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Martes 26.11.2019
7:17

ESTRENAN “MIDWAY: ATAQUE EN ALTAMAR”

El cine va a la guerra

El 28 de noviembre llega a los cines la nueva película de Roland Emmerich, centrada en uno de los momentos claves de la Segunda Guerra Mundial. Una circunstancia histórica que el cine, en especial el comercial, reflejó en diversas oportunidades, gestando un puñado de obras modélicas. 

 


“Midway: ataque en altamar”, una superproducción dirigida por Roland Emmerich. Foto: Lionsgate
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ESTRENAN “MIDWAY: ATAQUE EN ALTAMAR” El cine va a la guerra El 28 de noviembre llega a los cines la nueva película de Roland Emmerich, centrada en uno de los momentos claves de la Segunda Guerra Mundial. Una circunstancia histórica que el cine, en especial el comercial, reflejó en diversas oportunidades, gestando un puñado de obras modélicas.    El 28 de noviembre llega a los cines la nueva película de Roland Emmerich, centrada en uno de los momentos claves de la Segunda Guerra Mundial. Una circunstancia histórica que el cine, en especial el comercial, reflejó en diversas oportunidades, gestando un puñado de obras modélicas.   

 

Hace un par de años, con motivo del estreno de “Dunkerque”, repasábamos en este mismo espacio una decena de películas clásicas centradas, desde distintos enfoques, en la Segunda Guerra Mundial. Planteábamos allí que dentro del mundo del cine (en especial en Hollywood) este momento histórico resultó una cantera amplísima de donde extraer tramas de películas de distinto tipo, desde dramas hasta intensos thrillers. Que todavía no está agotada: a fines de noviembre llegará a las pantallas de cine de Argentina “Midway: ataque en altamar”, una superproducción dirigida por Roland Emmerich (el creador de las ambiciosas “El día después de mañana” y “2012” y la histórica “El patriota”), que narra con lujo de detalle en el contraataque que planeó el ejército norteamericano a Japón tras el ataque a Pearl Harbor. Una novedad cinematográfica que sirve de punto de partida para recorrer diez films que tienen a la gran Guerra que se extendió entre 1939 y 1945 como contexto y que, en cierto modo, son complementarios a los que mencionamos en el mentado artículo publicado en 2017. 

 

 

“Los mejores años de nuestra vida” (1946): Curiosamente, uno de los filmes más logrados sobre las profundas secuelas que dejan los conflictos bélicos en las personas (otra es “El francotirador”, de 1978), fue realizada apenas un año después del epílogo de la Segunda Guerra Mundial. La dirigió William Wyler, habilidoso realizador luego oscarizado por “Ben-Hur”, y es un meticuloso melodrama sobre las dificultades de los ex soldados para reinsertarse socialmente. Dana Andrews y Fredric March desarrollan sólidos trabajos, pero el que permanece en la memoria es el de Harold Russell, quien ha perdido sus manos en combate y enfrenta la hostilidad de un mundo que no está preparado para la inclusión. 

 

“El día más largo” (1962): En los albores de las década del ‘60 todavía pesaba mucho la idea del cine como gran espectáculo visual, que había prevalecido en el Hollywood de los ‘50. En esa línea, el productor Darryl F. Zanuck (responsable “¡Qué verde era mi valle!” y “Eva al desnudo”), convocó a uno de los elencos más deslumbrantes de que se tenga registro, dejó exhaustos a tres directores (Ken Annakin, Andrew Marton y Bernhard Wicki) y recreó (con un detalle que sólo alcanzaría 30 años después Steven Spielberg) el desembarco de las tropas aliadas en Normandía en junio de 1944. Basta nombrar a algunos de los actores que participaron del proyecto para medir su jerarquía: John Wayne, Robert Mitchum, Henry Fonda, Richard Burton y Sean Connery. 

 

“El gran escape” (1963): Todas las películas de los últimos 50 años que narran fugas de cárceles son deudoras de esta popular obra dirigida por John Sturges (artesano del celuloide y buen conductor de actores creador de “Conspiración de silencio” y “Los siete magníficos”) sobre un grupo de prisioneros ingleses y norteamericanos que cavan túneles para huir de un campo de concentración nazi. En perspectiva algo estereotipados, los personajes se integran en la trama con gran eficacia, en especial Richard Attemborough como arrogante ideólogo de la iniciativa, Charles Bronson como excavador con claustrofobia y Steve McQueen como experto en fugas. Emocionante y entretenida, con secuencias memorables.

 

 

“El imperio del sol” (1987): Steven Spielberg trazó en esta adaptación cinematográfica de la novela de J.G. Ballard un relato sobre la pérdida de la inocencia. Para eso, se enfoca en una circunstancia poco indagada por el cine: los coletazos de la Segunda Guerra Mundial en la población inglesa en China. Cuando, en 1941, el ejército japonés ocupa Shanghai, un niño de clase alta (gran trabajo de Christian Bale) es enviado a un campo de concentración militar donde debe agudizar su astucia para sobrevivir. A pesar de que roza más de una vez el sentimentalismo (el edulcorado final) contiene algunas secuencias grandiosas, como la que muestra el bombardeo de Hiroshima desde el punto de vista del joven. 

