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Sábado 14.12.2019 - Última actualización - 18:46
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Tribuna de opinión (por José Luis Zalazar)

Exclusión social... el contrato en peligro

La exclusión social ni siquiera se arrima a las orillas de pobreza. Los excluidos no tienen la dignidad de Pobres, son Marginados de los proyectos sociales. <strong>Foto:</strong> Mauricio GarínLa exclusión social ni siquiera se arrima a las orillas de pobreza. Los excluidos no tienen la dignidad de Pobres, son Marginados de los proyectos sociales.
Foto: Mauricio Garín

Foto: Mauricio Garín



Tribuna de opinión (por José Luis Zalazar) Exclusión social... el contrato en peligro El hombre en su estado presocial, tenía libertad absoluta. Nada limitaba su voluntad: tenía voluntad de apropiarse de las cosas, violar y matar.

Por José Luis Zalazar

 

El hombre en su estado presocial, tenía libertad absoluta. Nada limitaba su voluntad: tenía voluntad de apropiarse de las cosas, violar y matar.

 

Pero esa libertad absoluta era peligrosa y estéril. El hombre se sintió desprotegido y se dio cuenta de que estar solo limitaba su capacidad para obtener los fines que su inteligencia le sugería y su naturaleza le demandaba.

 

Allí nació la idea del contrato con los demás hombres, por el cual cada uno renunciaba una parte de su libertad a favor de una sociedad que se creaba. Era el precio que los hombres pagaban para obtener dos bienes inapreciables: “Seguridad y cooperación”.

 

El contrato social es falso como hecho histórico, nunca los hombres acordaron crear una sociedad mediante un contrato. Pero la Idea del contrato es legítima para explicar las relaciones entre los hombres y la sociedad.

 

La renuncia a la libertad absoluta se manifiesta en el acatamiento a la ley, que es el instrumento para obtener los fines del contrato: “Seguridad y cooperación”. La representa el límite de mi libertad, pero es la garantía de mi seguridad y el vínculo de la cooperación.

 

Cualquiera que sea el régimen económico social, aún el más liberal, con imperio de las leyes del mercado, en toda sociedad es la cooperación social la condición para exigir a los habitantes el cumplimiento de las leyes, para exigirles la limitación de su libertad.

 

SI HAY EXCLUSIÓN SE ROMPE EL CONTRATO

 

Pero cuando el régimen económico social deriva en situaciones más o menos generalizadas de “Exclusión Social”, el contrato se pone en peligro.

 

Un padre de familia que no Obtiene trabajo, ni recibe auxilio del Estado, marginado de una sociedad que no le asegura las condiciones de posibilidad de un modo digno de sobrevivir y obtener para él y sus hijos un destino razonable, sentirá resentimiento y, finalmente, rebeldía .

 

Esa rebeldía lo llevará a preguntarse con qué legitimidad se le exige acatamiento a la Ley, respetando la propiedad ajena y el orden establecido.

 

Es decir, con qué legitimidad se le exige cumplir el Contrato Social cuando la sociedad no cumple su parte, que consiste en darle “Seguridad y cooperación”.

 

Hoy en el siglo XXI , no hay excusas para justificar la marginalidad. La marginalidad no es un destino, ni es fruto de un colonialismo externo, ni es un período en nuestro camino hacia la prosperidad generalizada.

 

Un niño que nace en una Villa no es marginado por culpa de sus padres y no es justo que esté condenado a morir veinte años antes que el promedio de los santafesinos.

 

Hemos sido una sociedad que se deslumbró con el desarrollo y el consumo, pero se olvidó de la Justicia.

 

LAS LEYES DEL MERCADO 

 

La irresponsabilidad con la que el nuevo capitalismo, poseído de una soberbia que lo hace sentir acreedor a la impunidad social, empuja a crecientes masas a la marginación, degradando su dignidad social, en medio de un proclamado “crecimiento de la economía”, y de un ostentoso “aumento de la riqueza”, crea en el mundo de hoy un riesgo social que solo los ciegos pueden ignorar.

 

Esa soberbia se siente bendecida por las leyes del mercado. Hay quienes las ignoran, lo que es un suicidio. Hay quienes les rinden culto idolátrico, lo que es un desatino. Si se las deja imperar sin control, actuando por sí mismas, producen efectos beneficiosos y catastróficos al mismo tiempo, los adoradores de esas leyes ignoran que la economía no es una ciencia exacta; es una ciencia moral por la cual el Estado conduce su política económica hacia fines deliberadamente propuestos para la consagración de ciertos valores.

 

Para ello, necesariamente actúa sobre las leyes del mercado con la prudencia que supone toda intervención en los intereses colectivos, para lograr el progreso, la libertad, la justicia, igualdad, y la solidaridad.

 

Debe distinguirse entre “Injusticia Social” y “Exclusión Social”. El mundo tuvo siempre el signo de la Injusticia Social, y la idea de superar esa lacra es el más importante componente de la idealidad política de la Humanidad.

 

Pero parecería ser una utopía, y hasta hoy han fracasado los esfuerzos realizados. Un hombre sometido a la injusticia social está, sin embargo, dentro de la sociedad y el sistema democrático le proporciona armas para luchar por su reparación. Esa injusticia no es un incumplimiento del contrato de tal magnitud que permita rescindirlo, porque la sociedad tiene “a ese hombre” integrado en su seno, bien o mal, y le brinda medios legítimos de lucha.

 

FUERA DE LA CANCHA

 

La exclusión social es otra cosa. Es la Situación del Hombre que no encuentra lugar en esta sociedad que lo excluye de su seno. No le proporciona trabajo, ni medios de subsistencia, ni perspectiva de futuro. No juega en ningún puesto el partido que jugamos todos, está fuera de la cancha, deambula fuera del estadio.

 

La exclusión social ni siquiera se arrima a las orillas de pobreza. Los excluidos no tienen la dignidad de Pobres, son Marginados de los proyectos sociales.

 

Este Hombre Marginado es un hombre que padece carencias y tiene un montón de privaciones, sin embargo esas carencias y esas privaciones de este mundo marginado no son coyunturales, es decir, este hombre, esta mujer y este niño, no es marginado por una causa concreta y determinada. A él le falta lo que es Debido, y por faltarle lo que es debido es una situación de injusticia.

 

Cuidemos el Contrato. Es cuidar la sociedad en la que vivimos. Es un crimen que brindemos motivos suficientes para su rescisión. Volveríamos a la ley de la selva, que es la libertad de “apropiarse de los bienes, violar y matar”.

 

Un hombre sometido a la injusticia social está dentro de la sociedad y el sistema democrático le proporciona armas para luchar por su reparación. Esa injusticia no es un incumplimiento del contrato de tal magnitud que permita rescindirlo, porque la sociedad tiene “a ese hombre” integrado en su seno, bien o mal, y le brinda medios legítimos de lucha.

 

La exclusión social es otra cosa. Es la Situación del Hombre que no encuentra lugar en esta sociedad que lo excluye de su seno. No le proporciona trabajo, ni medios de subsistencia, ni perspectiva de futuro. No juega en ningún puesto el partido que jugamos todos, está fuera de la cancha, deambula fuera del estadio.

 

(*) Movimiento los Sin Techo

 




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