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Sábado 05.10.2019
11:36

15ta. edición del Argentino de Artes Escénicas

La Cultura como protagonista


Mauricio Dayub en “El equilibrista”, una de las propuestas incluidas en esta edición del Argentino. Foto: Gentileza Juan Martín Alfieri
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15ta. edición del Argentino de Artes Escénicas La Cultura como protagonista

 

Roberto Schneider 

 

2.400 espectadores en 4 días para apreciar 11 obras de teatro. Y más gente en los paneles, en exposiciones, en presentaciones de libros, en discusiones, en mesas redondas. Raro esto de comenzar un texto con cifras cuando desde hace 40 años vengo buscando mi propio discurso poético. Pero son cifras harto elocuentes para determinar el rotundo éxito de un encuentro necesario que protegemos, que acompañamos desde su nacimiento, que amamos y que admiramos. Un encuentro que ya no les pertenece solo a los santafesinos. Trascendió las fronteras de la ciudad y se instaló en el panorama de las artes escénicas del país. Organizado por la Federación Universitaria del Litoral y la Universidad Nacional del Litoral, que este año celebra su Centenario, y la colaboración de la Municipalidad de Santa Fe. Con un presupuesto necesario para un encuentro de estas características.

 

Todos lo sabemos (o deberíamos saberlo): no hay dinero mejor invertido que el que se destina a la Cultura, porque abre nuestras cabezas y alimenta nuestro espíritu y nuestro corazón. Siempre, pero más aún en tiempos tan difíciles como los que transitamos los argentinos.

 

El AAE retomó los hilos que sirven para tejer una trama de crecimiento. Con una muy cuidada programación y ahora con la feliz iniciativa de que los aspectos intelectuales y formativos se agreguen precisamente para seguir creciendo. Para entender también que el Teatro es vida y es muerte; es tormenta y serenidad; es belleza y fealdad; es amor y odio; es vibración y lentitud; es lo interior y lo exterior; es palabras y es silencio; es llanura y montaña; es laguna y es mar; es agobio y liviandad; es reír y es llorar y es...

 

El AAE permitió establecer una vez más que el arte no tiene límites, que los límites los pone el que expecta. Y que no se puede dudar de su finalidad social. Es una finalidad mágica. El arte mágico no sabe distinguir lo que es real exterior y lo que es mental; el hombre y la mujer no pueden separar su Yo del ser de la naturaleza, no pueden objetivarla, la subjetivan. Están inmersos en una fórmula plástica. Este Encuentro destacó que el teatro acompaña -debe acompañar- todo el avatar social y se expresa con los modos que la sociedad le proporciona: magia, rito, religión o laicidad.

 

El AAE mostró que no se va al teatro solo en busca de un perfeccionamiento moral sino -como en el Imperio Romano- a pasar un buen rato. El teatro cumplía así con una función social expresa: alienar más a los ciudadanos. Los emperadores ofrecían a la plebe pan y circo, a las clases cultas y pudientes los refinamientos de una sociedad en decadencia. Era un acto intencional, una política, demagógica en un caso, sibilina en el otro.

 

El AAE hizo especial hincapié en demostrar que en cada época le ha correspondido al teatro una función social específica, sea ésta de liberación como de otras formas. Pero justamente esta variación en sus formas, en sus contenidos y en sus fines es la que ha planteado a la crítica contemporánea el problema de si es posible hablar de algo permanente en lo mutable. Porque el teatro es y no es imagen sensorial y es y no es imagen conceptual. Esta ambigüedad lo aproxima a la ambigüedad de la vida misma. El teatro es fe de vida, presencia vital de un ente intérprete y de un ente espectador.

 

Mirar al futuro 

 

El AAE nos permite sostener que es un punto de partida para la futura renovación del ambiente cultural. Habla también del público que demuestra su interés. Un público que pertenece a categorías sociales muy variadas, sumamente respetuosas de lo que se ofrece desde la escena, con desnudos o sin ellos, con emociones y llantos, con alegrías y tristezas. Y con un silencio sobrecogedor mientras el acto de comunión con los artistas hace su propio recorrido.

 

El Argentino de Artes Escénicas alude también a otros rasgos del último teatro, que requieren asimismo una atención especial. En primer lugar, la voluntad claramente expresada por la mayor parte de los nuevos dramaturgos, de dirigirse a todas las capas de la población, es decir de hacer realmente “un teatro para todos”. De igual forma, la cooperación del público, con frecuencia masiva, que constituye un elemento significativo de la renovación teatral y una característica a tener muy en cuenta en la evolución de las experiencias de teatro social y político y de riesgo más actuales. Los espectadores no son tontos.

 

Se pudieron apreciar espectáculos atravesados por la poesía, la política, la cuestión de género o la ternura, que no son lo mismo que en otras ediciones con dramaturgias posiblemente alejadas del espectador. Se apeló más al público como receptor, a los espectadores que quieren ensoñarse con algunas poéticas despegadas de signos confusos o herméticos. Así este AAE ha sido indiscutiblemente mucho más contundente.

 

Esta edición dejó claro que en la escena, un actor/actriz, en la continuidad de los tiempos, ha sido considerado habitualmente como una mediación espiritual, como un instrumento que pone en contacto al autor con el espectador. El atractivo que sobre el hombre y la mujer de todos los tiempos ejerce esta posibilidad de evasión y multiplicación, este extraordinario pretexto para hurtarse a los límites de la propia personalidad, para vivir otras vidas, otras muchas vidas diferentes, presupone un intento casi mágico de precipitarse en otros destinos, de probar por algunos momentos la multiplicación del alma.

 

Por último, este Argentino nos interpela para continuar en nuestro aporte de difundir aquello que construimos desde su creación. Porque sabemos positivamente y sin ninguna discusión cómo se trabaja en el armado del encuentro. Para recordar enfáticamente que lo específico del Teatro nos permite participar de una zona de lo sagrado en la que no puede participar ninguna otra disciplina artística. El lugar donde finalmente sucede el hecho dramático es la mente del espectador, allí se transforma en vivencia. El espectador se siente en cierta forma testigo de lo que ocurre y esa vivencia pasa a formar parte de su experiencia de vida. Así, una vez más, el Teatro eligió caminos posibles sorprendiendo, interactuando, emocionando y compartiendo ese momento único e intransferible.

 

Finalmente, el AAE es una apuesta al arte, un signo de resistencia, un desafío que da vida, un hecho cultural que debe reiterarse. Y está aquí, para transformarse en savia nueva y necesaria en un momento histórico también doloroso y confuso. Podemos sostener que se pudo apreciar un teatro que rescata las señales de lo cotidiano, un teatro que prescinde de determinados estilos de actuación y de determinadas formas de entender la dramaturgia para hacerla circular con la impronta fuerte de la realidad, un teatro que incorpora la tecnología, y otro teatro que todavía sigue diciendo estoy presente, con el actor que atraviesa toda la historia del teatro y sigue comunicando. Y divirtiendo. Y emocionando.

 


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