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Martes 22.10.2019 - Última actualización - 13:39
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Tribuna de opinión (por María Teresa Rearte)

Ética y política

En el país hay 14.400.000 personas en situación de pobreza, de las que 3 millones serían indigentes. <strong>Foto:</strong> Mauricio Garín En el país hay 14.400.000 personas en situación de pobreza, de las que 3 millones serían indigentes.
Foto: Mauricio Garín

Foto: Mauricio Garín



Tribuna de opinión (por María Teresa Rearte) Ética y política Ética y Política son magnitudes autónomas. No obstante, la política entra en los cuadros de la actividad humana. Emplea medios.

Por Prof. María Teresa Rearte | El Litoral

 

Ética y Política son magnitudes autónomas. No obstante, la política entra en los cuadros de la actividad humana. Emplea medios. Y se inscribe en el universo de los fines e intenciones. Al poner en juego el universo de la persona humana no puede eludir su referencia a la Ética. E incluso la reflexión se orienta en el ámbito de la axiología, lo que implica valores.

 

Los católicos sabemos que la muerte de Jesús pasó por una instancia política. El poder político romano levantó la cruz. Lo profesamos en el Credo: “Padeció bajo el poder de Poncio Pilato”. También hoy hay cruces en nuestro país. Y está claro que es necesario recrear la Nación. Refundar la República. Recomponer el Estado. Y reformular los valores comunes tanto como recomponer los vínculos sociales. Lograr consensos básicos. Y recuperar el bien común como misión del poder político. Así lo pedimos en la oración que -como comunidad- rezamos: “queremos ser una Nación con pasión por la verdad y compromiso por el bien común.” 

 

El bien común en sentido social es aquél del que todos los miembros de la sociedad pueden y deben participar. Y es compatible con todos los pluralismos que no atenten contra la dignidad de la persona humana. Es común porque es comunicable a todas las personas. No porque de hecho esté participado por todas. A título de propuesta enuncio sus elementos básicos: a) el bienestar material; b) la paz social y c) los bienes y valores culturales. Como declaró el Dr. Roberto Lavagna, en el debate del 13/10 (*) ninguno de los candidatos presentes se detuvo para reconocer la magnitud del drama del hambre, que él denunció. Grave omisión. Tampoco el presidente Macri reconoció que no cumplió con ninguna de las promesas de la campaña electoral. Lavagna habla poco porque lo incomoda la grieta. Posee la prudencia para saber escuchar. También para corregir. Y lo hizo.

 

Sobre la paz social como elemento integrante del bien común San Agustín la definía como la “tranquilidad del orden” y la “ordenada concordia”. Al comentarlo Santo Tomás advierte que no es “cualquier concordia, sino la ordenada, precisamente por el hecho de que un hombre concuerda con otro según algo que a ambos conviene; porque si un hombre concuerda con otro, no por espontánea voluntad, sino coaccionado por el temor de algún mal inminente, tal concordia no es verdaderamente paz.” En medio de ajustes, despidos, desempleo, inflación descontrolada, 14.400.000 personas en situación de pobreza, de las que 3 millones serían indigentes, del 52,6% de niños pobres, hambre, despojo a los jubilados, miedo, autoritarismo, cotización imparable del dólar, etc ¿se puede hablar de paz social? Más aún, ¿se puede hablar de libertad cuando hay imposibilidad fáctica para acceder a bienes básicos y necesarios para el propio sustento y la vida de la familia? ¿Y el país se ha convertido en mendigo internacional por deudas impagables?

 

En cuanto a la participación en los valores culturales es la consecuencia natural de una antropología realista que, si admite la prioridad de urgencia del bienestar material, no puede ignorar la prioridad de dignidad de los valores espirituales. Porque no es sólo reconocer la dualidad corpóreo-espiritual en la naturaleza humana; sino también un orden de valores de ambas dimensiones del ser humano. ¿Lo advierte el candidato Alberto Fernández que, para el caso de ser electo, anuncia la creación de un Ministerio de la Mujer? ¿Y en línea con ese anuncio también declara que promoverá la legalización del aborto para que las mujeres pobres tengan los mismos derechos que tienen las mujeres ricas? ¿Con qué fundamento afirma que destruir la vida humana concebida es un “derecho”? Y adviértase que pone ese “derecho” como un beneficio a otorgar a las mujeres pobres. Lo dijo quien tiene alta probabilidad de ser elegido presidente de la Nación. Y por lo tanto, con una enorme tarea de reconstrucción de diversos órdenes de la vida nacional. Que -además- fue quien convocó a todas las partes para la lucha contra el hambre, que se ordena a la conservación de la vida humana. Y ahora anuncia la eliminación de la vida no nacida sólo para igualar -reitero- a las mujeres pobres con las mujeres ricas que según él se practican abortos. ¿Por qué mejor no piensa en cómo promover el valor y la dignidad de la mujer pobre, su salud, sus posibilidades de educación y trabajo? ¿Por qué no aspira como gobernante a mejorar el clima socio-cultural del país para que se respete a la mujer y no sufra violencia? Para que se entienda que -bajo ninguna circunstancia- tiene que sufrir violencia ni explotación sexual.

 

Es importante la educación sexual; pero no en los términos que la plantea el candidato Nicolás del Caño, que apunta contra lo que llama la “cúpula” de las Iglesias cristianas, que tienen pleno derecho a sostener sus propuestas y acciones educativas. Pero no se trata sólo de una posición que él atribuye a las “cúpulas” religiosas. Sino de personas creyentes que sostenemos la inviolabilidad del derecho a la vida por razones no necesariamente religiosas sino científicas; porque la ciencia nos dice que desde el momento de la fecundación hay ahí vida humana. Nicolás del Caño rindió homenaje a los recientes muertos en la conflictiva situación de Ecuador. Pero le adjudica a la mujer la responsabilidad de deshacerse de la vida que no concibió sola. Y sustrae al varón de la responsabilidad de suprimirla. El presidente Macri, que habilitó el debate abortista en el Congreso, y persistió en su propósito, ahora dice que “salvemos las dos vidas”. Deben fundamentar sus posiciones. Quienes tenemos que elegir, debemos saber qué votamos, no sólo a quién votamos. Falta verdad y coherencia en las decisiones anticipadas.

 

La libertad para elegir a las autoridades políticas es un ejercicio que exige reflexión. “La libertad es terriblemente difícil, es una carga, es dura, decía Nicolás Berdiaeff. La libertad engendra el sufrimiento. Los que temen el sufrimiento reniegan de la libertad y se venden a la autoridad, a no importa qué tiranía. La libertad es heroica. Los hombres de instinto servil jamás comprenderán lo que es la libertad.” Sugiero pensarlo. 

 

(*) Reflexiones escritas antes de realizarse el segundo debate presidencial.
 

 




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