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Martes 05.11.2019 - Última actualización - 06.11.2019 - 7:42
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LAS PELÍCULAS DE WOODY ALLEN

La cámara como diván

Con 83 años, el creador “Manhattan” sigue vigente: el 7 de noviembre llega a los cines argentinos “Un día lluvioso en Nueva York”, una trama romántica ambientada en la ciudad que mejor conoce. Recorrido por la obra de un cineasta que observó problemáticas centrales de la existencia, siempre con sentido del humor. 


Diane Keaton y el propio Woody Allen se enamoran en “Annie Hall”. Foto: United Artists
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LAS PELÍCULAS DE WOODY ALLEN La cámara como diván Con 83 años, el creador “Manhattan” sigue vigente: el 7 de noviembre llega a los cines argentinos “Un día lluvioso en Nueva York”, una trama romántica ambientada en la ciudad que mejor conoce. Recorrido por la obra de un cineasta que observó problemáticas centrales de la existencia, siempre con sentido del humor.  Con 83 años, el creador “Manhattan” sigue vigente: el 7 de noviembre llega a los cines argentinos “Un día lluvioso en Nueva York”, una trama romántica ambientada en la ciudad que mejor conoce. Recorrido por la obra de un cineasta que observó problemáticas centrales de la existencia, siempre con sentido del humor. 

 

Existen ciertas muletillas entre los críticos al analizar las películas de Woody Allen de los últimos veinte años: “es un trabajo menor”, “no puede ubicarse entre sus mejores obras”. Ocurre que el parámetro está alto. ¿Cómo lograr que una película no palidezca si se la compara con “Manhattan”, ícono cultural del siglo XX?.

 

Lo cierto es que la filmografía completa del cineasta tiene un sello personal donde se mezclan muchos ingredientes para una receta especial. Obsesiones que vuelven a cada rato y pivotean entre el sexo, la muerte, la religión, la enfermedad y el sentido de la vida. Personajes repletos de matices. Influencias que, en los cinematográfico, van desde Ingmar Bergman y Federico Fellini hasta los Hermanos Marx, en lo literario, desde Dostoievsky hasta Tennesse Williams y en lo musical desde el jazz hasta la ópera. Y Nueva York: cómo señaló un biógrafo, “no es posible entender a Allen sin entender Nueva York”.

 

Precisamente esta ciudad es el lugar donde está ambientada la trama de la última película del realizador de 83 años, que en cierto modo vuelve a sus orígenes tras filmar en Barcelona, Roma, Londres y París. “Un día lluvioso en Nueva York”, que lleva como protagonistas a los jóvenes Timothée Chalamet y Elle Fanning, llegará a los cines argentinos el jueves 7 de noviembre y sirve de excusa para recordar diez filmes clásicos, ineludibles, creados por Woody Allen durante cinco décadas.

 

 

“Dos extraños amantes” (1977): Elegida por varias encuestas como la comedia cinematográfica más lograda de todos los tiempos (por encima de clásicos como “Some Like it Hot” de Billy Wilder) marcó la madurez del director. El paso de las películas más alocadas, inspiradas en la lógica de las screwball comedys y el humor de los Marx (“Bananas”, “El dormilón”) a otras más centradas en las relaciones sentimentales. La Academia de Hollywood la consagró con cuatro Oscars, entre ellos Mejor película y Director, pero lo que en verdad la hizo enorme y duradera fueron sus personajes: Alvy Singer (intepretado por el propio Allen en una fórmula que repetiría muchas veces) y Annie Hall (inolvidable Diane Keaton) y sus geniales gags. 

 

 

“Manhattan” (1979): Si dentro de algunos siglos alguien se propone estudiar la vida en una gran ciudad cosmopolita, hallará en este film un vasto documento. Pocas veces un ambiente urbano tuvo tanto peso, al punto de convertirse casi en un personaje más. La divertida trama se concentra en Isaac Davis un hombre de mediana edad en crisis que se enamora de la amante de su amigo. Pero es Nueva York, observada con cariño a través de la cámara al compás de la música de George Gershwin lo que define el encanto atemporal de “Manhattan”.

 

“La rosa púrpura de El Cairo” (1985): El escritor y ensayista Mario Vargas Llosa señaló que algunos personajes de la ficción literaria habían sido más trascedentes en su vida que muchos reales. A Woody Allen le debe haber pasado algo así con el cine y en este film le rinde su homenaje más sentido y personal. Mia Farrow interpreta a Cecilia quien durante la Gran Depresión encuentra un bálsamo en la pantalla. Un día, el galán de su película favorita atraviesa la pantalla para conocerla. A partir de ahí, Allen juega con las posibilidades. Y deja una frase para el recuerdo: “Estoy confundida. Estoy casada y conocí a un hombre maravilloso. Es ficticio, pero no puedes tenerlo todo”. 

