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Martes 29.10.2019 - Última actualización - 13:20
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Transición hacia la Casa Rosada

Los cuatro jinetes de Alberto

Un nieto de Antonio Cafiero, un ex ministro “eyectado” del gobierno cuando Néstor apoyó a Stiuso, una ex pareja del mandatario electo que escribió un libro crítico contra Cristina y un kirchnerista que intermediará entre el electo Jefe de Estado y los “ortodoxos” gobernadores peronistas.

Béliz y Alberto Fernández en 2003, tras un entredicho entre ambos funcionarios kirchneristas, cuando se discutía sobre “narcodemocracia” durante el menemismo. <strong>Foto:</strong> Archivo - El LitoralBéliz y Alberto Fernández en 2003, tras un entredicho entre ambos funcionarios kirchneristas, cuando se discutía sobre “narcodemocracia” durante el menemismo.
Foto: Archivo - El Litoral

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Transición hacia la Casa Rosada Los cuatro jinetes de Alberto Un nieto de Antonio Cafiero, un ex ministro “eyectado” del gobierno cuando Néstor apoyó a Stiuso, una ex pareja del mandatario electo que escribió un libro crítico contra Cristina y un kirchnerista que intermediará entre el electo Jefe de Estado y los “ortodoxos” gobernadores peronistas. Un nieto de Antonio Cafiero, un ex ministro “eyectado” del gobierno cuando Néstor apoyó a Stiuso, una ex pareja del mandatario electo que escribió un libro crítico contra Cristina y un kirchnerista que intermediará entre el electo Jefe de Estado y los “ortodoxos” gobernadores peronistas.

Omar Perotti estuvo en los festejos del Frente de Todos en la Chacarita, pero no pudo salir en “la foto” del regreso peronista al poder. Junto al tucumano Manzur, el entrerriano Bordet y el sanjuanino Uñac quedó abajo del escenario montado por el kirchnerismo. Máximo tuvo privilegios en la celebración, pero las derrotas camporistas en territorio bonaerense amargaron su estrategia. “Debimos ganar por goleada”, se sinceró Dady Brieva. 



Son los síntomas que testifican las tensiones internas que administra Alberto por estas horas. Fernández es un hombre que siempre gestionó para terceros; lo hizo para Duhalde, cuando debía “cuidar” su regreso a la Casa Rosada tras un mandato de Kirchner. Lo hizo para Kirchner, cuando abandonó al ex mandatario bonaerense para garantizar su lugar en la Casa Rosada, al menos hasta que se fue del íntimo despacho desde el cual no vio nada. Elogio de la traición.



FMI y bonistas aguardan al nuevo mandatario con gentiles salutaciones, después de haber escuchado a Sergio Massa y Martín Redrado en Estados Unidos. Fueron los emisarios para tomar distancias de Maduro a los ojos de Washington y para tantear ánimos inversores, antes de negociar el reperfilamiento. En el Río de la Plata fueron horas de reproches cristinistas y del “somos lo mismo”, con el que sorprendió Alberto. Dichos previos al comicio en el que el Frente de Todos no alcanzó en las urnas el apoyo hegemónico que descontaba. 



Después de desayunar con Macri en “ordenada transición”, la movida siguiente de Alberto fue la designación de su equipo de transición. Un gesto que no pasa desapercibido y que -en el único dato previsible- ubica al jefe de campaña del Frente de Todos, Santiago Cafiero, como encargado de coordinar el equipo. 


El camporista Eduardo De Pedro integra el cuarteto; si resulta ministro del Interior, será intermediaro “kirchnerista” entre Fernández y los jefes territoriales del PJ. Los gobernadores son -como Massa o los gordos de la CGT- la plataforma de apoyo en la que el presidente electo sustituye la falta de una base propia. “Wado” es una cuña “K”.

 

Cristina, Kicillof, la Cámpora, la CTA y las organizaciones sociales son parte del universo electoral del Frente de Todos, pero no de la trama que le asegura sustentabilidad a la voluntad de Alebrto Fernández en el ejercicio del poder.


La lista de los gestores de la transición se completa con dos nombres que generan perplejidad política (tal vez compensación de tensiones) puertas adentro del Frente de Todos. Uno es el de Gustavo Béliz, hombre ligado a la Iglesia, que renunció como ministro de Justicia de Néstor (y se fue del país) tras denunciar la ilegal actividad de Jaime Stiuso. La Casa Rosada se inclinó por entonces en favor del ex espía; venían tiempos de carpetazos.



El último nombre de la lista es el de Vilma Ibarra. Fue pareja de Alberto Fernández y escribió “El ocaso del Relato”, en el que expuso -una por una- las contradicciones de la Cristina menemista a su última versión kirchnerista. La encargada de los temas legales de la transición será, tal vez, menos trascendente en la sucesión de Alberto a Mauricio que en la dialéctica de la interna peronista, cuya conciliación promete ser más compleja que con el gobierno saliente. 


 

Autor:

Ignacio Hintermeister




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