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Lunes 30.12.2019 - Última actualización - 14:23
14:19

Por Raúl Emilio Acosta

La cultura y el revólver

El peronismo propone y resuelve un ágora: la plaza y el 17 de octubre de 1945. “Las patas en la fuente” construyen una historia. <strong>Foto:</strong> Archivo El LitoralEl peronismo propone y resuelve un ágora: la plaza y el 17 de octubre de 1945. “Las patas en la fuente” construyen una historia.
Foto: Archivo El Litoral

Foto: Archivo El Litoral



Por Raúl Emilio Acosta La cultura y el revólver El peronismo propone y resuelve un ágora: la plaza y el 17 de octubre de 1945. “Las patas en la fuente” construyen una historia.

Por Raúl Emilio Acosta

 

Millán Astray es famoso por su frase “Muera la inteligencia. Viva la muerte”, que pronunció en la Universidad de Salamanca delante de don Miguel de Unamuno. José Millán-Astray y Terreros fue un militar español, fundador de la Legión y de Radio Nacional de España. Fue procurador en las Cortes franquistas entre 1943 y 1954. Ejem... Radio Nacional.

 

La frase “cada vez que oigo la palabra cultura, me dan ganas de sacar la pistola” es una frase rotunda. Es clara y dura y siempre se la atribuyen a Joseph Goebbels, ministro de Propaganda del Reich.
Arnold Toynbee habría sostenido: ...“todo lo que no es obra de Dios es obra de los hombres y eso es cultura”.

 

La Staatliche Bauhaus, o simplemente Bauhaus, fue la escuela de arquitectura, diseño, artesanía y arte fundada en 1919 por Walter Gropius en Weimar y cerrada por las autoridades prusianas en manos del Partido Nazi.

 

Los regímenes están enfrentados con “la cultura” en cuanto simboliza libertad.

 

André Malraux, militante de izquierda (Partido Comunista Francés), soldado en la Guerra Civil Española que fuera el primer ministro de Cultura de Charles De Gaulle dice: “Todo hombre se parece a su dolor”. “Toda situación presente tiene por lo menos un elemento positivo: hay que encontrarlo y utilizarlo”. “La tradición no se hereda, se conquista... Mi vida no está en el pasado; está delante de mí”. “A mi edad, no se viaja sin biblioteca”. “No creo en las morales sin psicología”.

 

Tiempos del peronismo son tiempos de: “Cultura icónica”. Vivimos dominados por el lenguaje icónico, el sistema de comunicación / representación de una realidad visual a través de las imágenes, ideas y propuestas, al cabo mensajes en sus elementos más evidentes: las formas, las texturas y los colores (parafraseando a Gillo Dorfles, “Comunicación y consumo”).

 

Un grupo de historiadores minimalistas franceses sostenían: “De Jesús todos recuerdan el acto/show: La Crucifixión, no sus razones y su texto. La leyenda amplía la certeza hasta volverla definitivamente real. Indudable”.

 

PERONISMO Y CULTURA

 

No debemos esquivar los hechos. Fundación Evita es un hecho cultural. Tejas rojas y paredes amarillas para todas las casitas, casas, hospitales que aún hoy se muestran en Argentina son hechos culturales.
La marcha peronista es un hecho cultural. Todo hecho cultural trasciende su espacio, su tiempo y reformula, altera, cambia la realidad conocida.

 

El peronismo propone y resuelve un ágora: la plaza y el 17 de octubre de 1945. Leónidas Lamborghini y su resumen: “las patas en la fuente” construyen una historia...

 

“Me detengo un momento/ En el país de los países/ de las maravillas/ la izquierda es la derecha/ lo blanco es negro. /Es éste el país equívoco del equívoco/ de los equívocos pregunté...” (Lamborghini).

 

Detengámonos: en Argentina todos entendemos a “El viejo Viscacha” (con “ese”) creyendo en su sabiduría del acomodo y la ventaja. El personaje es de un libro: El Martín Fierro.

 

En Rosario el peronismo como gobierno decidió un día, en la intersección del primer gobierno del Partido Militar (1966-1973) y segundo gobierno del Partido Militar (1976-1983), sobre el invierno de 1974 que los juegos del Parque de la Independencia fuesen gratuitos para todos los niños.

 

El mismo personaje decidió, también desde la franja cultural de un gobierno elegido por el voto popular, que Mercedes Sosa cantase en un estadio de fútbol, patrocinada por el Estado.

 

La reivindicación del radioteatro (Bienvenido León de Francia) y la re significación teatral, multiespacial, de una cantata popular sobre la explotación del capitalismo salvaje son parte de los hechos culturales que resolvió el peronismo. Resoluciones. Factos. No títulos. Sí hechos.

