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Domingo 22.09.2019 - Última actualización - 10:39
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Más orden y seguridad defensiva...

Algo de qué aferrarse

Madelón consiguió su objetivo de sumar y, con ello, ponerle punto final a una seguidilla de derrotas que preocupaba en demasía. Ahora, hay que empezar a mejorar algo que todavía no convence.

Leo Madelón ya tiene algo como para comenzar a revertir la racha negativa de sus dirigidos. <strong>Foto:</strong> Pablo AguirreLeo Madelón ya tiene algo como para comenzar a revertir la racha negativa de sus dirigidos.
Foto: Pablo Aguirre

Foto: Pablo Aguirre



Más orden y seguridad defensiva... Algo de qué aferrarse Madelón consiguió su objetivo de sumar y, con ello, ponerle punto final a una seguidilla de derrotas que preocupaba en demasía. Ahora, hay que empezar a mejorar algo que todavía no convence. Madelón consiguió su objetivo de sumar y, con ello, ponerle punto final a una seguidilla de derrotas que preocupaba en demasía. Ahora, hay que empezar a mejorar algo que todavía no convence.

Si algo necesitaba Unión era frenar la seguidilla de derrotas. Para eso, tenía que mostrar algo, aunque sea muy poco; pero algo de qué aferrarse. ¿Lo mostró?, en parte, sí. Fue sólido defensivamente. Y eso no está mal para un equipo que venía de “comerse” cuatro goles ante un rival, como Arsenal, que no se destaca por un fútbol ofensivo y por una capacidad goleadora descomunal como para justificar tamaña diferencia en el resultado.

 

¿Qué más hizo bien Unión?, volver a tener el arco en cero después de cinco partidos consecutivos recibiendo goles. Y evitar, con ello, algo muy preocupante y decisivo en las últimas dos derrotas: que le conviertan en los primeros minutos, algo que carcome la confianza, desgasta más rápidamente las energías y obliga a un perentorio e inesperado replanteo.

 

“Estuvimos dos semanas planificando este partido y a los cuatro minutos ya lo perdíamos 2 a 0”, dijo Madelón después de la dolorosa caida ante Arsenal. Y es cierto, porque ningún plan “B” que se pueda orquestar, tiene como punto de partida el de prevenir que se puede estar perdiendo a los 4 minutos por dos goles. A Unión le pasó con Arsenal, pero en cierta medida lo sufrió también contra San Lorenzo, con la diferencia que el 0-2 se materializó un rato después, cuando iban 20 minutos.

 

Volver a las fuentes fue jugar ante Rosario Central con el 4-4-2 tradicional de Madelón. Sirvió para ordenar mejor al equipo. Hubo un rato inicial que fue bastante bueno, aunque faltó precisión en la puntada final. Y después se recuperó la imagen dominante en el segundo tiempo, más con empuje que con fútbol. Bien Milo, sobre todo aportando sorpresa en sus proyecciones por izquierda y aprovechando la tendencia natural de Cavallaro a no exigirse en el desborde por afuera sino en meter más diagonales y tratar de tener más contacto con la pelota en lugares centrales y cercanos al área rival.

 

Obvio que todavía hay una etapa de construcción del equipo que no termina de definirse por distintas razones: 1) las lesiones; 2) algunos rendimientos individuales que no terminan de consolidarse; 3) los resultados. Quizás, esto último sea lo más trascendente, pues no es ningún descubrimiento que los resultados traen confianza y la confianza agranda y potencia a los jugadores y al equipo, así como las derrotas van minando la subestima.

 

Madelón tiene que lograr que al equipo sea compacto, agresivo en la recuperación de la pelota y con una dosis aceptable de fútbol. No se le pide “peras al olmo”, porque estos tres aspectos nunca faltaron en los buenos momentos —que fueron muchísimos— de Madelón como entrenador de Unión. El orden ante Central estuvo, la “dureza” en la recuperación de la pelota fue algo que el técnico referenció antes y después del partido, pero falta más claridad en la generación de juego. Insisto en algo: Carabajal (hoy lesionado), Cavallaro (hoy sin una condición física que le permita aguantar los 90 minutos) y Acevedo (hoy sin un lugar fijo y seguro en la titularidad) son los tres jugadores que deben respaldar esa pretensión de creación de juego.

 

Hay dos jugadores que llegaron con serias aspiraciones de reemplazo de dos que fueron clave en el proceso anterior. Jalil Elías y Ezequiel Bonifacio tienen una misión: hacer que la gente no extrañe aquello que aportaban Mauro Pittón y Zabala. Hasta ahora, están en deuda. La vara que dejaron los que se fueron está alta. Y para que Elías y Bonifacio se conviertan en “refuerzos”, tienen que, al menos, alcanzar el buen nivel de aquellos dos. Por ahora, no lo han conseguido.

 

Madelón prometió cortar la racha y sumar ante Central. Cumplió. El resultado no es el ideal, tampoco lo fue el nivel futbolístico del equipo. Pero por algo se tiene que empezar. Ya Unión había insinuado algo que ilusionaba cuando, en el segundo tiempo ante el puntero y en el Nuevo Gasómetro, puso en serio jaque la victoria de San Lorenzo y no pudo consolidar su pretensión, en buena parte, por el error arbitral en la expulsión de Martínez y la consecuencia que ello trajo con Bottinelli. Pero el paso atrás en Sarandí fue muy largo y puso toda la estructura cercana al abismo. Ante Central, al menos se posicionó en tierra un poco más firme, como para que sea de una buena vez un nuevo punto de partida.

 

El viernes, a las 19, Unión visitará a Aldosivi en Mar del Plata. Después, se viene el clásico en la avenida, el 6 de octubre a las 15.30.

Autor:

Enrique Cruz


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