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Jueves 19.09.2019 - Última actualización - 12:13
12:05

Colón tiene otro “elefante” brasileño para que caiga en el Cementerio...

Una cita con la historia como la de hace 55 años

Los sabaleros juegan esta noche ante Atlético Mineiro el partido de ida de las semifinales de la Copa Sudamericana. Como pasó en 1964 con el Santos, se puede escribir una página de gloria en su estadio y ante 34.000 hinchas que lo colmarán.

El Pulga Rodríguez, puro corazón y sentimiento sabalero. En menos de un año ya se ganó el cariño de la hinchada. Su padre falleció el sábado, luego del triunfo ante San Lorenzo. Viajó a Simoca para asistir a su funeral y volvió. Será titular en el equipo de Lavallén en este histórico partido. <strong>Foto:</strong> Manuel FabatiaEl Pulga Rodríguez, puro corazón y sentimiento sabalero. En menos de un año ya se ganó el cariño de la hinchada. Su padre falleció el sábado, luego del triunfo ante San Lorenzo. Viajó a Simoca para asistir a su funeral y volvió. Será titular en el equipo de Lavallén en este histórico partido.
Foto: Manuel Fabatia

Foto: Manuel Fabatia



Colón tiene otro “elefante” brasileño para que caiga en el Cementerio... Una cita con la historia como la de hace 55 años Los sabaleros juegan esta noche ante Atlético Mineiro el partido de ida de las semifinales de la Copa Sudamericana. Como pasó en 1964 con el Santos, se puede escribir una página de gloria en su estadio y ante 34.000 hinchas que lo colmarán.   Los sabaleros juegan esta noche ante Atlético Mineiro el partido de ida de las semifinales de la Copa Sudamericana. Como pasó en 1964 con el Santos, se puede escribir una página de gloria en su estadio y ante 34.000 hinchas que lo colmarán.

Aquellas estrellas que brillan desde el cielo, arrancando por la idea alocada de un soñador como Italo Giménez y siguiendo por aquellos once “leones” que en la cancha escribieron, ese 10 de mayo de 1964, una página gloriosa al ganarle al Santos de Pelé, en ese entonces el mejor equipo del mundo, seguramente esta noche iluminarán más que nunca a un estadio que, a partir de aquel entonces, el inolvidable “Gallego” Ángel José Gutiérrez se animó a llamar “Cementerio de los Elefantes”, mote que quedará para todos los tiempos.

 

El de esta noche es el partido más importante hasta el momento. Después, los resultados y el tiempo dirá si habrá otros más trascendentales en ese mismo estadio. Pero haber llegado a esta instancia supera a muchas jornadas que quedaron grabadas a fuego en la memoria y el corazón de los sabaleros.

 

¿Se puede comparar con aquel partido de cuartos de final ante River por la Libertadores en el 98?, quizás. Por eso menciono lo que puede aportar el futuro, ya sea por el resultado mismo que se logre y por la suerte que corra Colón en la revancha e, hipotéticamente, si le toca jugar una final. Allí sí, llegado el caso, estaremos hablando sin dudas del partido más importante de la historia del club, porque nunca se dio el hecho de definir un título de campeón en una máxima categoría con el agregado de tratarse de una competencia internacional. Pero desde esta mirada previa al partido, Colón está a las puertas de su partido más trascendente en su estadio en los 114 años de existencia.

 

Por eso, no es una noche más. Probablemente el camino recorrido no haya sido un lecho de rosas. Hizo bien los deberes al superar a rivales que a priori eran accesibles pero a los que debía vencerlos. Deportivo Municipal de Perú, River Plate de Montevideo y, con alguna buena dosis de dificultad por la derrota en el partido de ida, Zulia de Venezuela fueron esos escollos que pudieron superarse estableciendo naturales diferencias adentro de la cancha. Argentinos Juniors fue diferente. La derrota como local planteaba una seria dificultad al momento de visitar el Diego Maradona. Fue un buen partido de Colón, jugado con inteligencia y concentración. Los penales y Burián se encargaron de dar una vuelta una historia que parecía difícil de remontar después de aquél traspié en el Brigadier López.

 

Este partido ante el Mineiro toma a Colón en el mejor momento de un año tumultuoso, tambaleante, que empezó equivocadamente con la llegada de un entrenador que solo duró cinco partidos y que dejó un equipo desarticulado, mal preparado, y la llegada de otro que tuvo que capear temporales.

 

Aquella marcada preocupación exhibida en la noche de Parque Patricios y los rumores de alejamiento que caían sobre la cabeza de Lavallén, hoy parecen formar parte de una historia lejana. Si bien el equipo no derrocha virtuosismo, nadie puede discutir que este Colón da una imagen diferente.

 

¿Qué pasó?, que las decisiones —a veces tardías— del entrenador y la consolidación de algunos jugadores, dieron vuelta la imagen. ¿Qué decía Lavallén del “9”?, que buscaba uno porque no lo tenía. Hasta que puso a Morelo y aparecieron los goles, además de afirmarse en el entendimiento con el Pulga Rodríguez. Ya nadie discute que la dupla ofensiva es la que ellos integran. Pero se demoraron en darse cuenta. Como también ocurrió con el retorno a la consideración de Guillermo Ortiz y con un mediocampo que encontró ritmo y dinámica a partir del aporte que le dieron Lértora y Aliendro.

 

Las últimas imágenes de Colón han sido superadoras, con un rigor físico que hizo aumentar el ritmo y la presión sobre el rival. Estar mejor físicamente ya provocó, de por sí, el mejoramiento de la imagen. Pero además, el equipo fue encontrando algunos argumentos futbolísticos que si bien todavía no son totalmente desequilibrantes, aportan a ese crecimiento que se observa nítidamente.

 

El de esta noche es el primer tiempo de 90 minutos. Es una condición básica el intento de no recibir goles, algo que fue clave en la continuidad de algunos equipos en esta Copa, donde los goles de visitante son determinantes. Ganar y sin que le conviertan, es el anhelo de cualquier equipo cuando debe jugar como local. Esto le otorgará una tranquilidad básica y esencial para ir en búsqueda de lo que haga falta en la revancha de la semana que viene en el ya a esta altura de la historia mítico Mineirao.

 

Los antecedentes no valen demasiado en esta clase de enfrentamientos. Mineiro atraviesa una racha de varios partidos consecutivas que lleva perdiendo en el torneo local, pero hasta acá llegó en la Copa. La historia de Colón es parecida. Hasta hace poco, marcábamos aquella victoria ante Gimnasia como la de la vuelta a la victoria, en la Superliga y como local, después de más de medio año. Pero en la Copa, los deberes se hicieron muy bien. Y hasta acá llegó, a un punto culminante que marca un hito en su historia futbolera.

 

Pasaron 55 años de aquella gesta heroica ante el Santos. Luego, como por arte del destino, Colón volvió a tener otro rival brasileño, San Pablo, con el que también se logró una eliminación histórica y que dependió de los penales en la Sudamericana pasada. Ahora llega Atlético Mineiro, quizás sin el pasado histórico de los otros dos, pero que es otro de los brasileños que puede exhibir logros enaltecedores. Es el rival más difícil, pero también es la chance más trascendente de toda su historia que tiene Colón para ese ansiado anhelo que siempre fue tan lejano. Salvo esta vez.

Autor:

Enrique Cruz


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