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Martes 29.10.2019 - Última actualización - 15:24
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Por Facundo Sava

El Guasón Gallardo

 <strong>Foto:</strong> Archivo
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Por Facundo Sava El Guasón Gallardo

Por Facundo Sava (*)

 

Había salido del cine y unas horas después, en la conferencia de prensa posterior a la serie Boca-River en la Bombonera, vi a Joker sentado con el buzo de entrenador de River. Ahí, con el pasaje a una nueva final de la Copa Libertadores en la mano y una sonrisa guasónica, única, de liberación.

 

Marcelo Gallardo le había apuntado con el dedo índice de su mano derecha a Wilton Sampaio apenas finalizado el partido, en pleno festejo por un nuevo éxito ante Boca y con la lucidez de saber que un resultado nunca debe condicionar un concepto. El árbitro, cuestionado por esas faltas que inventó y que terminaron condicionando el juego de su equipo.

 

—Lo suyo, lamentable.

 

El entrenador de River se abrazó con sus jugadores y luego bajó del túnel rumbo al vestuario dando pasos de zapateo americano y con un desahogo por la satisfacción de ser la resistencia frente al poder, en un escenario individualista y egoísta.

 

—Síiiiiiiiiii, siii, siii, siii.

 

Detrás de ese baile de Gallardo lo siguen otros tantos, los que se identifican con una persona que, desde su capacidad, su responsabilidad, la lealtad a sus ideas, el respeto y la cantidad de valores positivos que transmite, se sienten parte, sean o no de River. Da esperanza y purifica, en estos últimos cinco años de huella profunda.

 

Boca es pasado y la alegría parece mudarse a un rostro sin pinturas ni máscaras. “Tengo una felicidad que no entra en mi cuerpo”, dice.

 

En estos últimos años, la exposición que tuvo como entrenador de este equipo que jugó contra Boca en instancias definitivas de la Copa, lo puso en un lugar. Desde la noche del gas pimienta, la posición del club respecto a la Superliga, lo que pasó previo a la final de Madrid. Aquello de la “guardia alta” frente al poder pone de manifiesto un estado de rebeldía, muchas veces vinculada desde parte de la prensa servicial al poder como un llanto en busca de ventaja que intenta condicionar.

 

Se habló en la previa de este último clásico de los penales que le dieron a River vía VAR. Se habló muy poco de cuántas veces el funcionamiento de la idea le permite a los jugadores del equipo de Núñez llegar dentro del área en buena posición para la definición.

 

Se habló de videos donde sus futbolistas simulaban faltas dentro de la zona de riesgo para confundir al árbitro, se tiró un poco de barro a la cancha para que los especuladores del fútbol tuvieran elementos sin argumentos para minimizar su rol y la incidencia como líder integral de una institución que estudia las mismas materias desde la Primera hasta sus Juveniles.

 

Hay quienes, además, como pasaba con Bianchi, ensayaron y limitaron sus análisis a la suerte. Se habló del “culón de Gallardo” en la política nacional, como si un resultado proyectado en el tiempo se tratara de una moneda que cae de un lado o del otro según se le cante.

 

Tal vez sí, Gallardo tenga el mejor equipo de los últimos 50 años. En su edificación, este ciclo de 5 años, camina por la verdad de los valores y el juego.

 

La respuesta del Guasón Gallardo, a diferencia del personaje de la película, está en la cancha, en su trabajo en equipo día a día, en su resistencia afuera y en ese dedo índice que dispara y señala a los que lo invitan a jugar en el barro.

 

(*) Ex jugador de Ferro y Boca, entre otros. Ex entrenador de Unión. Sicólogo. Escribió este artículo publicado en El Furgón.




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