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Viernes 27.09.2019 - Última actualización - 10:10
7:24

Moisés Navarro

Sentimiento con voz propia

El cantante revelación de Belo Horizonte pasó por Santa Fe para grabar unos materiales junto al guitarrista rafaelino Oscar Castellano, y aprovechó para charlar con El Litoral sobre sus inicios, sus oportunidades y el momento de epifanía que está viviendo.


El artista está esperando lanzar un disco con música nueva, con la posibilidad de colocar canciones en telenovelas. Foto: Gentileza producción
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Moisés Navarro Sentimiento con voz propia El cantante revelación de Belo Horizonte pasó por Santa Fe para grabar unos materiales junto al guitarrista rafaelino Oscar Castellano, y aprovechó para charlar con El Litoral sobre sus inicios, sus oportunidades y el momento de epifanía que está viviendo. El cantante revelación de Belo Horizonte pasó por Santa Fe para grabar unos materiales junto al guitarrista rafaelino Oscar Castellano, y aprovechó para charlar con El Litoral sobre sus inicios, sus oportunidades y el momento de epifanía que está viviendo.

 

El cantante brasileño Moisés Navarro está en Santa Fe realizando algunas producciones audiovisuales junto al guitarrista rafaelino Oscar Castellano. El nacido en Pitangui (Minas Gerais) y radicado en Belo Horizonte lo conoció a través de la novia del argentino, la también cantante Lívia Itaborahy.

 

Cuenta Moisés: “Estaba en la clínica donde trabajo como fisioterapeuta y mi productor, Ricardo Gomes, me dijo: ‘Te voy a presentar una chica, la vas a adorar’. Largué los pacientes, tomé un taxi y fui para allá. Llegó ella y fue amor a primera vista. La vi, me gustó y fue recíproco. Ella tomó la guitarra y tocamos una música juntos; grabamos y quedó lindo. Ahí invité a Lívia para hacer una participación en mi primer show. Fue lindo: a partir de ahí nació una amistad, un respeto, un cariño profesional. Ahí conocí a Oscar en la casa de ella, en un sarau (una especie de peña) que ella hace. Él dijo que estaba volviendo a la Argentina para su cumpleaños, le pregunté en qué me podría ayudar, y me abrió las puertas”.

 

 

Comienzos

 

—Sos de Pitangui, una ciudad pequeña pero antigua. ¿Cómo fueron tus comienzos?

 

—Mi infancia fue lo más natural, bien tranquila: remontando barriletes en la calle, andando descalzo, tirando piedras para romper vidrios (risas), subiendo a los árboles para comer frutas. Es la séptima ciudad nacida en el Ciclo del Oro en Minas Gerais (Ouro Preto es la primera). Es una ciudad muy importante del Ciclo del Oro, pero es muy tranquila. De allí salieron grandes artistas, mucha gente que toca en 14 Bis, con Flávio Venturini, con cantantes de música sertaneja.

 

Comencé mi carrera después de ir a Belo Horizonte: participé en reality show llamado “Ídolos”, llegué a la final (antes de que esté “The Voice”). Un amigo mío que ahora vive en Buenos Aires (Diego Correa) me inscribió. Llegué a la tercera fase, si la pasaba tenía que ir a San Pablo. Gracias a Dios no pasé (risas), no estaba preparado, no me entendía como cantor.

 

Ahora el 27 de octubre voy a cumplir dos años de carrera. Ahí fue cuando Ricardo Homen y Noemi Lima postaron videos míos en Internnet cantando a capella, canciones de Dorival y Nana Caymmi, Gal Costa, Maria Bethânia, Vander Lee, entre otros. Siempre con una interpretación diferente, a mi manera.

 

Un día vi que un video en Facebook tenía 11.000 visualizaciones, no lo creía. Uno de esos videos llegó hasta mi productor de Belo Horizonte, Ricardo Gomes, que me invitó a conversar. Me propuso grabar músicas autorales; me dijo que tenía talento, que era una joya en bruto. Acepté, y a partir de ahí empezamos a ensayar una canción que se llama “Jurema” (Sylvio Rosa), que fue lanzada el 27 de octubre de 2017: explotó. Cuenta con más 10.000 visualizaciones orgánicas en YouTube. Brasil entero me vio, me hice famoso en mi ciudad (de unos 35.000 habitantes) y me hice conocido en el ambiente musical de Belo Horizonte: ninguno sabía que yo cantaba.

 

A partir de ahí lancé “Viver a vida”, una canción de autoría de Ricardo Homen, y que levantó a la gente con una pegada diferente: es un samba “gostoso”, con mensaje positivo, que saca un poco de la realidad en la que vivimos.

 

 

Convites

 

—Es la del video colorido, con el sombrero, en un lugar pintoresco. ¿Dónde se filmó?

 

—En Santa Teresa, un barrio bohemio de Belo Horizonte, que tiene mucha música (bossa nova, samba) muy enfocado en el Clube de Esquina (un conjunto de artistas iniciado en los 60 (donde estaban Milton Nascimento, Toninho Horta, Leo Guedes, Lô Borges) que comenzó en una pizzería muy famosa que es la que se ve en el video en esa esquina. También grabamos en el Viaducto, que es una postal de Belo Horizonte, con grandes pinturas, graffitis, un lugar donde se respira cultura y buena música. Grabamos en esos dos lugares, cinco horas a la mañana, tuvimos que cortar la calle con policía.

