirlo con la gente. 

 

—¿Cómo va a ser el show que van a tocar el domingo?

 

—El show en Santa Fe va a ser muy similar al que estamos armando para Vorterix en Rosario el viernes y para toda la gira que tenemos por delante. Es un show bastante largo, porque hay tanto repertorio, tantos discos y tantas canciones que es inevitable que sea extenso el show. Porque además estamos en un momento en el que queremos mostrarnos de nuevo y la mejor forma es tocando en vivo, y buscamos que la gente se vaya con una sensación linda de haber escuchado las canciones que le gustan y estamos trabajando mucho para que el recital sea intenso y divertido.

 


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