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Lunes 16.09.2019 - Última actualización - 13:27
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Perder la imagen complica más que perder partidos

Unión: cuando las derrotas son una consecuencia

El equipo da ventajas, es inseguro, perdió la consistencia colectiva que había encontrado y se extraña a los que se fueron. El técnico necesita refundarlo con urgencia.

 

El gesto de Yeimar Gómez Andrade es elocuente. La preocupación del colombiano es la de todo Unión por este durísimo momento. El viernes llega Central, luego habrá que ir a Mar del Plata a jugar con Aldosivi y después el clásico en la avenida. <strong>Foto:</strong> Matías NápoliEl gesto de Yeimar Gómez Andrade es elocuente. La preocupación del colombiano es la de todo Unión por este durísimo momento. El viernes llega Central, luego habrá que ir a Mar del Plata a jugar con Aldosivi y después el clásico en la avenida.
Foto: Matías Nápoli

Foto: Matías Nápoli



Perder la imagen complica más que perder partidos Unión: cuando las derrotas son una consecuencia El equipo da ventajas, es inseguro, perdió la consistencia colectiva que había encontrado y se extraña a los que se fueron. El técnico necesita refundarlo con urgencia.   El equipo da ventajas, es inseguro, perdió la consistencia colectiva que había encontrado y se extraña a los que se fueron. El técnico necesita refundarlo con urgencia.  

En seguidilla de resultados negativos, Unión nunca estuvo así con Madelón de entrenador. Pero al margen de la escasísima cosecha, lo que preocupa es que no solo se pierden los partidos, sino que además se descompuso por completo la imagen del equipo. Unión dejó de ser ese equipo claro de conceptos, que tenía una línea de juego definida, que podía cambiar el lugar en el que apretaba para la recuperación de la pelota (más adelante o más atrás, de acuerdo al rival y a las circunstancias) pero que argumentaba sus aspiraciones en una imagen compacta.


Cuando se fueron jugadores clave como Nereo Fernández, los dos Pittón, Fragapane y Zabala, que conocían sobradamente el funcionamiento del equipo y la idea del técnico, lo que se decía era que los que llegaban tenían un punto de partida: adaptarse a los requerimientos funcionales del equipo.


Madelón cumplirá, si contabilizamos los partidos de Copa Santa Fe que jugaron con los profesionales —y que no fueron pocos— 200 partidos el viernes como entrenador de Unión. Sacando los 18 que dirigió en la primera etapa, estamos hablando de más de 180 partidos en los que hubo una gran mayoría en los que jugó con el 4-4-2.


El gran mérito de Madelón —y el de los jugadores— fue el de saber adaptarse a lo que el equipo necesitaba. De Unión se fue un jugador muy importante como Malcorra, por ejemplo, pero Madelón se las ingenió para “armarlo” a Fragapane y conseguir un carrilero zurdo que terminó siendo goleador del equipo en una temporada en la que logró otra clasificación para una Copa Sudamericana. ¿Entonces?, la realidad golpea duro porque se ha perdido consistencia en todo: rendimientos individuales y ahora entran también a tallar las dudas y la confusión en lo colectivo.


Hay que refundar el equipo y rápido. La receta a mano que tiene el técnico es volver a las fuentes. O sea, apostar al 4-4-2 y trabajar sobre una base de funcionamiento que le dio resultados. Alguna vez, cambiar también le vino bien. Fue cuando pasó del 4-4-2 al 4-2-3-1 en un clásico, porque además tenía jugadores aptos para hacerlo. El caso testigo es el de Gamba. Lo hizo retroceder para que ayude a los mediocampistas. Consiguió que el equipo se haga más fuerte en la recuperación, pero no perdió llegada porque, físicamente, a Gamba le daba para el desdoblamiento.


¿Qué puede hacer Madelón?, refundarlo volviendo a las fuentes. Al 4-4-2 que conoce o al 4-4-1-1, dependiendo, por ejemplo, de tenerlo a Cavallaro para que arranque el partido, cosa que no es seguro porque no hizo pretemporada, viene de una lesión y no está en las mejores condiciones.


Se desarmó el mediocampo y el único que quedó —Acevedo— no encuentra su nivel. Amenazó con hacerlo la tarde de San Lorenzo, pero cayó en un pozo y se contagió del resto en la de Sarandí. La realidad indica que Bonifacio y Jalil Elías no levantan la puntería, que se perdió el factor sorpresa de la subida de Bruno Pittón por el costado izquierdo (más allá de los esfuerzos que hace Corvalán, que es más defensivo que otra cosa) y que el jugador más claro que vino, sólo jugó los primeros dos partidos (Gabriel Carabajal).


Habría que ver en qué —o en quiénes— piensa Madelón cuando hablar de hacer un equipo más duro. El volante más defensivo que tiene (De Iriondo), recién lo reflotó ahora. El sábado jugó 4-1-4-1, pero más allá de la constelación de volantes, no hubo solidez en la contención ni tampoco en la generación de juego. Unión no gobernó el trámite del partido aunque tuvo situaciones. Se podrá decir que la diferencia más importante que marcó Arsenal fue en la eficacia, pero también tuvo un rendimiento superior en el trámite y por eso también justifica la victoria.

