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Martes 24.09.2019 - Última actualización - 9:43
6:05

El sábado, en doble función

Derecho a la identidad

Llega “La dama de las rosas”, nuevo musical escrito y protagonizado por Pepe Cibrián, con dirección de Damián Iglesias. La obra trata sobre dos mujeres de alta sociedad que se enamoran en la París de los “años locos”. En diálogo con El Litoral, el artista contó las aristas de esta nueva propuesta.

 


Josephine es un personaje enigmático, una gran aristócrata que se enamora de Clemence, y se crea un personaje de libertad llamado Agatha. Foto: Gentileza Nacho Lunadei
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El sábado, en doble función Derecho a la identidad Llega “La dama de las rosas”, nuevo musical escrito y protagonizado por Pepe Cibrián, con dirección de Damián Iglesias. La obra trata sobre dos mujeres de alta sociedad que se enamoran en la París de los “años locos”. En diálogo con El Litoral, el artista contó las aristas de esta nueva propuesta.   Llega “La dama de las rosas”, nuevo musical escrito y protagonizado por Pepe Cibrián, con dirección de Damián Iglesias. La obra trata sobre dos mujeres de alta sociedad que se enamoran en la París de los “años locos”. En diálogo con El Litoral, el artista contó las aristas de esta nueva propuesta.  

 

Este sábado en doble función (a las 19 y a las 21.30) llega a Santa Fe, en el marco de su gira nacional, “La dama de las rosas”, nuevo musical escrito y protagonizado por Pepe Cibrián Campoy, con música original de Santiago Rosso y dirección de Damián Iglesias. Completan el elenco Luz Yacianci, Tiki Lovera, Claudia Duce, junto a Maximiliano Areitio, Zaira Bertani, Mateo Falbo, Luis Iván Machuca, Ignacio Marino y Jorge Albarado.

 

La cita es en el Centro Cultural Provincial Paco Urondo (Junín 2457); las entradas están a la venta en la boletería de la sala, con valores de entre $ 350 y $ 600; habrá promociones 2x1 en plateas bajas y descuentos para jubilados.

 

Antes del arribo, El Litoral dialogó con el infatigable actor, autor y director sobre esta nueva propuesta.

 

 

Identidades

 

—¿Cómo surgió la idea de este proyecto?

 

—Surgió duchándome (risas). Me estaba duchando y pensaba: “Me gustaría hacer una versión mía de ‘La dama de las camelias’”. Me puse en la computadora y dije: “La camelia al diablo, la dama también”. Apareció la rosa, aparecieron tres personajes de los cuales dos compongo yo como mujer; apareció una época, París después de la Primera Guerra, en esos “años locos”. Y apareció una idea que tiene que ver con la identidad, por la que cada tanto desde mi lugar peleo: dos mujeres de clase alta que se enamoran, y modifican toda su vida.

 

Esto dentro de un marco bellísimo estético, con mucho humor: no es una obra dramática, es una obra muy romántica donde el ser humano tiene ese derecho a la identidad, a costa de pagar ciertos precios. Con mucha ternura, muy trascendente: así han sido los cuatro meses que hicimos en el San Martín, con mucho éxito y muy felices. Y ahora en esta gira, que para mí es muy sanadora, luego de dos cánceres y una caída muy seria (con siete fracturas en la cara); recorrer mi país es glorioso.

 

—¿Siempre supiste que ibas a interpretar a Josephine y Agatha?

 

—Sí, las escribí para mí. Las quería, quería entender cómo era el poder hacer dos personajes. Josephine no es esquizofrénica, elige por ciertos motivos componer un personaje de libertad, que es Agatha, la dueña de un cabaret de transformistas con mucho humor. Josephine es un personaje enigmático, una gran aristócrata que se enamora de Clemence, una mujer también aristocrática.