 

Ese tema es uno de los más pasados en más de 18 radios en Minas Gerais junto con “Jurema”, incluso está propuesta para ser la música de una telenovela el año que viene, también alguna de las más nuevas que grabé, pero eso se está conversando.

 

Ahí llamé la atención del guitarrista Chico Lobo, una persona muy amable de un talento indiscutible. Surgió una invitación de mi productor para grabar conmigo: “Claro, sería un placer”, y me cedió “Luarão”, un sonido diferente, con la voz y la viola caipira (un tipo de guitarra con un sonido muy particular, patrimonio inmaterial de Minas Gerais). Tuve que esperarlo para el clip, porque estaba grabando con Maria Bethânia, que también le pidió hacer una música de él.

 

Él me invitó a la primera vez que subí a un escenario en mi vida, el año pasado, en el Museo Gerdal, en el circuito cultural de la Plaza da Liberdade. Subí, canté, y emocioné a todo el mundo, incluso a su padre, que estaba adelante. Nunca se había emocionado con alguien cantando: lloraba, tenían que pararlo. Fue muy importante para mi carrera, y a partir de ahí Chico me apadrinó.

 

—Otro registro es “Remoendo esse pasado”: si bien la música es alegre la letra es triste.

 

—Fue un regalo de ese autor (Licénio Ernesto), que ya estaba detrás de Ricardo Gomes para darme esa música, cuando estaba grabando “Viver a vida”. Pero me quedó esa música en la cabeza. Creo que puse mucho de mí en ese tema, porque cuenta una parte de la vida de la gente, de un pasado que la gente no quiere recordar. Habla del amor, de la melancolía de dos corazones que se rompieron por algo bobo, algo banal. En el final el autor dice que es mejor continuar amando pero no con la persona, seguir con la vida. Por eso me identifiqué bastante, porque estaba contando mi historia.

 

Antes de esa grabé “Fim de tarde de domingo” (Ricardo Homen/Ricardo Gomes), en mi ciudad: Milton Nascimento vio el video y lo elogió. Participaron músicos de mi ciudad, amigos de infancia de mi padre, y ahí me volví famoso ahí: me reconocen en medio de la misa, en las fiestas, la calle.
Finalmente hice “Velha melodia”: tiene una pegada más fuerte, más blues, más jazz, descubrí que estaba preparado para esa música. Es de mi autoría, junto a Ricardo Homen y Ligia Cabral, y se está pasando bastando en Radio Inconfidencia, una de las más importantes de la ciudad (BH).

 

 

Aceleración

 

—Fue muy rápida la primera época, frenaste, y ahora también es rápido. ¿Qué cambió para estar preparado?

 

—Todo. Cuando hice “Jurema” sentí que estaba preparado, que era esto lo que quería para mi vida. Tenía a mi lado alguien que me financiaba, alguien que creía en mi trabajo, un productor que tenía paciencia. Desde pequeño siempre gusté de la música, siempre cantaba para amigos en fiestas de la ciudad, en la iglesia. Pero nunca imaginé que iba a llegar adonde estoy ahora. Hace siete meses firmé un contrato con una grabadora de San Pablo, y ahora tengo personas que me asesoran sobre cómo vestir, cómo pararme, en las redes sociales, “no andes con esa persona”: marca personal para todo. Daniel Silveira es mi director artístico.

 

Todo cambió en mi vida: el modo de ver, de posicionarme, pararme de otra forma para respirar y acomodando el aire de otra forma. En estos dos años maduré unos diez años. De los amigos que tenía antes quedan algunos: mi rostro cambió, mis amigos también. Yo no soy el mismo, no tengo la visión que tenía antes. Y en estos siete meses maduré más: me concentré más en el trabajo. 

 

Estoy tomando dos clases por semana de canto, clases de piano, y de teatro con uno de los mejores elencos del mundo, el Grupo Galpão: estoy varias horas por semana para mejorar la expresión corporal.

 

Grabé tres canciones inéditas de grandes compositores que llegaron y me las dieron, no las pedí. Y conocí a un artista Leo Mucurí, percusionista de artista como Anita y Jorge Vercillo; nos hicimos amigos, somos fans cada uno del trabajo del otro. Él me invitó a tocar con Vercillo en Río de Janeiro: va a ser mi primera vez en Río cantando al lado de esos fenómenos de la música popular brasileña.

 

El año que viene lanzaré mi álbum, con 14 canciones. Las cosas van pasando. Esta venida a Buenos Aires y este trabajo con Oscar me dio bastante visibilidad en mi país: esta semana salió en cinco diarios, tres de Río de Janeiro y dos en Belo Horizonte, mi venida para acá: un poco representando a la ciudad que me recibió con tanto cariño. Es un intercambio cultural.

 

—¿Sentís que encontraste tu propia voz, como intérprete?

 

—Sí, me encontré. Muchas veces estoy cantando y hacemos una segunda toma solo para tener, porque estoy tan seguro de lo que estoy haciendo ahora, que sale en una toma.

 

—Y eso en diferentes estilos.

 

—Sí: la cantante Maria Alcina hizo un comentario en mi Instagram, de que soy un cantor versátil, que puedo atravesar varios géneros sin perder maestría. También me elogió Luiz Carlos Sá, que me dio una de las próximas canciones. Mi productor de San Pablo está esperando estos tres nuevos tema para poder “venderme” en todo el país.

 

Autor:

Ignacio Andrés Amarillo


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