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Martes 05.11.2019 - Última actualización - 14:45
14:42

Unión: el balance de un punto que debieron ser tres

El dolor de lo que no fue

Mereció ganar, pero tuvo un lapso en el que Banfield lo borró de la cancha con empuje. El equipo se desequilibró: bien del medio hacia arriba, no tan bien del medio hacia atrás. Cotizó alto el punto con Independiente por la reacción del segundo tiempo, pero fue en baja el que se trajo de la cancha del Taladro.

El “Pocho” Troyansky maniobra ante la marca de un defensor. Entró bien y convirtió un gol con una brillante definición de cabeza, luego de un centro perfecto de Carabajal. Tiene “todos los boletos” para reemplazar a Mazzola. <strong>Foto:</strong> Matías NápoliEl “Pocho” Troyansky maniobra ante la marca de un defensor. Entró bien y convirtió un gol con una brillante definición de cabeza, luego de un centro perfecto de Carabajal. Tiene “todos los boletos” para reemplazar a Mazzola.
Foto: Matías Nápoli

Foto: Matías Nápoli



Unión: el balance de un punto que debieron ser tres El dolor de lo que no fue Mereció ganar, pero tuvo un lapso en el que Banfield lo borró de la cancha con empuje. El equipo se desequilibró: bien del medio hacia arriba, no tan bien del medio hacia atrás. Cotizó alto el punto con Independiente por la reacción del segundo tiempo, pero fue en baja el que se trajo de la cancha del Taladro. Mereció ganar, pero tuvo un lapso en el que Banfield lo borró de la cancha con empuje. El equipo se desequilibró: bien del medio hacia arriba, no tan bien del medio hacia atrás. Cotizó alto el punto con Independiente por la reacción del segundo tiempo, pero fue en baja el que se trajo de la cancha del Taladro.

(Enviado Especial a Buenos Aires)

 

Nunca es saludable analizar la actuación fubolística de un equipo solamente por la suerte que se corrió en el resultado, pero nadie puede ignorar que existen condicionamientos. Si Unión hubiese ganado el partido, se estaría hablando de un resultado justo. Como no lo ganó, más allá de reconocer la injusticia, habría que indagar por qué pasó lo que pasó. ¿Por qué a Unión se le escapó un partido que tenía en el bolsillo?, ¿qué le pasó?, ¿en qué falló?. Porque no es que el trámite del partido fue cambiante en cuanto al dominio y que Banfield justificó en algún momento el empate. Banfield fue un aluvión anímico —futbolístico también— en un pasaje que no duró más de diez minutos. Y allí empató el partido, llevándoselo por delante a Unión y llenándole de centros el área de Moyano.

 

Por un lado eso, la injusticia del resultado y descubrir cuáles fueron los fundamentos reales de Banfield para hacerle ese daño a Unión. Porque aún ganando 1 a 0, Banfield no había acumulado méritos. A esos méritos, en el trámite y frente al arco rival, los tenía Unión a su favor. Quizás no de una manera acentuada. Pero en la generación de situaciones de gol, Unión ya era más desde el propio comienzo del partido. Basta con mencionar las dos situaciones claras que había tenido Bou. Y todo esto con el partido 0 a 0 hasta que llegó el desborde de Gómez por derecha y el cabezazo de Dátolo que abrió la cuenta a favor de Banfield.

 

Fue convincente, por juego y por vocación ofensiva, lo de Unión. No tanto por la manera en que defendió el resultado. Allí radicó el principal déficit. Jalil Elías era la figura y tuvo que salir por una molestia. Y Bonifacio también dejó la cancha porque se sentía mareado. Ni Méndez ni Cavallaro pudieron suplir, defensivamente, lo que ellos le estaban dando. Allí vino el momento de Banfield. Falcioni se la jugó con un cambio raro: había puesto a Damonte, con el partido 1 a 0, en reemplazo de Jonás Gutiérrez; jugó 15 minutos Damonte, porque cuando Unión se puso 3 a 1, lo tuvo que sacar. Y sumó delanteros (terminó jugando con cuatro) para buscar el empate que, en la tabla de los merecimientos futbolísticos, parecía muy lejano.

 

 

 

Si se toman en cuenta los últimos dos partidos, hubieron algunos avances. Pero extraña la falta de solidez defensiva, porque este es un equipo que tiene jugadores que se conocen mucho y que hace dos años y medio que vienen trabajando juntos. Desde que arrancó la racha de seis partidos sin perder, en cuatro de ellos apenas sufrió un gol y fue por un error individual (el de Peano en Mar del Plata ante Aldosivi), pero en los últimos dos partidos y sin ausencias que pudieran ser colocadas como excusa, a Unión le convirtieron cinco goles, de los cuáles tres fueron de cabeza.

 

Madelón lo advirtió después del partido. Y lo dijo como un aspecto que le preocupa en este proceso de consolidación futbolística, ya que si un lugar de la cancha viene siendo estable en los últimos tiempos, es el defensivo. Por nombres propios (más allá de la salida de Nereo Fernández y de Bruno Pittón) y también por rendimientos.