 

Probablemente en esa sociedad, a diferencia de hoy, en “los años locos” después de tanta guerra había prejuicio en las clases altas pero había permisos para poder elegir cosas aunque luego te critiquen por atrás. Pensemos hoy está peleándose a través de las mujeres, de los hombres, de los gays, la ley de identidad, en un país tan surrealista como el nuestro.

 

—¿Qué es lo más difícil del personaje a la hora de interpretarlo?

 

—Son muy distintas. Damián Iglesias me dirigió impecablemente, porque me conoce mucho. Me decía: “No, eso es Pepe”. Fui muy respetuoso, a un director no le contestaría jamás en la vida. Logró que Josephine fuese totalmente distinta a Agatha: cuando salgo como Josephine soy Josephine, cuando salgo como Agatha me siento como ella: simula su acento francés.

 

Josephine no va a casi ningún lado, hasta que un día va y se enamora de Clemence, la condesa de Fleury. Le cambia la vida, porque no tiene permiso de esa madre monstruosa, que murió pero está todo el tiempo; la ha tenido cautiva en su palacio, las dos solas durante 35 años. Le ha castrado la posibilidad del goce, del sexo: desconoce el propio y el de las otras; y aun con Clemence elige ser ella la que hace gozar, porque no se permite el tacto del otro hacia ella.

 

Tiene un final muy sorprendente. La gente lo ha disfrutado mucho, hicimos cuatro meses de temporada en el Centro Cultural San Martín, de miércoles a domingo. Espero que aquí lo sea, porque amo estar con ustedes: las entradas van a ser 2x1 para que la gente pueda acceder, porque la situación es muy dura. Y como mi fin no es económico sino rescatarme, ¿vale la pena? No, me pude haber muerto. Siempre recorro el país con mis obras, o actuando como hice con “El hombre de la Mancha”.

 

Odio la palabra “interior”, son las provincias. Es como el Martín Fierro del Interior, que lo dan a las seis de la mañana en el canal 728. Cada ciudad tendría que tener su premio. Cuando voy a tu ciudad como tantas veces, o a otras, es sanador, lo disfruto porque son tiernos, cálidos; hay otros tiempos, hay magia. Buenos Aires es muy cruda con ustedes, porque los desconoce, pareciera que no hubiera talento, no pasara nada. Amo mi ciudad, pero no me gusta eso de que “Dios atiende en Buenos Aires”: no, atiende en tu casa.

 

 

Compañeros

 

—¿Cómo es para el Pepe director ceder el puesto a Damián, y por el otro lado encontrarle el gusto al escenario?

 

—A esta altura de mi vida un placer total. Damián es un gran director, que se haga cargo de todo; no me preocupo de nada porque confío en él. Con el iluminador que es joven se pusieron las luces, no bajé a la platea, porque tienen que saber hacerlo bien. Si los elijo, tengo que respetarlos, y si no funciona no lo diría públicamente. Mi padre dirigió a mi madre 40 años, y le decía “sí, señor”; después en la privacidad no sé lo que hablarían.

 

—Además de Damián en el elenco están Luz Yacianci y Tiki Lovera, con los tres trabajaste mucho. ¿Qué se puede decir de ellos?

 

—Son gente que llega dos horas antes, que ama el teatro con profundidad y alevosía. Que jamás se enferman, y si se enferman lloran porque la quieren hacer igual con 40° de fiebre. Aman la forma de vida que es el teatro. Si además tenés la virtud de que sea un medio de vida tenés un privilegio; y si no trabajás en una oficina hasta las 5 y después hacés teatro; no es grave.

 

Ahora, si querés ser protagonista de Suar, andate a Buenos Aires y no creo que lo logres porque hay 8.000 millones de grandes profesionales que no trabajan: aunque tengan un culo muy lindo y esas tonterías de hoy en día. ¿Sabés la cantidad de grandes profesionales que porque ya tienen 45 años no trabajan? Es monstruoso. Tengo figuras amigas y les pregunto cómo viven; es una falta de respeto a la edad y la trayectoria. En cualquier parte del mundo Meryl Streep, Judy Dench, Maggie Smith, están respetadas. Igual en todos los rubros: tenés 45 años y es mejor el de 20 porque cobra menos.

