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Domingo 19.01.2020 - Última actualización - 16:49
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Columna de Neurociencias (por Dr. Hugo Valderrama)

"No me alcanzaron las vacaciones para poder desenchufarme"

 Crédito: Archivo El Litoral
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Columna de Neurociencias (por Dr. Hugo Valderrama) "No me alcanzaron las vacaciones para poder desenchufarme"

Dr. Hugo D. Valderrama (*)

 

La ansiedad demora en frenar como un tren. Uno espera que sea como un auto que puede hacerlo en poco tiempo, pero depende la carga de ansiedad que transporte, puede demorar meses. Las neuronas que han creado conexiones en el lóbulo frontal del cerebro, para mantener un excesivo nivel de alerta y realizar un trabajo ejecutivo continuó de forma prolonga, tardarán en reconfigurarse.

 

“Doctor, ¿por qué sigo estresado si ya solucioné el problema hace dos meses?”, es una pregunta de consultorio frecuente, cuando la persona aún habiendo dejado atrás el factor clave estresante, continúa con todos los síntomas. Cuando se suma una preocupación desmedida y una incapacidad para controlarla por más de seis meses, se denomina “trastorno de ansiedad generalizado crónico”.

 

Esos síntomas se sienten del cuello hacia arriba, pero también del cuello hacia abajo. Opresión sobre la nuca y la cabeza, insomnio, falta de concentración, cambios en el humor, falta o exceso de apetito, gastritis, colon irritable, son algunos de los cuales pueden desencadenarse y mantenerse a partir de sufrir ansiedad prolongada.

 

Pero no solamente el tiempo que duran las vacaciones es un factor interviniente, también el destino. La diferencia entre ansiedad, miedo y pánico, es la cercanía a las amenazas. Siguiendo con la metáfora, si se parte con un tren cargado ansiedad y se tiene como destino un turismo con vías de montaña rusa, es probable que descarrile. La intensidad del viaje, el desconocimiento en el lugar elegido, la velocidad y las exigencias para recorrerlo, pueden hacer que el viaje sea directo hacia más amenazas.

 

Muchas veces la dopamina que genera placer en el cerebro, liberada al conocer y vivir situaciones nuevas encantadoras, solapa la adrenalina que genera el turismo con una vorágine desmesurada. De regreso a la vida cotidiana, esa adrenalina continúa y la dopamina disminuye, predominando neurotransmisores del estrés que en realidad nunca disminuyeron, y que inclusive pudieron incrementarse. “Necesitar tomarse vacaciones de las vacaciones”, termina siendo una nueva necesidad.

 

Otro factor —y el más importante— puede ser el fuerte contraste que se da entre unas vacaciones que sí resultaron relajantes con respecto al resto de los días del año. La mayoría de las veces la clave no es alejarse de las exigencias o desafíos, sino estar siempre en forma para enfrentarlos. Los hábitos saludables para el cerebro y el cuerpo que los transporta, deben ser mantenidos para no sentir siempre la necesidad de “escaparse”. Actividad social recreativa sana y frecuente, ejercicio físico aeróbico veinte minutos todos los días, dedicar tiempo para dormir y una alimentación saludable, son algunos de los hábitos que aportan calidad de vida todo el año.

 

(*) Médico neurólogo. Máster en Neurociencias (Mat. 5010)

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