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Sábado 28.12.2019 - Última actualización - 8:24
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SIGUE ACTIVO A LOS 90 AÑOS

Clint Eastwood: el duro que se volvió reflexivo

El primer jueves del año 2020 llegará a los cines argentinos “El caso de Richard Jewell”, último trabajo del director de “Gran Torino”. Recordamos sus películas más trascendentes. 

 


Aunque siempre fue rudo y racista, una serie de acontecimientos hacen que Walt Kowalski deba replantear su sistema de creencias durante su vejez, en “Gran Torino”. Foto: Warner Bros.
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SIGUE ACTIVO A LOS 90 AÑOS Clint Eastwood: el duro que se volvió reflexivo El primer jueves del año 2020 llegará a los cines argentinos “El caso de Richard Jewell”, último trabajo del director de “Gran Torino”. Recordamos sus películas más trascendentes.    El primer jueves del año 2020 llegará a los cines argentinos “El caso de Richard Jewell”, último trabajo del director de “Gran Torino”. Recordamos sus películas más trascendentes.   

Hace un cuarto de siglo que Clint Eastwood dejó a un lado la rudeza de los personajes que lo hicieron famoso e incluso icónico como actor (el hombre “sin nombre” de los spaghetti western, Harry “el Sucio” Callahan en la saga que arrancó en 1971 y se extendió hasta bien entrados los ‘80) y se volvió más reflexivo. “Los imperdonables”, deconstrucción del mito del Lejano Oeste, marcó un quiebre y desde entonces los únicos personajes rudos que llegó a construir fueron más bien un intento por cuestionar estereotipos. 

 

 

Como director, Eastwood se convirtió, film tras film, en uno de los mejores custodios del legado de Don Siegel y Sergio Leone. Hoy es uno de los narradores más sabios de Hollywood. Sus historias tienen un aire narrativo clásico: buscan su propio ritmo y tratan de llegar al meollo sin trampas ni firuletes. Al mismo tiempo, Eastwood es un ejemplo de vida: con casi 90 años continúa filmando casi al mismo ritmo que hace 30. 

 

 

De hecho, el próximo 2 de enero estará en las salas de cine argentinas “El caso de Richard Jewell”, el último trabajo de Clint, que reconstruye la historia del guardia de seguridad que, en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, descubrió una mochila con explosivos y evitó una tragedia al evacuar el área. Primero se lo presentó como héroe, luego como el principal sospechoso. En las líneas que siguen, repasamos un puñado películas, las más significativas, de un director que tuvo escasas vacilaciones en casi medio siglo de labor. 

 

 

“La mula” (2018): Con simpleza y sobriedad, con el propósito de evitar grandilocuencias, Eastwood reflexiona sobre el paso del tiempo, casi con tanta precisión como lo hace Martin Scorsese en la última media hora de “El irlandés”. ¿Qué ocurre con las personas cuando la sociedad en la que viven ha decidido marginarlos por la edad? ¿Pueden tener una revancha, aunque sea mínima? A través de un octogenario solo y en quiebra que se convierte sin querer en un traficante de drogas, analiza estos puntos a través de un relato sólido, impregnado de sutil ironía.

 

 

“Gran Torino” (2008): Si Eastwood hubiera decidido cerrar su filmografía con este título, hubiese sido un corolario perfecto. Es que su personaje (el octogenario y gruñón Walt Kowalski, que vive obsesionado por su auto y por la llegada de inmigrantes asiáticos a su barrio) sintetiza a varios de los que el actor-director forjó durante su carrera, pero con una vuelta de tuerca que implica un cambio radical en la mirada. Las decisiones que tomamos no son gratuitas, tarde o temprano tendremos que hacernos cargo, parece decir el director. Pero siempre hay chance.

 

 

“Million Dollar Baby” (2004): Tal vez la película más perfecta de Eastwood después de “Los imperdonables”. Todo en ella funciona: el sentido de la historia, su ritmo pausado, el rodaje de las peleas. Eastwood demuestra su capacidad para desarrollar personajes que conectan emocionalmente con el espectador y su manejo de los códigos del melodrama. No son sino los detalles los que tornan a este film en clásico: el lemon pie, la sabiduría de Scrap (Morgan Freeman), la fortaleza de Maggie (Hillary Swank) y el mal carácter de Frankie Dunn (Eastwood). 

 

 

“Los puentes de Madison” (1995): Alejado de los estereotipos que supo construir, Eastwood se coloca en el papel de galán maduro y cuenta la historia de amor más bella y sensible de los ‘90: la que protagonizan un fotógrafo de National Geographic y un ama de casa que vive en un pequeño pueblo, algo hastiada por el rol que le han asignado en la vida familiar. Meryl Streep, quien sintoniza bien con el director y coprotagonista, realiza uno de sus mejores trabajos, en especial durante el antológico final.

 

 

“Los imperdonables” (1992): El Lejano Oeste desprovisto de glamour, villanos lujuriosos y héroes intachables. En su obra maestra, Eastwood coloca a los personajes “en el mismo lodo, todos manoseaos”, diría Discépolo. Él mismo se reserva el papel de un antiguo pistolero (que remite a sus personajes en las películas de Sergio Leone) que se ha convertido en granjero y se ve obligado a tomar nuevamente las armas para afrontar una mala racha económica. Y descubre que ya no le resulta tan fácil empuñar un arma y matar a un hombre.

 

Autor:

Juan Ignacio Novak


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