 

—Es un picadora de carne.

 

—El actor en general no sabe gestar porque está acostumbrado a que lo contraten. Entonces no saben qué hacer, y sin embargo están aprendiendo a gestar cosas. En el teatro comercial ahora son tres o cuatro figuras, donde antes eran 15 y había posibilidades para actores de segunda o tercera categoría; actores con pocas líneas tenían trabajo, ahora hay tres protagonistas.

 

—Colaboraste con Santiago Rosso, que ya había hecho la música de “Lord”. ¿Cómo fue el trabajo?

 

—Fue un placer, porque es un gran conocedor, un erudito de la música. Su estilo musical conlleva la historia, no es casual: cada melodía va en cada situación con una exquisitez maravillosa, algunos temas pegadizos y otros más adecuados a la escena.

 

Él no era compositor, es un gran pianista y estaba tocando en “Drácula”. Cuando me separé de Ángel (Mahler), estaba buscando un músico. Le pregunté: “¿Sos compositor?”. “No, soy ejecutante”. “¿Por qué no venís a casa un día con un pianito eléctrico y jugamos?”. A la tercera vez aceptó, y se convirtió en lo que es, un gran compositor, algo que él desconocía. Hizo “Lord”, “La dama de las rosas”, está haciendo otras obras. Y no lo hubiese hecho nunca si no hubiese insistido Pepe en probar (risas).

 

En carpeta

 

—¿Cuánto queda para esta obra y qué otros proyectos dan vuelta?

 

—Terminaremos en octubre y me iré a descansar un poco: uno no se da cuenta de que tiene 71 años, porque soy un hombre vital; pero el cuerpo se cansa más. Sigo accionando como si tuviera 40, sigo insistiendo y me moriré de cansancio.

 

Para enero escribí una obra no musical; el título no lo tengo, pero es con Georgina Barbarossa, los dos juntitos solos: somos un matrimonio grande, pero al mismo tiempo hacemos ocho personajes: los hijos, los abuelos, los padres, los amantes. Es una historia que también habla de la identidad, del maltrato del hijo hacia el padre, pero con mucho humor: con Georgina puedo estar ocho horas improvisando; pero eso no hay que hacerlo, en “Lord” lo hacíamos y estaba mal. Producirá Guillermo Marín en Buenos Aires: había proyectos para Mar del Plata pero no puedo físicamente. Me quedo en un teatro divino, chiquito, que es el Picadilly. Los teatros son chiquitos hasta que se llenan: si tiene 20 entradas y vendés 14 es grande; si no se vende todo es inmenso. Es como una Bombonera en calle Corrientes, y soy feliz de hacerlo.

 

Luego tengo un proyecto que dirijo, que es “Drácula Rock”, que no tiene nada que ver con el vampiro sino con la droga, con una cantidad de cosas que son el vampirismo de hoy. Y el otro año sí “Drácula 30 años”. Después de eso ya me suicido (risas).

 


Ficha técnica

 

Libro y letras: Pepe Cibrián Campoy.

Música original: Santiago Rosso.

Diseño de vestuario: Alfredo Miranda.

Diseño de escenografia: Vanesa Abramovich.

Diseño de maquillaje: Vanesa Bruni.

Diseño y puesta de luces: Damián Iglesias.

Operador de luces: Néstor Carabajal.

Puesta de sonido: Francisco Pérez.

Operadores de sonido: Matías Leal y Francisco Pérez.

Asistente de vestuario: Daniela Garrasini y Irina Galimini.

Producción: Imanol Muñoz, Matías Leal y Maximiliano Areitio.

Autor:

Ignacio Andrés Amarillo


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