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Miércoles 18.09.2019 - Última actualización - 6:53
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El lugar se llama “Los pibes del barrio” y funciona en San Lorenzo

Son amigos de la infancia, y volvieron a encontrarse para abrir un merendero

El destino los reunió, ahora con una misión solidaria como bandera: desde junio ofrecen una merienda -tres veces por semana- a unos 70 niños, niñas y mamás embarazadas de un barrio golpeado por muchas carencias. Dicen que la empatía de mirar al otro en su necesidad es lo que más los motiva a seguir.

En el merendero, además de darle de comer a unos 70 chicos, también se realizan actividades lúdicas, para evitar que estén mucho tiempo en la calle. <strong>Foto:</strong> GentilezaEn el merendero, además de darle de comer a unos 70 chicos, también se realizan actividades lúdicas, para evitar que estén mucho tiempo en la calle.
Foto: Gentileza

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El lugar se llama “Los pibes del barrio” y funciona en San Lorenzo Son amigos de la infancia, y volvieron a encontrarse para abrir un merendero El destino los reunió, ahora con una misión solidaria como bandera: desde junio ofrecen una merienda -tres veces por semana- a unos 70 niños, niñas y mamás embarazadas de un barrio golpeado por muchas carencias. Dicen que la empatía de mirar al otro en su necesidad es lo que más los motiva a seguir. El destino los reunió, ahora con una misión solidaria como bandera: desde junio ofrecen una merienda -tres veces por semana- a unos 70 niños, niñas y mamás embarazadas de un barrio golpeado por muchas carencias. Dicen que la empatía de mirar al otro en su necesidad es lo que más los motiva a seguir.

“Perdón, es que no me quiero largar a llorar de la emoción”, se excusa tímidamente una de las vecinas. Estaba en medio del recinto y delante de los concejales de la ciudad. Eran varios amigos de toda la vida: estaban por recibir una distinción, una declaración de interés por la labor que realizan, algo así como una “palmadita en el hombro” que parece poco pero que, en realidad, es un aliciente enorme. Ese grupo de amigos impulsaron un nuevo merendero en la ciudad, “Los pibes del barrio” —así se llama— en barrio San Lorenzo, donde golpean duro las carencias sociales.

 

La idea es tan simple como altruista: “Que los chicos tengan la pancita llena”, subraya aquella vecina que ofició de primera vocera. “Se trata de armar ‘ejércitos’ silenciosos que contagien amor”, agregan otra integrante del merendero. Un tal Juan también agradece la distinción. Y vienen los aplausos y las fotos, y la entrega de una plaqueta con el diploma de reconocimiento. Los ediles bajan de sus bancas y van a felicitarlos.
“Los pibes del barrio” nació del reencuentro de un grupo de amigos de la infancia, que hacía muchos años se habían perdido el rastro y que este año, por esas cosas del destino, se reencontraron y se pusieron como meta una acción solidaria: les dan una leche chocolatada, facturas o galletitas a unos 70 chicos, desde bebés de edad muy temprana (también asisten a mamás embarazadas) hasta los 12 años. Decidieron “mirar” desde los ojos de la solidaridad al barrio que los vio nacer, y sobre todo a los más pequeños. El espacio funciona en el Club San Lorenzo, que les presta una parte de sus instalaciones. En total, son 20 voluntarios que se ponen al hombro la iniciativa. Lo llamativo es que empezaron el 29 de junio pasado, hace muy poco. Arrancaron con una merienda los sábados, y ya anexaron otras dos, los martes y jueves de 17 a 18, y lo comunicaron con orgullo por su cuenta de Facebook.

 

Amigos de la infancia, reencontrados para una misión solidaria. “La clave es la empatía hacia los demás”, dicen los referentes de “Los pibes del barrio”.Foto: Gentileza

 

“La ‘pancita’ de ellos”

 

 

“Nos empezamos a dar cuenta de todas las necesidades y carencias barriales que hay. Hablamos mucho de eso en las primeras reuniones, y decidimos lanzarnos a hacer el merendero”, cuenta a El Litoral Natalia Ramirez, una de las integrantes de la iniciativa solidaria. “La principal razón fue la ‘pancita’ de ellos. Al principio se arrancó los sábados, porque durante de lunes a viernes la mayoría de los pibes tienen en sus escuelas una copa de leche o un almuerzo. “Lamentablemente, se acercan muchos chicos, y cada vez son más, para preguntar si tenemos un vaso de leche o una factura para ellos. Hay hambre, es la triste verdad”, relata.

 

A las colaboraciones las buscan los propios referentes. Se autogestionan con lo que colectan, gracias al apoyo de muchos otros vecinos desinteresados que le tienden una mano. Es lo que se llama redes de colaboración comunitaria. Pero eso se hace respetando una formalidad: “Todas las semanas debemos presentar una nota que nos firma el presidentes del club, para poder pedir donaciones a despensas, por ejemplo, y así bancar el merendero”.

 

“Una situación complicada”

 

“Hoy, lamentablemente la situación de barrio es muy mala”, describe Ramirez. “Soy docente, y trabajé durante mucho tiempo en una escuela de San Lorenzo. En la actualidad veo falencias de nutrición muy graves que antes no se veían”, advierte la joven. “Creo que lo que se destaca aquí es el sentido de empatía hacia el otro, porque hablamos de un barrio con muchas necesidades”. 

 

“Luego de juntarnos quisimos hacer no sólo este merendero, sino también algunas otras actividades lúdicas (hubo actividades especiales para el Día del Niño, por ejemplo) para que los pibes no permanezcan tanto tiempo en la calle. Muchas veces, por más que estén los papás presentes, a veces no alcanza: los chicos siempre necesitan contención. El merendero es eso también”, subraya Ramirez.

 

Asegura que es una emoción grandísima recibir esta distinción por parte del Legislativo local, “porque hacemos todo a pulmón”, agrega la voluntaria. Sus amigos de la infancia están afuera del edificio de Salta 2943, ya se sacaron las fotos y las selfies para compartir el momento en sus redes sociales, y la esperan. Y se van todos juntos, porque el merendero los convoca y las pancitas esperan.


“Hacer algo por el otro”

 

A la iniciativa de la declaración de interés la impulsó el concejal Marcos Castelló (PJ - Santa Fe) y senador elector por La Capital. Ocurre que Castelló nació en barrio San Lorenzo, y —según declaró— se sintió conmovido y tocado de cerca por la iniciativa del nuevo merendero. “Este grupo de vecinos sintieron la necesidad de hacer algo por el otro. Llenar una panza hoy no tiene mucha difusión, y ojalá en algún momento no haga faltan ni merenderos ni comedores; en el mientras tanto, ellos hace un gran trabajo”, dijo en el recinto.




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