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Miércoles 30.10.2019 - Última actualización - 12:30
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Tribuna política (por Guillermo Dozo)

Votos y la máquina del tiempo

Alberto Fernández y Mauricio Macri el día después de las elecciones. Qué hubieran modificado como candidatos si en Argentina existiesen las posibilidades que abre una máquina del tiempo.  <strong>Foto:</strong> AgenciaAlberto Fernández y Mauricio Macri el día después de las elecciones. Qué hubieran modificado como candidatos si en Argentina existiesen las posibilidades que abre una máquina del tiempo.
Foto: Agencia

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Tribuna política (por Guillermo Dozo) Votos y la máquina del tiempo La posibilidad de viajar en el tiempo provocó un particular interés en Hollywood y, por ello, existe una gran cantidad de películas que especulan con esta posibilidad.

Guillermo Dozo | redaccion@ellitoral.com

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La posibilidad de viajar en el tiempo provocó un particular interés en Hollywood y, por ello, existe una gran cantidad de películas que especulan con esta posibilidad. Algunas marcadas con un fuerte tono apocalíptico como la saga Terminator; otras permiten trazar comedias románticas (“Cuestión de tiempo”) y otras en la especulación que marca la ciencia ficción. Aunque una de las sagas más vistas ha sido la de “Volver al futuro”. Pero ¿y si en Argentina existiesen las posibilidades que abre una máquina del tiempo?

 

Para muchos de los actores dentro del oficialismo macrista, si el artilugio existiese, viajarían unos meses hacia atrás con el fin de dejar de lado una campaña basada en relaciones digitales articuladas por las redes sociales, para pasar a una campaña “a la vieja escuela” tal como la encaró el actual presidente en las últimas semanas y que provocó una notable recuperación en el caudal electoral, mejoría que le permite a Mauricio Macri dejar la presidencia con el rótulo de “principal opositor” y alejarse de una muerte política. Uno de los operadores de esa supuesta máquina para poder ir hacia atrás podría haber sido Luis Juez. Para el cordobés hubo “errores en el diseño de la campaña porque nos alejamos de la gente y le dejamos ese lugar al peronismo” y señaló que, sin embargo, “cuando modificamos la forma y realmente hicimos una campaña como debe ser, juntamos en Córdoba a miles y miles de personas aún con un dólar a 62 pesos. ¿Alguien puede imaginarse si esto comenzaba hace seis meses atrás? El resultado hubiese sido otro”. 

 

Ese pensamiento contrafáctico aún marea a quienes participaron del último tramo de la recorrida por las 30 ciudades que encaró el presidente Macri y el lamento es grande. También están las responsabilidades. Para un sector muy grande, las presencias de Marcos Peña y del ecuatoriano Jaime Durán Barba fueron determinantes en la sucesión de errores gestados en los últimos meses. Aunque los más acérrimos detractores consideran que fueron errores iniciales que nunca fueron corregidos y que, con el paso del tiempo, fueron determinantes. Tanto, que llevaron a la derrota a “la dirigente política con mejor imagen positiva de la Argentina”: María Eugenia Vidal. Los consultores advierten que imagen positiva no siempre son votos, pero la elección en provincia de Buenos Aires fue el talón de Aquiles del macrismo. En ese territorio clave la presencia de Cristina y el armado con los viejos caudillos del peronismo, permitió que los números alcancen para una victoria que marca otro hito en la historia institucional.

 

¿El PJ se sube?

 

En efecto, los últimos años muchos sectores del peronismo y, más aún, del kirchnerismo cristinista han apelado al tambor para remarcar el eslogan de “vamos a volver”. Para algunos más exaltados es un grito de guerra, un hacka que se canta en la cara del adversario para anticiparle lo que le ocurrirá cuando esta profecía se cumpla. Así, el “Vamos a volver” preconfigura un retorno de un gobierno que, al tañido del redoblante, significa alegría y prosperidad. 

 

¿Será así? “Nadie se baña dos veces en el mismo río” sentenció Heráclito e, indudablemente, es difícil sino imposible pretender repetir segundo por segundo, un hecho del pasado. Por eso, el “Vamos a volver” es un buen eslogan, pegadizo, pero alejado de la realidad. 

 

La primera fractura en el retorno al pasado la provocó Cristina Fernández al designar a Alberto Fernández como el candidato a presidente. Ya no es “la presidenta de todos los argentinos” como arengaba la locutura oficial en sus años de mandatos presidenciales, será sí, la titular de la Cámara de Senadores y la sucesora natural del presidente. Que no parezca poco. Más aún cuando las causas judiciales en su contra avanzan en algún caso y son incógnitas abiertas en otros. 

 

Alberto, obvio, no es Cristina. Y esa obviedad es una de las claves para el triunfo del peronismo. Porque efectivamente no fue una victoria del kirchnerismo sino una bien trabajada estrategia para sumar a los peronistas que nada o poco querían saber con los sectores K más radicalizados, tan lejos de una mirada de centro derecha o de derecha de provincias más feudales que modernas democracias. Pero también hay un peronismo moderno pero moderado, que se ubicó a un costado del kirchnerismo y de la anterior (mala) jugada de Cristina de jugar “por afuera” con Unidad Ciudadana. Estos peronismos fueron los que, sumados, llevaron al triunfo de Alberto Fernández. Es más, Máximo Kirchner estuvo en la madrugada del lunes reunido con algunos de sus más allegados para evaluar qué había pasado. Los candidatos de la Cámpora no lograron las victorias que imaginaban y comenzaron los pases de facturas internos. 

 

Pero más allá de las pequeñas fracturas como los gobernadores que no pudieron subir al palco del festejo -incluido el electo Omar Perotti- el peronismo se prepara para lograr mejor gestión y respuestas a las demandas urgentes. Es que ahora habrá que ver cómo es la economía que viene, por el momento indescifrable, porque de la política ya existen bastantes indicios. 

 

Dentro del oficialismo macrista, viajarían hacia atrás con el fin de dejar de lado una campaña basada en relaciones digitales articuladas por las redes sociales, para pasar a una campaña “a la vieja escuela” tal como la encaró el actual presidente en las últimas semanas y que provocó una notable recuperación en el caudal electoral.

 

“Nadie se baña dos veces en el mismo río” sentenció Heráclito e, indudablemente, es difícil sino imposible pretender repetir segundo por segundo, un hecho del pasado. Por eso, el “Vamos a volver” es un buen eslogan, pegadizo, pero alejado de la realidad. 

 

Alberto, obvio, no es Cristina. Y esa obviedad es una de las claves para el triunfo del peronismo. Porque efectivamente no fue una victoria del kirchnerismo sino una bien trabajada estrategia para sumar a los peronistas que nada o poco querían saber con los sectores K más radicalizados

 

 




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