 

 

“Hannah y sus hermanas” (1986): Con alguna referencia chejoviana, a través de la descripción de la vida cotidiana de tres hermanas, muy distintas entre sí, Allen desarrolla una mirada sensible sobre las relaciones humanas. Las historias se cruzan: hay amores, mentiras, depresiones, sueños y problemas. Cada uno de los personajes atraviesa su propio laberinto, pero la clave es que encuentran una red de contención en los afectos. Los demás nos complican la vida, pero no es posible atravesar el camino en soledad, parece decir Allen, quien en este caso también actúa, junto a Mia Farrow, Michael Caine, Barbara Hershey y Dianne Wiest.

 

“Días de radio” (1987): Allen escarba en su propio pasado para rendir homenaje a la radio, el medio de comunicación que definió su infancia en los ‘40. Indulgente y nostálgico, desarrolla una serie de anécdotas que vinculan la programación radial (sus historias de superhéroes, sus concursos, sus crónicas deportivas, sus espacios publicitarios) con los integrantes de una familia judía de clase trabajadora. No tiene la profundidad de personajes ni la mordacidad de otros films, pero si es una de las más ágiles y entretenidas. 

 

“Crímenes y pecados” (1989): Angustias existenciales, obsesiones y dilemas morales sobrevuelan este film, donde Allen reúne las historias de dos hombres (muy diferentes entre sí) expuestos a sus propias encrucijadas. De un lado, un reconocido oftalmólogo (Martin Landau) decide asesinar a su amante cuando esta pone en riesgo su acomodada situación. Del otro, un documentalista (el propio Allen) se ve forzado a rodar un film sobre un personaje al que detesta. Se trata de una inteligente disección de la naturaleza humana, que trata de señalar como las decisiones son las que definen la esencia de las personas. 

 

 

“Dulce y melancólico” (1999): Cálido homenaje al jazz, oda cariñosa a los artistas, sus sueños, luchas y procesos creativos y soberbia descripción de amores y oportunidades perdidas. Todo eso cabe en este filme que contiene una de las mejores actuaciones de Sean Penn. Es una especie de biopic del dotado guitarrista Emmet Ray, quien gracias a su talento roza todo el tiempo la cima pero no puede alcanzarla por su tendencia autodestructiva. Vive obsesionado con el también guitarrista Django Reinhardt y es incapaz de comprometerse sentimentalmente con nadie. Encuentra solo en la música la posibilidad de redención. 

 

“Match Point” (2005):  Allen sale del ambiente neoyorquino y deja por un rato a los personajes neuróticos, patéticamente divertidos, para trazar una impiadosa crónica de la ambición que dialoga con la novela rusa “Crimen y castigo”. La tesis que sigue el director es que, más allá del mérito, estamos regidos por la suerte. Cuando Chris Wilton (Jonathan Rhys Meyers) un profesor de tenis de escasos recursos logra ingresar en la alta sociedad de Londres es capaz de llegar al asesinato para sostener su nivel de vida. Allen se toma el tiempo para narrar con detalle una tragedia que se vuelve angustioso thriller.

 

“Blue Jasmine” (2013): Con maestría, Allen evoca y reinventa la obra teatral de Tennesse Williams “Un tranvía llamado Deseo” y traza uno de sus grandes personajes: la glamorosa Jasmine (Cate Blanchett) quien debe sacrificar su acomodada vida neoyorquina forzada por su situación económica. Se muda a San Francisco para vivir con su hermana, de clase media. La imposibilidad de Jasmine de amoldarse a su nueva situación y generar empatía con el medio que la rodea, provocará una relación explosiva con su cuñado. Alec Baldwin, Sally Hawkins, Bobby Cannavale y Peter Sarsgaard circundan a Blanchett, que por componer a una mujer desguarnecida entre antidepresivos y recuerdos de su vida anterior, se llevó el Oscar a la Mejor Actriz. 

 

 

“Café Society” (2016): Es en cierto modo complementaria de “La Rosa Púrpura de El Cairo” en su mirada irónica y desencantada del modelo de negocios del “Hollywood dorado” (que se asocia en su configuración con la mafia neoyorquina) y su impacto en la vida de la personas. Sin embargo, como en toda película tocada por la varita del genio, lo que más pesa es la historia de amor agridulce que se gesta entre los personajes, los cambios que se producen en ellos y el sentido del humor con el que el director observa a sus criaturas. Jesse Eisenberg, Kristen Stewart, Steve Carell y Blake Lively integran el cuarteto protagonista.

 

Autor:

Juan Ignacio Novak


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