 

 

“Adiós a los niños” (1987): No es, en términos estrictos, una película sobre la guerra. Sin embargo, esta siempre ahí, como un fantasma al acecho. Por eso, y por su jerarquía cinematográfica, la incluimos en estas líneas. Se trata de una película sobre la amistad que describe la relación que se forja entre dos adolescentes en un colegio (cuya cotidianeidad está bellamente registrada) francés durante la ocupación alemana en el invierno del ‘43. Louis Malle (“El soplo al corazón”, “Lacombe Lucien” y “Atlantic City”) ofrece una agudeza infrecuente para registrar temáticas hondas sin estridencias y sin apelar a golpes bajo. La capacidad narrativa prevalece a la sensiblería. 

 

“La lista de Schindler” (1993): Es un film doloroso pero a la vez necesario sobre el Holocausto. Si bien está focalizada en Oskar Schindler, un empresario que logró salvar a más de un millar de judíos durante la Segunda Guerra Mundial en la Alemania nazi, lo que intenta es exponer con detalle una experiencia horrorosa que sufrió la Humanidad, para que nunca más se repita. Las licencias históricas que se permite el director Steven Spielberg (se elude el papel preponderante que tuvo la esposa de Oskar Schindler en la elaboración de la lista y los sobornos que en muchos casos fueron necesarios para que muchos judíos polacos pasen a integrarla) no eclipsan en lo más mínimo el mensaje del film, que cuenta con magníficas actuaciones de Liam Neeson, Ben Kingsley y Ralph Fiennes como nazi. Dolorosa y necesaria. 

 

 

 

“El paciente inglés” (1996): Esta película inglesa recobró, a mediados de los ‘90 el aroma de las superproducciones de David Lean. En ese sentido, se perciben en ella algunos ecos de “Dr. Zhivago”: una historia de amor que queda trunca en medio de un escenario bélico. Escrita y dirigida por Anthony Minghella en base a la novela de Michael Ondaatje, supuso una cumbre en el cine de su tiempo, gracias a su cuidado diseño de producción y a las poderosas interpretaciones de Ralph Fiennes, Kristin Scott Thomas y Juliette Binoche. Sin embargo, es la Segunda Guerra Mundial, contexto en el que se desarrolla la trama, lo que define el rumbo que tomarán las vidas de los personajes. 

 

 

 

“La vida es bella” (1997): Tras “La lista de Schindler” parecía difícil lograr desde la pantalla una meditación más profunda y original sobre el capítulo aterrador que escribieron los nazis. Sin embargo, la nueva mirada provino desde Italia y de la mano de Roberto Benigni, quien logró combinar humor y drama en la historia de Guido, quien luego de ser recluido junto a su pequeño hijo en un campo de exterminio, desarrolla una serie de rebuscadas artimañanas para hacerle creer que se trata tan sólo de un juego. Con ecos chaplinescos (en especial expresados en la actuación de Benigni, premiada con el Oscar), una música evocadora y un guión bien dosificado, esta fábula sobre el amor paternal alcanzó el rango de clásico.

 

 

“El libro negro” (2006): Más popular por sus trabajos comerciales en Hollywood, tremenndamente exitosos en términos de taquilla, como “RoboCop” (1987), “El vengador del futuro” (1990) y “Bajos instintos” (1992), el holandés Paul Verhoeven desarrolló una serie de películas centradas en la historia de su país, entre ellas “Delicias turcas” en los ‘70 y esta enmarcada en la Segunda Guerra Mundial, que se focaliza en la historia una joven judía que se une a los grupos de la Resistencia que luchan contra la ocupación alemanas. Condensa a la perfección los conflictos morales a los que se ve expuesta la protagonista, cuando le imponen la misión de infiltrarse en el Cuartel General Nazi para seducir a un alto oficial alemán y obtener así información para liberar a un grupo de prisioneros. 

 

“Hasta el último hombre” (2016): Tiene dos atributos fundamentales. El primero tiene que ver con el punto de vista que elige para reconstruir instancias de la Segunda Guerra Mundial, en este caso la batalla de Okinawa entre las fuerzas del Eje y los aliados. Es el de Desmond Doss, un joven médico militar condecorado por su valor, pero que decidió servir a su país sin armas. El segundo atributo es la precisión quirúrgica de Gibson para desplegar las escenas de lucha, que tienen similar precisión y visceralidad que las que había mostrado en “Corazón valiente” y “Apocalypto”, salvando las obvias distancias de tiempo y lugar. Sería exagerado conferirle el estadío de obra maestra, pero tiene sabor a clásico.

 

Autor:

Juan Ignacio Novak


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