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Viernes 27.12.2019 - Última actualización - 10:08
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Según una encuesta realizada sobre 121 personas

El Puente "antipeatonal" de Tucumán y Alem: sólo 31% de los usuarios lo usa

Casi el 70% de la gente consultada cruza por la avenida. Las razones: comodidad, tiempo ganado y alguna dificultad física. Quienes utilizan el puente lo hacen principalmente por prudencia. Entre los reclamos: un semáforo, una senda y más accesibilidad. La propuesta: crear un cruce seguro a nivel peatón.

Ardua tarea. Dos jóvenes suben con dificultad a un niño que está en un cochecito, en la escalera del puente peatonal de Alem y Tucumán.  <strong>Foto:</strong> Flavio RainaArdua tarea. Dos jóvenes suben con dificultad a un niño que está en un cochecito, en la escalera del puente peatonal de Alem y Tucumán.
Foto: Flavio Raina

Foto: Flavio Raina



Según una encuesta realizada sobre 121 personas El Puente "antipeatonal" de Tucumán y Alem: sólo 31% de los usuarios lo usa Casi el 70% de la gente consultada cruza por la avenida. Las razones: comodidad, tiempo ganado y alguna dificultad física. Quienes utilizan el puente lo hacen principalmente por prudencia. Entre los reclamos: un semáforo, una senda y más accesibilidad. La propuesta: crear un cruce seguro a nivel peatón.

¿Es el puente peatonal de Av. Alem (que se conecta inmediatamente con 27 de febrero, al sur) y calle Tucumán inclusivo, en toda la amplitud de esa palabra? ¿Es acaso una megainfraestructura urbana ya obsoleta, a 10 años de su inauguración, en julio de 2009?

 

Según una encuesta divulgada por el Proyecto Ciclo Ciudad / Igualdad y Participación sobre 121 personas, sólo el 31% de los consultados admitió cruzar por el puente. El 69% restante cruza por debajo, por una arteria neurálgica y muy veloz en términos viales, con los riesgos que esto trae aparejado.

 

Los motivos por los cuales las personas cruzan por el puente es por prudencia (67%); por seguridad (16%) y por respeto a las normas (17%), indica el estudio. A su vez, el 69% de los usuarios que cruza por la avenida (y no sube el puente) lo hace por el tiempo ganado (38%); por alguna dificultad física (24%) y por comodidad (38%). También se consultó a los encuestados sobre qué reclamos haría ante esta situación de escaso uso del puente. Éstos fueron: un semáforo peatonal (42%); una senda peatonal (19%); señalética adecuada (14%) y más accesibilidad (11%).

 

Los números se desprendieron de una actividad realizada el 3 de diciembre pasado, Día Internacional de las Personas con Discapacidad. Aquel día, Proyecto Ciclo Ciudad —con el aporte de Cilsa, que prestó sillas de ruedas— quiso visibilizar la tarea “titánica” que realizan personas en sillas de ruedas o con movilidad reducida para cruzar de un lado hacia el otro, es decir, al ingreso del Puerto, por debajo de la vía peatonal en altura. Las mismas dificultades se mostraron con personas que sí cruzaban por el puente, pero con niños en cochecitos, por ejemplo.

 

¿Infraestructura inaccesible?

 

Sobre la base de los números de esa encuesta, “creemos que estas infraestructuras son inaccesibles para la totalidad de la población, lejos del discurso que se creó cuando se la construyó. Es una infraestructura obsoleta y que atenta contra la movilidad de un sector poblacional muy importante: hablamos de personas con discapacidad y con movilidad reducida. Y aún más: la escalera mecánica está rota, nunca se reparó”, le dice a El Litoral Joaquín Azcurrain, referente de Proyecto Ciclo Ciudad.

 

Pero aún con la escalera mecánica en condiciones y el ascensor (que sí funciona, hasta donde se sabe), para el referente el puente “seguiría siendo inaccesible. Hay una subida con una pendiente y una graduación enormes, por las cuales si una persona con movilidad reducida (un anciano con bastón, una mujer embarazada, etc.) intentaran subir, debieran estar asistidos por otras personas”.

 

Y el universo de gente con alguna discapacidad motriz o con movilidad reducida representa entre 20 y 25% de la población total. Para tomar ese dato, Azcurrain refiere a dos estudios del Indec (uno de 2018 y otro de abril de 2019) donde se da cuenta de que esa población es del 10,2% en el país. Extrapolado a esta capital ese porcentaje de referencia, “si se suma a las personas con movilidad asistida, el número se amplía al 20-25% en la ciudad”, afirma. Entonces, ese puente peatonal “representa un símbolo de inaccesibilidad en una ciudad que está llena de barreras urbanas”.

 

Un muchacho tratando cruzar en silla de ruedas el cruce por Tucumán. El cordón de la rampa, roto. Las fotos son de la actividad realizada en 3 de diciembre, en el marco del Día Internacional de las Personas con Discapacidad.Foto: Flavio Raina

 

Cruce seguro a nivel peatón

 

¿Y qué se propone ante los guarismos que arrojó la encuesta? Un cruce seguro a nivel peatón: “Este cruce, con señalética adecuada, demarcación de senda peatonal con pintura termoplástica, semaforización e iluminación de buena calidad, no puede costar, según nos dijeron desde la Municipalidad, más de un millón de pesos”, dice el joven referente.

 

Y compara: “Vimos una licitación de un puente peatonal (similar en características al de Av. Alem) en la localidad de Río Grande (Tierra del Fuego). A precios de diciembre de 2018, costaba $ 12 millones construirlo. Ese número, trasladado a precios de este año, se extiende a $ 20 millones en términos estimados. La diferencia es una barbaridad”, calculó. “Esto tiene relación con cómo se pensó la ciudad hace 10 años, y qué demandas hay hoy. Además, no contempló al Puerto integrado a la ciudad. De 10 años a la actualidad, hay una realidad muy diferente”, añade.

 

Cruzar por debajo, un riesgo latente

 

Y el riesgo vial al que se enfrentan los usuarios que no usan el puente y pasan por debajo, es decir, por la avenida, es muy alto. “Entonces, ¿cómo los peatones se exponen a semejante peligro?”. Para responder, Azcurrain cita la frase de la antropóloga urbana Ruth Perez López: “‘El peatón no es imprudente o irresponsable, sino que rechaza de forma instintiva la infraestructura poco adecuada a sus necesidades, y se adapta a un contexto difícil y restrictivo’”.

 

Además, aporta otro dato: “El tiempo de cruce por el puente daba dos minutos 44 segundos, contra un minuto 20 segundos cruzando por abajo. Si ahí hubiera una semaforización peatonal, se cruza en poco más de 20 segundos. El tiempo que se usa cruzando por arriba es el doble del tiempo que cruzando por abajo. Por eso —agrega— nos parece importante repensar esta situación, que creemos se soluciona creando un cruce seguro a nivel peatón. La antropología urbana habla de esto: de reflexionar sobre infraestructuras obsoletas y pasos accesibles para toda la ciudadanía”.

 

Es comprensible que se trata de una arteria compleja. La Av. Alem se conecta con 27 de febrero, y ésta con la circunvalación. Hay un flujo vehicular muy intenso. No obstante ello, Azcurrain cree que es posible establecer bajo ese “puente antipeatonal” un cruce seguro para los peatones. “Hablamos de una accesibilidad universal, donde el universo de personas con discapacidad y con movilidad hoy están excluidas”, concluye.

 

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