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Viernes 13.12.2019 - Última actualización - 12:18
12:15

Colón llegó a 21 partidos, de Superliga, sin ganar de visitante...

Una deuda interna inconcebible que desnuda grandes fragilidades

El equipo no logró victorias afuera durante todo el 2019. Apenas los triunfos con Deportivo Municipal y Argentinos Juniors, matizan uno de los grandes déficit en un año con muchas paradojas y contradicciones.

El equipo derrotado ante River <strong>Foto:</strong> Ignacio IzaguirreEl equipo derrotado ante River
Foto: Ignacio Izaguirre

Foto: Ignacio Izaguirre



Colón llegó a 21 partidos, de Superliga, sin ganar de visitante... Una deuda interna inconcebible que desnuda grandes fragilidades El equipo no logró victorias afuera durante todo el 2019. Apenas los triunfos con Deportivo Municipal y Argentinos Juniors, matizan uno de los grandes déficit en un año con muchas paradojas y contradicciones. El equipo no logró victorias afuera durante todo el 2019. Apenas los triunfos con Deportivo Municipal y Argentinos Juniors, matizan uno de los grandes déficit en un año con muchas paradojas y contradicciones.

Cuesta encontrar un año calendario sin una sola victoria como visitante. Se maquilla el cuadro de situación porque Colón logró ganar dos veces por la Sudamericana; una fue en Lima, cuando venció a Deportivo Municipal y la otra fue en La Paternal, cuando derrotó a Argentinos Juniors. Pero por el torneo doméstico, los números son pésimos. Apenas un solo punto (el empate con Vélez de la mano de Comesaña) en 365 días. Algo que se amplía si se toma en cuenta la última vez que Colón ganó de visitante, el 14 de mayo del año pasado. Desde ese día (victoria ante Racing por 3 a 1 y clasificación para la Sudamericana de este año), pasaron 1 año, 6 meses y 27 dias: un total de 578 días en los que se jugaron 20 partidos por Superliga y uno de Copa de Superliga, con sólo 4 empates y 17 derrotas (apenas el 6 por ciento de cosecha de puntos). En ese trayecto, hizo 15 goles y recibió 43, hubo diez partidos en los que no convirtió y lleva 11 derrotas consecutivas. Un verdadero desastre.

 

Los únicos partidos que se pudieron empatar, fueron ante Patronato, Rosario Central, San Martín de Tucumán (todos estos el año pasado) y el citado empate ante Vélez ya con Comesaña de entrenador y con un gol de penal marcado por el Pulga Rodríguez. Los dos primeros partidos habían sido dirigidos por Domínguez (Patronato y Central), luego llegó el punto en Tucumán (0 a 0 de la mano del Bichi Fuertes) y el 1 a 1 con Vélez de este año, en un partido en el que Colón fue ampliamente dominado en el primer tiempo y tuvo una buena reacción en el segundo.

 

Formó parte, también, de una de las tantas paradojas que ha tenido la campaña de Colón en estos últimos tiempos. Si algo se le destacó al equipo, con Lavallén de entrenador, fue la capacidad para reaccionar, para mostrar un temple que le había faltado en otros momentos de estos 578 días (que se convertirán en muchos más hasta que el último fin de semana de enero haya que visitar a Central Córdoba de Santiago del Estero).

 

Mucho se habló de la llegada de un equipo de coaching para trabajar sobre el aspecto mental y levantar a un equipo de “mandíbula frágil” ante los golpes. Fue durante todo este proceso, también, que algunos entrenadores se refirieron o fueron captados por las cámaras con duras expresiones respecto de esta levedad de espíritu que el equipo mostraba para rebelarse ante la adversidad. Basta con recordar, simplemente, aquél “¡cagones!” de Domínguez, la noche que Huracán da vuelta el partido que Colón ganaba 2 a 0 y lo vence por 3 a 2, o las declaraciones de Julio Comesaña después de la derrota en Córdoba ante Talleres por 2 a 0 en marzo de este año, cuando dijo que “tienen miedo de jugar; no nos olvidemos que con estos mismos jugadores, Colón también venía perdiendo”, dijo el entrenador que apenas dirigió al equipo en cinco partidos.

 

Aquellas declaraciones de Domínguez y Comesaña se realizaron en un contexto en el que Colón venía con una preocupante sequía de resultados positivos de visitante, acumulaba muchas frustraciones fuera de Santa Fe y a partir de ese momento, nada cambió. Todo lo contrario, empeoró. Porque cuando Comesaña, hace nueve meses, dijo que los jugadores “tienen miedo de jugar”, ni siquiera se imaginaba que iba a pasar todo ese tiempo acumulando sólo derrotas fuera del Brigadier López. Un despropósito inimaginable e intolerable para un plantel profesional, mucho más cuando las paradojas de las que hablaba, durante este año tan raro, animaban al hincha y hacían que la ilusión creciera a medida que se iba avanzando a pasos agigantados en la histórica Copa Sudamericana.

 

Con Lavallén, en cadena, Colón acumuló ocho derrotas consecutivas de visitante en la Superliga. Arrancó con el debut ante Aldosivi (0-3), luego siguió con la derrota ante Gimnasia que marcó el final de la Superliga pasada (2-3). En este torneo, fue 0-2 con Huracán, 0-2 con Independiente, 2-3 con Lanús, 0-1 con Unión, 1-2 con River y 1-3 con Vélez. A eso se le suma lo de anoche con Bonaveri, obviamente el de menor responsabilidad en esta cadena de frustraciones que postró al equipo y lo condenó a una situación en la tabla de promedios que es preocupante ya no pensando en el torneo que viene (donde arranca último sin contabilizar a los que asciendan), sino en este mismo campeonato.

 

Si los números gobiernan el fútbol, haber sacado el 6 por ciento de la cosecha como visitante en un año y medio es pésimo y condenatorio. Habrá que investigar a fondo los por qué, aunque siempre se llega a una conclusión: ningún equipo encadena una sucesión semejante de partidos perdidos —o ganados— sin un argumento futbolístico —a favor o en contra— que lo explique. Y Colón ha tenido, en todo este tiempo, la floja respuesta de un equipo que rendía en cuentagotas y una capacidad de reacción que se exhibía en Santa Fe pero que faltaba a la cita cuando se jugaba afuera del Brigadier López.

 

Algunos equipos se acostumbran a ganar y otros se acostumbran a perder. Las rachas existen y la “vibra” —positiva o negativa— se siente y ayuda. Para sostener las rachas, hay que jugar bien y tener una identidad de juego. A Colón le costó mucho esto, si hablamos de lo futbolístico, y poco se ayudó con lo otro, que es el factor mental, para algunos tan importante en el fútbol casi hasta elevarlo al pedestal de fundamental. En ambos casos, lo futbolístico y lo anímico, Colón generó una deuda monstruosa cuando pisó terreno ajeno en la Superliga.

Autor:

Enrique Cruz


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