 

El equipo se va encontrando en el mediocampo. Acevedo y Carabajal aportan fútbol, Bonifacio y Elías dinámica. Elías jugó, el domingo, su mejor partido desde que llegó a Santa Fe. Cuando desentonó, Madelón lo ratificó. Debe haber sido el jugador al que más chances le dio el técnico. Nunca lo marginó. Y eso le fue dando confianza. Es posible también que el entrenador haya tenido razones para mantenerlo que no se veían tanto desde afuera pero que él las dimensionaba de la manera correcta. A veces, eso pasa. Y el tiempo le dio la razón a Madelón, porque si Elías no hubiese salido ante Banfield, quizás la suerte del equipo habría sido distinta. Justamente, su salida —y esto no va de ninguna manera en detrimento de un Javier Méndez que siempre ha cumplido pero al que justo le tocó entrar en un momento complicado del partido— coincidió con la levantada de Banfield y el bajón de Unión. Fue el comienzo de esos diez minutos de furia que tuvo el local para llegar al resultado final, sin merecerlo.

 

El penal que ejecutó con mucha calidad Gabriel Carabajal y que le dio el tercer gol a Unión. Ese primer cuarto de hora del segundo tiempo fue a todo nivel por parte del Tate, aunque enseguida vino la reacción de Banfield y el empate definitivo. Foto: Matías Nápoli

 

 

El cambio de Cavallaro se dio con el partido 3-2 a favor de Unión. Bonifacio estaba mareado y Madelón quería “reconocerlo” a Cavallaro. No en vano, su ingreso ante Independiente fue muy importante, dándole frescura y claridad al equipo en un momento de mucha zozobra por el resultado adverso. Entró de volante por derecha. No es una posición ni una función que desconozca, aunque quizás esté para jugar en otro lado, más suelto y más arriba. Tampoco tuvo tiempo de acomodarse. Entró en medio del torbellino que era Banfield. Cuando se paró un poco y entendió lo que debía hacer, ya el partido estaba 3 a 3.

 

Muchos dicen que el cambio debió ser el de Cavallaro por un punta (en este caso por Bou, que jugó bien pero que tuvo mala fortuna porque se le negó el gol). Pero los tres cambios que hizo Madelón fueron obligados: el de Mazzola (con fractura en el maxilar), el de Elías (con una molestia en una de sus piernas) y el de Bonifacio (se fue mareado). El técnico tenía otras cosas previstas, como por ejemplo, que Méndez entrase pero no por Elías sino por Acevedo. Tuvo que modificar los planes.

 

 

 

De todos modos, si bien a Falcioni le salió bien y a Madelón no tanto, el balance final en cuanto al aspecto futbolístico fue más favorable a Unión que a Banfield. Quizás, Banfield se sienta mejor por haber remontado un 1-3 para convertirlo en un 3-3. Pero Unión jugó mejor y mereció otro resultado. Mostró personalidad, se sobrepuso al gol de ventaja que sacó Banfield, lo dio vuelta jugando bien y después vino esa laguna que duró unos diez minutos hasta que recompuso la imagen en el final.

 

Sin jugadores que desequilibren por sí mismos, con un par de buenas figuras que sobresalen del resto pero con una imagen colectiva que, tal como lo señaló siempre el técnico, surge nítidamente por encima de las individualidades, Unión está en ese proceso de ir encontrando la mejor forma de interpretación del libreto futbolístico.

 

Cuando Nicolás Mazzola —lamentablemente fracturado en esa acción inicial de Arboleda saliendo desesperadamente afuera del área chica a rechazar una pelota que se había elevado— llegó a Unión a principios de este año, preguntó a quienes estábamos cerca y a punto de escucharlo en sus primeras declaraciones, si la característica de Unión era correr como lo habían hecho sus jugadores en esa primera práctica que lo tuvo como protagonista en Mar del Plata. Ante la respuesta afirmativa, Mazzola hizo un gesto elocuente, como diciendo que debía adaptarse rápidamente a esa idea de mucha dinámica que pregonaba el técnico.

 

No solo lo comprendió Mazzola, sino también el resto de los que han llegado. Hay algunos que se adaptan naturalmente, como es el caso de Bonifacio y Elías. Y otros que, como es el de los dos delanteros, entienden también que son los primeros defensores y que no pueden renegar del sacrificio, más allá de que su primera misión es convertir goles.

 

Extraña la falta de solidez defensiva, porque este es un equipo que tiene jugadores que se conocen mucho y que hace dos años y medio que vienen trabajando juntos.

 

¿Troyansky por Mazzola?

 

Confirmada la fractura de Mazzola por el golpe que recibió de Arboleda apenas empezó el partido del domingo, las mayores chances son para Franco Troyansky, quien ingresó en su lugar y marcó un lindo gol de cabeza.

 

Sin mucho tiempo —el partido con los tucumanos es el viernes—, seguramente Madelón mantendrá la base que viene siendo titular en estos últimos partidos.


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