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Jueves 05.12.2019 - Última actualización - 15:23
15:19

Fallo de la Corte sobre libertad de expresión

La culpa no es del medio

En un caso de “daño moral” por una columna publicada en 2002, el Alto Tribunal revocó una condena contra el diario La Arena, de La Pampa.

 Crédito: Corte Suprema de Justicia de la Nación
Crédito: Corte Suprema de Justicia de la Nación

Crédito: Corte Suprema de Justicia de la Nación



Fallo de la Corte sobre libertad de expresión La culpa no es del medio En un caso de “daño moral” por una columna publicada en 2002, el Alto Tribunal revocó una condena contra el diario La Arena, de La Pampa. En un caso de “daño moral” por una columna publicada en 2002, el Alto Tribunal revocó una condena contra el diario La Arena, de La Pampa.

La Corte Suprema de Justicia de la Nación corroboró el criterio de que un medio periodístico no es responsable por el contenido de un texto que haya publicado, en la medida en que las afirmaciones correspondan a un columnista, que se hace cargo de ellas con su firma.

 

Si bien los jueces discreparon en parte sobre si debía aplicarse o no al caso las doctrinas “Campillay” y de la “real malicia” -configuradas por la jurisprudencia de la Corte en que se sustentan las bases y los alcances de la libertad de prensa en nuestro país- coincidieron en la resolución del caso. Así, revocó con respecto al diario La Arena y sus editores un fallo del Superior Tribunal de La Pampa, que había hecho extensiva a ellos la condena al autor de la columna de un colaborador del medio.

 

La columna, publicada en 2002, hacía referencia -con ese término- a la donación “trucha” de un predio para la construcción del edificio donde iba a funcionar un nuevo centro de contención de menores en las afueras de la ciudad de Santa Rosa. Stella Marys García y la Fundación Nuestros Pibes demandaron a su autor, a la propietaria del diario y a los editores por afectación al honor y al prestigio institucional de la referida fundación. El Superior Tribunal de la Pampa confirmó la condena por daño moral, que la Corte ahora revocó respecto del diario y de los editores.

 

Los jueces Rosenkrantz y Highton de Nolasco sostuvieron que resultaba aplicable al caso la doctrina del precedente “Campillay” según la cual, en determinadas condiciones, la reproducción de los dichos de otro no trae aparejada responsabilidad civil ni penal para quien los difunde, en tanto se haya atribuido el contenido de la información a la fuente pertinente.

 

Consideraron demostrado que el artículo cuestionado había sido escrito y firmado por un columnista que no tenía relación de dependencia con la empresa propietaria del diario. En tales condiciones, juzgaron que la fuente de la noticia había quedado plenamente identificada y que era contra ella que debían dirigirse los reclamos.

 

“Si el informador pudiera ser responsabilizado por el mero hecho de la reproducción del decir ajeno, es claro que se convertiría en un temeroso filtrador y sopesador de la información, más que su canal desinhibido. Ello restringiría la información recibida por la gente y, al mismo tiempo, emplazaría al que informa en un impropio papel de censor”, argumentan los jueces.

 

No aplica

 

En sentido contrario, Maqueda y Lorenzetti consideraron que, si bien el firmante de la nota no tiene dependencia laboral con el diario, era su columnista habitual en materia económica. Y que no puede considerarse a dicho periodista firmante como la “fuente identificable” de la información que exima de responsabilidad al diario.

 

Sin embargo, al examinar si existía responsabilidad derivada de la publicación del artículo periodístico, consideraron que la nota no tenía carácter difamatorio por reflejar lo que en los hechos había ocurrido. Por ello no correspondía examinar el caso a la luz de las doctrinas “Campillay” y de la “real malicia”.

 

Ponele la firma

 

“La columna, en tanto género periodístico, analiza, interpreta y orienta al público sobre un determinado suceso con una asiduidad, extensión y ubicación concretas en un medio determinado; constituye un comentario analítico y valorativo con una finalidad similar a la del editorial: crear opinión a partir de la propia (...).

 

La circunstancia de que la publicación lleve la rúbrica del columnista adquiere una importancia particular, desde que al permitir conocer “al que habla” suscita una relación entre éste y los lectores que, en ocasiones, va más allá de la que pueda entablarse con el medio de prensa que constituye el soporte de la nota y podría, inclusive, perdurar a pesar de éste, subsistiendo aunque el columnista cambie de medio”.

 

Del voto de Horacio Rosatti

Autor:

Emerio Agretti





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