 

Hoy Unión no es el rival incómodo que era antes para cualquiera. Y eso es lo que más preocupa a Madelón. Porque también se suman factores que antes se desconocían, como por ejemplo la seguidilla de lesiones y un clima institucional que no es el mejor.


Pero lo cierto es que cualquier análisis futbolístico se podrá profundizar a partir de que se empiecen a encontrar resultados. Y a eso apostará Madelón el viernes. La mejor receta que tiene es refundar el equipo tratando de que vuelva a las fuentes, algo que se le complica con los rendimientos individuales que no ayudan y que distan de los que había el año pasado. En ese cúmulo de decisiones a tomar, figuran algunas más particulares, como por ejemplo qué es lo que va a hacer con el arquero, que lamentablemente tuvo una actuación con fallas. Lo más probable es que lo mantenga, pero hoy es una de las cuestiones a discernir.


Cuatro derrotas consecutivas provocan inestabilidades y situaciones casi terminales, menos con Madelón en Unión. Su espalda ancha y la confianza que genera en la dirigencia hacen que hoy no se cuestione esto. Pero el mismo técnico ya asumió la situación y dijo algunas frases como aquélla de que “no estoy apoltronado a la silla de técnico de Unión”. A buen entendedor, pocas palabras. Madelón es un hombre de fútbol y sabe cómo es esto. Claro que su espalda es bien ancha, más que la de ninguno y que, por eso, no le ponen plazos ni se crean dudas por el momento. En todo caso, es él mismo quién debe saber qué hacer para salir adelante o cuándo será el momento de ponerse un plazo.


Cuando Unión fue a jugar a Avellaneda, el primer partido, Madelón planteó un esquema defensivo para sacar un resultado y lo logró. Se sabía que era algo temporal, que eso no podía mantenerse en el tiempo, que el equipo debía jugar como, por ejemplo, lo hizo en un buen pasaje del segundo partido ante Defensa y Justicia. Que ese era el objetivo buscado. ¿Y ahora?. Quizás la necesidad tenga cara de hereje y se busque el resultado por encima de todo, pero se sabe que ese no es el camino ideal o el soñado. Unión vendió por 6 millones de dólares, desarmó la mitad de la estructura que se recitaba de memoria y el objetivo fue el de dar un salto de calidad. Hoy se está muy lejos de eso.

 

“Faltan muchos partidos, el desafío es crecer. No estamos perdiendo y no es porque nos colgamos del travesaño, casi todos los partidos que empatamos fue porque lo buscamos y superamos al rival en el segundo tiempo. Hace 10 partidos que no perdemos”, Diego Cocca. Entrenador de Rosario Central, próximo rival de Unión.


 

Sin hinchas visitantes


Más allá de que surgieron rumores respecto de la posibilidad de que el partido se juegue con hinchas visitantes, no hubo ningún pedido de parte de las dirigencias para que esto ocurra en el partido del viernes.


Por otra parte, ayer hubo problemas en el ingreso del público, ya que entró más gente de la que se había habilitado y muchos se quedaron sin poder ingresar. “Estamos investigando la hipótesis de entradas no oficiales”, admitió el presidente de Central, Rodolfo Di Pollina, al referirse a los incidentes que se registraron en la previa del clásico rosarino, cuando un gran número de socios no pudieron ingresar al Gigante de Arroyito y hubo choques con la policía.


El titular de la entidad auriazul se mostró consternado por lo ocurrido media hora antes de que comenzara el partido. “Para nosotros es muy lamentable porque una de las prioridades es la integridad del socio de Rosario Central”, dijo sin ocultar la preocupación que le causaron los inconvenientes en el ingreso a estadio.
Este lunes, el titular de la Secretaría de Seguridad en Eventos Deportivos de la provincia, Diego Maio, hizo un balance del operativo, y aseguró que “la policía no hizo represión. Se implementó un protocolo de retención de gente para que las tribunas no colapsaran”. “La realidad indicaban que si no hacíamos eso, hubiese pasado algo mucho peor”, sostuvo Maio.

 

Le echó la culpa al mail


Jorge Baliño dijo después del partido, en el programa Paso a Paso de TyC Sports que cuando recibió el mail de Superliga donde le indicaban las camisetas que iban a usar ambos equipos, “no daba lugar a la confusión”, algo que después fue perfectamente advertible que ocurrió al revés, ya que ambas camisetas eran parecidas y por eso debió cambiar Arsenal, que en el segundo tiempo mutó la celeste con vivos rojos por una blanca con vivos celeste y rojo.


Además, el árbitro también señaló que el primer gol se lo dio a Pereyra, que no fue en contra, que no hubo foul y que tampoco advirtieron la posición adelantada del marcador central de Arsenal.


En esa jugada hubo un error arbitral más allá de que Peano se confió, no levantó la rodilla para afirmar su posición y eligió la posibilidad de tomar la pelota en lugar de un puñetazo que le habría permitido alejar el peligro.

Autor:

Enrique Cruz


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