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Domingo 15.12.2019 - Última actualización - 19:08
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Tribuna de opinión (por Carolina G. Betique)

El que tenga oídos, que oiga

 <strong>Foto:</strong> Twitter Alberto Fernández
Foto: Twitter Alberto Fernández

Foto: Twitter Alberto Fernández



Tribuna de opinión (por Carolina G. Betique) El que tenga oídos, que oiga En su discurso de asunción presidencial, Alberto Fernández buscó congraciarse con la Iglesia.

Por Carolina G. Betique (*)

 

En su discurso de asunción presidencial, Alberto Fernández buscó congraciarse con la Iglesia. Legitimó argumentos con conceptos del pontífice y realizó guiños a la audiencia católica que reafirman el poder político del clero argentino. 

 

Lo más evidente fue la mención al “querido Papa Francisco”, mientras que otras personas figuraron sin adjetivos y hasta sin nombre, como un “penalista clásico” que teorizó sobre la Justicia. Con tono laudatorio, el mandatario informó que una encíclica publicada en 2015 “inspira” las medidas que impulsará el nuevo ministerio de Medio Ambiente. Fernández reiteró que va “a poner a la Argentina de pie” —promesa imprecisa como todo eslogan—, puesto que a su juicio sufrimos “profundas heridas”, que están “abiertas” y “sangran” y hay que “suturar” y “curar”. ¿Será casualidad que en febrero, al abrir el sínodo sobre la protección de menores en la Iglesia, Bergoglio manifestó que hay que “curar las heridas graves que el escándalo de la pedofilia ha causado”? Puede que sí: el ex jefe de Gabinete kirchnerista ya había recurrido a la medicina en 2016 para denunciar que “Cristina dejó una Argentina enferma”. 

 

Es necesario superar “muros” del odio, del rencor, del despilfarro de nuestras energías productivas, aseveró el presidente. La metáfora es característica del Papa y se popularizó a nivel global luego de homilías dirigidas a la Casa Blanca mientras Donald Trump iniciaba su cruzada para cercar la frontera mexicana. En ese marco, en la última Jornada Mundial de la Juventud el pontífice preguntó a una multitud de creyentes si preferían ser “constructores de puentes o de muros”.

 

El nuevo jefe de Estado repitió la palabra “pan” al comienzo de varias frases seguidas para cuestionar el “muro del hambre”, un asunto por el que la Iglesia históricamente reclama y actúa. En tal sentido, en misas de fechas convocantes, se suele recordar desde el púlpito que en “la tierra bendita del pan” es inadmisible que haya familias con inseguridad alimentaria. Con ese horizonte, obispos, curas villeros y miembros de Cáritas formarán parte del Plan Argentina contra el Hambre, anunciado como prioridad gubernamental.   

 

“Los marginados y excluidos de nuestra patria, los afectados por la cultura del descarte no sólo necesitan que les demos con premura un pedazo de pan”, sostuvo Fernández en clara intertextualidad con Francisco. Agregó que quienes tienen menos recursos deben “ser comensales de la misma mesa, de la mesa grande de una nación que tiene que ser nuestra casa común”. Al respecto, la carta solemne ‘Laudato si’, elogiada en otro tramo del discurso, encomienda cuidar “la calidad de vida de los más pobres” con la “conciencia de habitar una casa común que Dios nos ha prestado”. 

 

Asimismo, el presidente enfatizó que es imperioso promover la “unidad” entre los argentinos, máxima que fue el eje de la misa para funcionarios salientes y entrantes celebrada el domingo. Allí, el arzobispo de Mercedes-Luján, Jorge Eduardo Scheinig, dijo mucho de lo que se escuchó en el Congreso. Por ejemplo, abogó por un pacto social e instó a construir la “cultura del encuentro” que predica el pontífice. En su alocución, el jefe de Estado solicitó: “No cuenten conmigo para el desencuentro”. 

 

Por otro lado, el mandatario evitó la interna entre pañuelos verdes y celestes aunque disertó con público de pie sobre los derechos de las mujeres. Si bien la mayoría de las agrupaciones feministas pretende que el aborto sea uno de ellos, la Iglesia y millones de argentinos lo rechazan en razón de que las personas son tales desde la concepción.

 

Incluso la encíclica citada en la toma de posesión explicita que la práctica es incompatible con la defensa de la naturaleza. Los asesores del presidente han de haber leído en el documento religioso que los embriones deben protegerse siempre, aun cuando resulten “molestos o inoportunos”. 

 

Conclusión: Fernández tenía en vistas a quién le hablaba. Descontaba que más allá de que la Nunciatura local está vacante desde junio tras la muerte del congoleño Léon Kalenga, el Vaticano enviaría un representante al recinto. En efecto, el delegado fue el nuncio apostólico en Uruguay, Martín Krebs, y las cámaras de la cadena nacional se ocuparon de mostrarlo. Además, era sabido que sacerdotes jerárquicos iban a estar atentos a la pantalla y que el obispo de Roma no mira televisión pero lee los diarios y atiende el teléfono.

 

De acuerdo con la Segunda Encuesta Nacional sobre Creencias y Actitudes Religiosas en la Argentina difundida en noviembre, el 27% de los ciudadanos critica que el Papa se involucra demasiado en política. Sin embargo, parece que él y sus acólitos son llamados a hacerlo con frecuencia. 

 

Vaya a saber por qué, el último tweet de la cuenta de Casa Rosada gestionada por Cambiemos fue: “Este es el momento de irnos, porque hay un tiempo para cada cosa. Gracias a todos. *Eclesiastés 3:1”. Así, con referencia bíblica y todo. Como reza otro pasaje de los Evangelios sobre los que juró la fórmula presidencial, “el que tenga oídos, que oiga”. 

 

(*) Téc. en Comunicación Social




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