 

REVULSIÓN O MANSEDUMBRE

 

Todos los actos culturales definen una cuestión. Aceptar lo que está o proponer alteraciones. El arte altera. En Argentina la más importante alteración en la segunda mitad del siglo XX fue el Instituto Di Tella. Paralelo a la presencia aluvional del peronismo no se combatieron, hicieron sus propios aportes. Distintivos. Imposibles de esquivar. Digresión. La marcha Peronista y el Instituto Di Tella fueron combatidos, prohibidos, cerrados. Como la Bauhaus.

 

En cada hecho cultural que altera, que desafía a la sociedad ésta cambia, se “deconstruye” y resuelve una nueva construcción donde las alteraciones pesan, definen y lo dicho: provocan cambios. Identificar “Cultura” con lo obvio y programado es absolutismo camuflado.

 

No hay calificación honesta para un hecho cultural si este no propone un cambio, una ruptura. Hasta en los llamados clásicos de la música, puestos en pedestales, sus intérpretes entienden, anuncian que “ es una nueva mirada sobre...”. Si no altera es mercancía, no contribución. Negocio y quietud, no movimiento y esperanza.

 

El hecho cultural es una esperanza, una botella al mar, una propuesta que se escapa y no tiene mensura, ni límite, ni tamaño. El “Oh, que será” de Chico Buarque (Brasil, 1944) define en el amor lo que estamos hablando: “no tiene censura, no tiene tamaño, lo que no tiene juicio ni nunca tendrá...”.

 

SANTA FE Y LOS PALMERAS

 

Los temas musicales del Grupo “Los Palmeras” interrogan a la trascendencia de los hechos culturales, a la esperanza y la definición. El más importante y conocido es una alegoría fetichista a las nalgas femeninas, objeto de idealización y admiración.

 

El socialismo adoptó a Los Palmeras y rejuveneció a “La trova Rosarina” (1982). Son sus puntos más altos. Se hace necesaria una revisión de la tarea realizada.

 

El Monumento Nacional (convertido en el menemismo en Monumento Nacional y no recordatorio nacional) es un hecho cultural, como “el barquito” en la zona inmobiliaria más novedosa de Rosario. El Puente Colgante, claramente destruido y re construido lo son. Lo es El Laguito. La Isla de los Inventos. Nombres. Sitios. La Mandarina (y la Resistencia).

 

Cuánto de fantasía con estos nombres, cuánto de iconografía. Hasta qué punto los nombres definen más allá de su calidad de sujetos. De su espacio. El Puente Colgante se destruyó pero aún existe. El Monumento a la Bandera lleva cuatro años “en obra”, no importa y todos estos nombres y sitios remiten a un inconciente particular y colectivo.

 

No es difícil entender “las patas en la fuente” en cierto grupo social. Del mismo modo “Bombón asesino”. No son los mismos grupos sociales. Tal vez sí. Degradación o aceptación de lo que somos socialmente. Diferente es analizar qué hicimos con nuestra sociedad de cara a lo que viene después de homologar desde el Estado a “Bombón Asesino”.

 

Parados sobre el 2020 y su interrogante lo que hicimos con nuestras sociedades está en ése límite: sirvió / no sirvió. Fueron disparates, pujos sin sentido, fueron necesarios, qué hicimos culturalmente y de qué modo contribuimos a un desarrollo. En el Estado Provincial nada hay firme. No hay libro. No hay plan. No hay vademécum donde esto sea parte de una propuesta racional. En cierta forma aparenta displicente, casi onanista el trabajo realizado. Muy tradicional, poco atrevido, nada preparatorio de lo que llegó. Llegó el 2020.
Shoshana Zuboff nos pone fuera del mundo con las gestiones culturales fabricantes de títulos, íconos mínimos, reverencias a partes del cuerpo. La economista dice: “Pero en el Capitalismo de la Vigilancia se produce un giro oscuro e inesperado, pues reclama experiencias humanas privadas -que residen en nuestros cuerpos, en nuestras casas, en nuestras ciudades, en nuestra vida diaria- para convertirlas en datos de comportamiento e integrarlas al mercado”.

 

Algunos gestores culturales se prepararon para combatir (culturalmente) el revólver y no advirtieron que el asesino estaba en los algoritmos.

 

En viejas palabras. “Hemos perdido aún este crepúsculo”, decía Neruda. Nosotros estamos perdiendo aún el Siglo XXI.

 

No hay calificación honesta para un hecho cultural si este no propone un cambio, una ruptura. Si no altera es mercancía, no contribución. Negocio y quietud, no movimiento y esperanza.

Algunos gestores culturales se prepararon para combatir (culturalmente) el revólver y no advirtieron que el asesino estaba en los algoritmos.




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